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Ante la concertación


CONSIDERO importante aclarar, una vez más, por qué nuestro partido Unión Patriótica ha puesto distancia de la convocatoria a la Concertación Nacional, decisión adoptada por la Comisión Política a fines del año pasado. Esta no es una decisión antojadiza, sino institucionalmente adoptada, habida cuenta la trascendencia del tema y de la importancia que al mismo le damos.
Todo comenzó cuando a mediados del año pasado, el resultado del referéndum sobre la ampliación del Canal era incierto y así se veían las encuestas. Más que dudas sobre el proyecto en sí, era masiva la exigencia ciudadana respecto a cómo se invertirían los recursos del Canal, de ahora en adelante; que efectivamente se sintieran a lo largo y ancho del país. Varios sectores, políticos y cívicos, apuntaron hacia la formulación de un Plan Nacional de Desarrollo, idea que fue rechazada por el presidente Torrijos, argumentando que él ya tenía un plan que había sido la plataforma de su campaña y que no veía la necesidad de pensar entre todos ninguno otro. La exigencia fue en aumento y, ante la necesidad de lograr la aprobación del proyecto canalero, como en efecto se hizo, el presidente Torrijos convoca, sin más ni más, a la Cancillería, a todos los sectores para decir allí que se iba a concertar un Plan Nacional de Desarrollo y que el PNUD se encargaría de la mecánica.
A los pocos días, en reunión con altos ejecutivos del PNUD, realizo que la convocatoria presidencial carecía de las más elementales herramientas para iniciar coherentemente, es decir, no había una agenda ni un marco de referencia idóneo para semejante aventura. Con gran responsabilidad, sin condiciones de ninguna naturaleza, asistimos al acto antes dicho y hemos, en el tiempo, aportado nuestras ideas al PNUD en procura de un proyecto realista y no la elaboración de un documento más, sin seguimiento ni logros. Hemos sido enfáticos en la importancia de que sean los partidos políticos las instituciones idóneas para armar esa agenda de temas, por la única y sencilla razón de que sólo los partidos son los llamados a gobernar en una democracia.
Poco o nada se hizo durante los meses previos al referéndum. Después del mismo, hacia finales del año pasado, se reactivó relativamente el tema; pero también surgieron otros acontecimientos que hicieron variar muchas de las intenciones que de buena fe motivaron a nuestro partido a seguir valorando con el mismo interés la iniciativa gubernamental.
El final del 2006 se distinguió en la esfera política por muchas cosas. Entre otras, es importante destacar, el nombramiento de un magistrado del Tribunal Electoral por parte del Ejecutivo, posterior al que nombró la Corte Suprema y la Asamblea Nacional, con todo lo que ambos nombramientos significaron. La oferta hecha a y rechazada por la oposición política de sugerir nosotros nombres para esa magistratura a cambio de apoyar un paquete de leyes -absurdas unas y desconocidas otras- que pretendían pasar a toda velocidad antes de año nuevo, fue el detonante que provocó el replanteamiento de nuestra participación en la aún no iniciada concertación.
El desconocimiento que la bancada PRD hizo a los acuerdos logrados por los partidos y la sociedad civil en torno al proyecto de reformas electorales, que tomó 14 meses, fue imperdonable. Se burlaron de todo lo acordado y aprobaron lo que les dio la gana, manteniendo todas las distorsiones de la ley electoral anterior que, precisamente, atentan contra el concepto de democracia representativa en el parlamento, entre otras cosas. De todo esto personalmente le informé al PNUD en reunión en la que me acompañó el Secretario General del partido.
A finales del año pasado, de manera institucional, la comisión política del partido se reunió para hacer las evaluaciones propias de fin de año y este tema fue el plato fuerte. Este órgano del partido, luego de más de cuatro horas de deliberaciones, plantea su posición en el sentido de que, apoyaremos una concertación nacional, en el momento en que el Gobierno dé muestras claras de que los compromisos que de allí surjan, serán respetados. No nos oponemos a la concertación, simplemente, no deseamos avalar con nuestra presencia un ejercicio estéril que produzca más desencanto en una población frustrada que poco cree ya en nada ni en nadie. Esto también se lo he transmitido al PNUD y lo ampliaré, junto a los otros presidentes de partidos de oposición, en una próxima reunión convocada por ellos.
No se trata, como se viene diciendo, que como partido no nos interesa el futuro de la Nación o que como "chistosamente" dijo el presidente Torrijos, deseamos ser oposición para siempre. Se trata, simplemente, de ser coherentes con lo que decimos y procurar lograr, como creo lo hemos hecho, frenar una intención del gobierno de entretener a todo un país una vez más alrededor de una mesa de concertación, para luego engavetar lo dicho y desconocer importantes acuerdos ciudadanos.
El manejo que se le dé a la discusión de las reformas a la Ley Penal y al Código de Procedimiento Penal será fundamental. Si se aprueban con la aplanadora oficialista, al margen de las serias y profundas objeciones planteadas por importantes sectores del gremio de abogados y por la propia Procuradora de la Nación, será otra muestra más de lo poco que le importa al gobierno con la opinión pública. Entonces podremos ver y analizar si hay o no espíritu para la concertación nacional.
La labor política, cuando se desea hacer con responsabilidad, usualmente es mal entendida. Tener paradas firmes para hacer valer criterios de fondo se toma a veces como intransigencia y en otras, de manera más alegre y sin conocimiento de causa, como posturas politiqueras, sin saber en realidad el fondo de muchas cosas que tenemos que atender y decidir los que estamos a diario al frente de la actividad política con responsabilidad y sentido de país.
Me siento muy complacido de la postura de nuestro partido porque hemos contribuido, espero, a crear un poco de conciencia en torno a este importante momento. Nos interesa y nos preocupa el destino nacional, por supuesto que sí. Pero de allí a servir de tontos útiles es otra cosa.
Confío-y esto es algo personal-que el Gobierno entienda de lo que se trata todo esto, y dé muestras de garantía y de confianza al país de que cumplirá con esos importantes acuerdos sobre temas puntuales e impostergables para el futuro coherente de nuestra nación. Demasiado hay que construir para seguir jugando al poder sobre la base del ensayo, del error y de la improvisación. Así entiendo yo la labor opositora.
(*) Presidente del Partido Unión Patriótica.

101 años de Panamá América

 
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