Ante la ola de desastres naturales
HACE MUY pocas décadas el hombre comenzó a tomar conciencia de las repercusiones de su acción sobre la Naturaleza, de los cambios provocados por la contaminación y de la amenaza que a la larga representan para la supervivencia de la especie humana.
Pero ante los recientes acontecimientos en Asia, las muertes por deslaves de cerros en California, los incendios y olas de calor en Australia, los sismos que sacudieron esta semana Grecia, Turquía, Irán, América Central, además de la sequía en Brasil y las inundaciones en Costa Rica y Panamá, lo que se ha avanzado en materia ambiental resulta insignificante.
Los especialistas afirman que estamos ante un cambio climático en el planeta y agregan que lo grave es que aún muchas naciones se resisten a preocuparse por el ambiente. Pero como lo dijera, ya hace años, Isaac Asimov, "las peores noticias sobre lo que le está sucediendo a nuestro mundo son, en realidad, sobre las cosas que van a suceder". Y están sucediendo.
Tras las intensas lluvias y el desborde de ríos en varias zonas del país, especialmente en la provincia de Bocas del Toro y Chiriquí, que dejaron el pasado fin de semana tres muertos y unos 10 mil damnificados, miles de ellos viviendo hoy en albergues temporales, el gobierno tuvo que decretar estado de emergencia nacional para enfrentar la ira de la naturaleza. Mientras tanto, los damnificados de Prados del Este, víctimas de un mal manejo urbanístico y de las inundaciones, tras su forzada evacuación, aguardan aún por sus nuevas viviendas.
No se trata aquí de ser pesimista o de querer transmitir un mensaje desalentador, sino de advertir al gobierno nacional que además de reaccionar con redes de ayuda, centros de acopio y auxilio rápido a los damnificados, si bien acciones necesarias, Panamá no debe postergar acciones a largo plazo, permanentes e integrales.
Decisiones que impone el crecimiento desmesurado de la población, los estragos causados por el mundo desarrollado en el medio ambiente, y, sobre todo, los peligros que significan la falta de previsión y la débil respuesta ante los desastres naturales y que ha creado la alarma entre los ambientalistas. En consecuencia, es impostergable la necesidad de un reordenamiento institucional de los organismos encargados de las acciones a largo plazo para identificar y prevenir problemas naturales.
(teranjm@sinfo.net)
Pero ante los recientes acontecimientos en Asia, las muertes por deslaves de cerros en California, los incendios y olas de calor en Australia, los sismos que sacudieron esta semana Grecia, Turquía, Irán, América Central, además de la sequía en Brasil y las inundaciones en Costa Rica y Panamá, lo que se ha avanzado en materia ambiental resulta insignificante.
Los especialistas afirman que estamos ante un cambio climático en el planeta y agregan que lo grave es que aún muchas naciones se resisten a preocuparse por el ambiente. Pero como lo dijera, ya hace años, Isaac Asimov, "las peores noticias sobre lo que le está sucediendo a nuestro mundo son, en realidad, sobre las cosas que van a suceder". Y están sucediendo.
Tras las intensas lluvias y el desborde de ríos en varias zonas del país, especialmente en la provincia de Bocas del Toro y Chiriquí, que dejaron el pasado fin de semana tres muertos y unos 10 mil damnificados, miles de ellos viviendo hoy en albergues temporales, el gobierno tuvo que decretar estado de emergencia nacional para enfrentar la ira de la naturaleza. Mientras tanto, los damnificados de Prados del Este, víctimas de un mal manejo urbanístico y de las inundaciones, tras su forzada evacuación, aguardan aún por sus nuevas viviendas.
No se trata aquí de ser pesimista o de querer transmitir un mensaje desalentador, sino de advertir al gobierno nacional que además de reaccionar con redes de ayuda, centros de acopio y auxilio rápido a los damnificados, si bien acciones necesarias, Panamá no debe postergar acciones a largo plazo, permanentes e integrales.
Decisiones que impone el crecimiento desmesurado de la población, los estragos causados por el mundo desarrollado en el medio ambiente, y, sobre todo, los peligros que significan la falta de previsión y la débil respuesta ante los desastres naturales y que ha creado la alarma entre los ambientalistas. En consecuencia, es impostergable la necesidad de un reordenamiento institucional de los organismos encargados de las acciones a largo plazo para identificar y prevenir problemas naturales.
(teranjm@sinfo.net)