Ante las reformas
INICIO POR establecer que no me referiré a las reformas fiscales propuestas y publicadas el 13 de enero, a través de un análisis detallado. De buena información conozco que ese documento publicado ha variado, por lo que en esta fecha, no conozco el contenido real de las mismas.
La expectativa que se creó alrededor de las reformas fue inmensa. La reacción nacional, luego de conocer el texto, fue igual, pero en contra. Cierto es que el tema no es de agrado general. El pagar impuesto, para aquellos que lo pagamos, no es algo popular, pero hay que hacerlo. Pero de allí a aceptar que se nos modifique la forma de hacer negocios y el esquema fiscal que ha servido de gran ventaja comparativa al país por décadas, sin opinar y advertir el desacierto que representa, es irresponsable.
Como representante del Partido Solidaridad atendí una invitación que nos hiciera la semana pasada el presidente Torrijos, junto a otros partidos de la Coordinadora Nacional de Oposición, para hablar de las reformas. Agradezco la invitación ya que es la primera que un gobierno hace a la oposición para discutir y analizar un tema de impacto nacional delicado, en los últimos años. En esa primera reunión no pudimos opinar del tema, ya que fue ese mismo día cuando se conocieron y no la habíamos estudiado a fondo. La reunión sirvió de marco para plantearle al mandatario, eso sí, nuestra preocupación por lo apurado que parecía el proceso de consulta y lo importante que es, tanto para el gobierno como para el país, que este tema no fuera objeto de "madrugonazos". De esa reunión salió el compromiso de volver a vernos, lo cual sucedió el lunes 17 de enero, para poder transmitir nuestro criterio como partidos de oposición, lo cual hicimos, luego de haber sometido la propuesta publicada, cada quien, al análisis de los grupos técnicos de cada agrupación. La conclusión a la que se llegó, luego de un responsable análisis, fue rechazar las reformas.
El análisis realizado al documento plantea posiciones fundamentales que lo califican como inadecuado. El primero, y a mi juicio el más importante, es que la propuesta de reforma no responde a un Plan Nacional de Desarrollo del país. Es decir, en la visión integral del desarrollo nacional, esta propuesta debió ser un eslabón de esa cadena. Ese gran proyecto de nación, diseñado entre todos, aún no existe. El segundo es que la propuesta responde a solucionar un problema de déficit, heredado por el gobierno producto del desorden generalizado que fue la administración anterior, entre otros problemas de viejo arrastre. No sentimos que la reforma plantea un escenario para propiciar el desarrollo, sino para cobrar, ya, más dinero y punto. El tercer factor es que la misma cambia abruptamente la manera de hacer negocios en el país y, peor aún, distorsiona, en detrimento del contribuyente, la manera lógica de tributar, que es en base a la renta neta, y no en base al ingreso bruto. Es el cambio del modelo económico, me reconoció mi amigo de siempre Marco Fernández públicamente. El cuarto aspecto es que modifica el tradicional esquema de tributación territorial que ha prevalecido por décadas en el país y que nos ha representado una real ventaja comparativa que ha sido la base sólida de la economía de servicios que tenemos y que genera miles de empleos bien remunerados, además de cuantiosos y millonarios ingresos al fisco.
En adición a estos cuatro aspectos que yo juzgo como fundamentales, la reforma golpea de manera directa al sector profesional y a la clase media, al representar la tributación de los gastos de representación una disminución de inmediato de su ingreso familiar o personal, con el efecto negativo que esto representa para la economía ya que algún recorte en el gasto deberán hacer para balancear su presupuesto. Sin la reforma, ese gasto debería tributar como renta gravable al final de cada año fiscal, ya que quien lo gana no califica para renta exenta en términos generales. Este mismo sector se verá igualmente afectado con la disminución de los intereses preferenciales respecto del valor de sus viviendas, disminuyendo así la posibilidad de que puedan adquirir viviendas decorosas, que no es lo mismo que viviendas de lujo. Para el sector construcción el efecto no será nada positivo, cuando esta legislación ha probado durante años haber sido un factor de reactivación económica y de generación de empleos constante.
Estuve en la Cámara de Comercio en la reunión con el ministro Vásquez y pude constatar el nivel de preocupación general que existe, aún de parte de conspicuos miembros y allegados al gobierno y a palacio. Calladitos estaban. Reconozco que el presidente Torrijos ha dado más tiempo que el que primeramente estaba establecido para llevar las reformas a Gabinete en procura de lograr un mejor documento, tal y como él nos lo manifestó en la reunión del lunes. Eso es positivo, siempre que se haya escuchado y tomado nota de cambios importantes.
El tiempo en la Comisión de Hacienda debe ser amplio y no un diálogo entre sordos. No se trata de imponer porque se tiene mayoría. Se trata de legislar sin causar daños irreparables a importantes sectores de la economía. El compromiso definido sobre el control y reducción real del gasto público, del cual poco o nada habla la reforma, debe ser aclarado por el gobierno.
Por último y no menos importante, es la defensa del proyecto sobre argumentos politiqueros, por algunos personeros sin credibilidad ni experiencia de ningún tipo en la materia, usando como referencia el argumento de que esta reforma busca sacar dinero a los ricos para beneficio de los pobres. Ver a varios de los defensores de Noriega y sus desmanes, defendiendo y ponderando lo "bueno" de las reformas, no transmite seriedad, por decir lo menos. Son como actores sin taquilla. Decir eso es fomentar una peligrosa lucha de clases que jamás hemos vivido, aún en los peores tiempos. Eso debe ser rechazado por falaz y peligroso.
Noté al presidente Torrijos, lo digo con sinceridad, preocupado y reflexivo, aunque decidido, lo cual también entiendo ya que su trabajo es gobernar y esta reforma es de su sola responsabilidad. Espero que prevalezca el buen criterio y que no tengamos luego que retroceder sobre errores cometidos cuando el daño ya esté hecho. El país venía en recuperación desde finales de año. Este tema y el de la CSS después, creo que incidirán negativamente en ese crecimiento tan deseado como necesitado. De todos modos, esperemos que prevalezca la sensatez y no el avance a contra vía de todo un país.
La expectativa que se creó alrededor de las reformas fue inmensa. La reacción nacional, luego de conocer el texto, fue igual, pero en contra. Cierto es que el tema no es de agrado general. El pagar impuesto, para aquellos que lo pagamos, no es algo popular, pero hay que hacerlo. Pero de allí a aceptar que se nos modifique la forma de hacer negocios y el esquema fiscal que ha servido de gran ventaja comparativa al país por décadas, sin opinar y advertir el desacierto que representa, es irresponsable.
Como representante del Partido Solidaridad atendí una invitación que nos hiciera la semana pasada el presidente Torrijos, junto a otros partidos de la Coordinadora Nacional de Oposición, para hablar de las reformas. Agradezco la invitación ya que es la primera que un gobierno hace a la oposición para discutir y analizar un tema de impacto nacional delicado, en los últimos años. En esa primera reunión no pudimos opinar del tema, ya que fue ese mismo día cuando se conocieron y no la habíamos estudiado a fondo. La reunión sirvió de marco para plantearle al mandatario, eso sí, nuestra preocupación por lo apurado que parecía el proceso de consulta y lo importante que es, tanto para el gobierno como para el país, que este tema no fuera objeto de "madrugonazos". De esa reunión salió el compromiso de volver a vernos, lo cual sucedió el lunes 17 de enero, para poder transmitir nuestro criterio como partidos de oposición, lo cual hicimos, luego de haber sometido la propuesta publicada, cada quien, al análisis de los grupos técnicos de cada agrupación. La conclusión a la que se llegó, luego de un responsable análisis, fue rechazar las reformas.
El análisis realizado al documento plantea posiciones fundamentales que lo califican como inadecuado. El primero, y a mi juicio el más importante, es que la propuesta de reforma no responde a un Plan Nacional de Desarrollo del país. Es decir, en la visión integral del desarrollo nacional, esta propuesta debió ser un eslabón de esa cadena. Ese gran proyecto de nación, diseñado entre todos, aún no existe. El segundo es que la propuesta responde a solucionar un problema de déficit, heredado por el gobierno producto del desorden generalizado que fue la administración anterior, entre otros problemas de viejo arrastre. No sentimos que la reforma plantea un escenario para propiciar el desarrollo, sino para cobrar, ya, más dinero y punto. El tercer factor es que la misma cambia abruptamente la manera de hacer negocios en el país y, peor aún, distorsiona, en detrimento del contribuyente, la manera lógica de tributar, que es en base a la renta neta, y no en base al ingreso bruto. Es el cambio del modelo económico, me reconoció mi amigo de siempre Marco Fernández públicamente. El cuarto aspecto es que modifica el tradicional esquema de tributación territorial que ha prevalecido por décadas en el país y que nos ha representado una real ventaja comparativa que ha sido la base sólida de la economía de servicios que tenemos y que genera miles de empleos bien remunerados, además de cuantiosos y millonarios ingresos al fisco.
En adición a estos cuatro aspectos que yo juzgo como fundamentales, la reforma golpea de manera directa al sector profesional y a la clase media, al representar la tributación de los gastos de representación una disminución de inmediato de su ingreso familiar o personal, con el efecto negativo que esto representa para la economía ya que algún recorte en el gasto deberán hacer para balancear su presupuesto. Sin la reforma, ese gasto debería tributar como renta gravable al final de cada año fiscal, ya que quien lo gana no califica para renta exenta en términos generales. Este mismo sector se verá igualmente afectado con la disminución de los intereses preferenciales respecto del valor de sus viviendas, disminuyendo así la posibilidad de que puedan adquirir viviendas decorosas, que no es lo mismo que viviendas de lujo. Para el sector construcción el efecto no será nada positivo, cuando esta legislación ha probado durante años haber sido un factor de reactivación económica y de generación de empleos constante.
Estuve en la Cámara de Comercio en la reunión con el ministro Vásquez y pude constatar el nivel de preocupación general que existe, aún de parte de conspicuos miembros y allegados al gobierno y a palacio. Calladitos estaban. Reconozco que el presidente Torrijos ha dado más tiempo que el que primeramente estaba establecido para llevar las reformas a Gabinete en procura de lograr un mejor documento, tal y como él nos lo manifestó en la reunión del lunes. Eso es positivo, siempre que se haya escuchado y tomado nota de cambios importantes.
El tiempo en la Comisión de Hacienda debe ser amplio y no un diálogo entre sordos. No se trata de imponer porque se tiene mayoría. Se trata de legislar sin causar daños irreparables a importantes sectores de la economía. El compromiso definido sobre el control y reducción real del gasto público, del cual poco o nada habla la reforma, debe ser aclarado por el gobierno.
Por último y no menos importante, es la defensa del proyecto sobre argumentos politiqueros, por algunos personeros sin credibilidad ni experiencia de ningún tipo en la materia, usando como referencia el argumento de que esta reforma busca sacar dinero a los ricos para beneficio de los pobres. Ver a varios de los defensores de Noriega y sus desmanes, defendiendo y ponderando lo "bueno" de las reformas, no transmite seriedad, por decir lo menos. Son como actores sin taquilla. Decir eso es fomentar una peligrosa lucha de clases que jamás hemos vivido, aún en los peores tiempos. Eso debe ser rechazado por falaz y peligroso.
Noté al presidente Torrijos, lo digo con sinceridad, preocupado y reflexivo, aunque decidido, lo cual también entiendo ya que su trabajo es gobernar y esta reforma es de su sola responsabilidad. Espero que prevalezca el buen criterio y que no tengamos luego que retroceder sobre errores cometidos cuando el daño ya esté hecho. El país venía en recuperación desde finales de año. Este tema y el de la CSS después, creo que incidirán negativamente en ese crecimiento tan deseado como necesitado. De todos modos, esperemos que prevalezca la sensatez y no el avance a contra vía de todo un país.