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Ante todo, dignidad


No hay duda que el PRD está haciendo lo imposible por desviar la atención pública de los macabros hallazgos de Los Pumas. Con ese propósito han tratado de realzar toda clase de temas, desde el uso del Fondo Fiduciario para el Desarrollo (FFD) hasta la limpieza de los polígonos de tiro contaminados por el ejército gringo. Estoy de acuerdo con que asuman una actitud más beligerante ante lo que ellos consideran la inacción o ineptitud del gobierno.
Sin embargo, deben practicar la coherencia que le exigen a los arnulfistas. Un día la presidenta del PRD dice oponerse a la Comisión de la Verdad y semana y media después, el Secretario General manifiesta estar de acuerdo con la creación de esta Comisión. Estos son ejemplos de lo que he llamado inocentadas e incoherencias.
Con motivo de la inauguración del nuevo presidente del coloso, me parece importante reiterar hechos que no deben pasar desapercibidos mientras trabajamos para establecer unas relaciones firmes, coherentes y dignas con Estados Unidos.
Debemos partir del hecho de que la administración perredista anterior muy poco hizo con relación a la limpieza de los polígonos. Ella misma se creó obstáculos insalvables, pues se concentró en ofrecer una extensión de las bases militares norteñas en nuestro suelo, primero, y luego un nunca bien recordado CMA.
Además, mi opinión fue y es que las anteriores posiciones no se reconciliaban con la dignidad de nuestra patria. Insisto, la dignidad debe ser la base de la conducción de nuestras relaciones exteriores.
Los hechos que anteceden al nuevo gobierno de George W. Bush no son los más auspiciosos. Sus promesas de prestar mayor atención a Latinoamérica y de aplicar un conservadurismo compasivo, son lo único positivo. Creo que la relación especial que supuestamente existió entre nuestros dos países cesó con nuestra recuperación de nuestro canal y la retirada de los militares gringos de nuestra tierra.
Todo indica que la "atención" amistosa que nos prodigarán será igual que a Honduras o Belice. Esto después de habernos usado al máximo, parece que siempre, con la benevolencia que a ellos le vino en gana.
No pretendo prejuzgar, ni mucho menos dañar, las acciones y actitudes que desarrollará la nueva administración norteña respecto a Panamá. Pero nada malo veo en poner las cartas sobre la mesa.
Reitero, el saneamiento de las zonas que contaminaron los militares gringos en Panamá tiene como plazo la perpetuidad. Así lo exige nuestra dignidad. No importa que nuestro tamaño y debilidad lleven al coloso a despreciarnos. Nuestra dignidad prevalecerá. Ya hemos dado muestras históricas de ello.
Precisamente, debido al pragmatismo que nos impone nuestra pequeñez, es imprescindible que los panameños nos unamos en un solo haz de voluntades cuando se trata de decir presente en defensa de los derechos panameños, valga la redundancia, de nuestra dignidad. Por consiguiente, todos los panameños deberemos estar vigilantes de todo aquello que signifique desunión o erosión de las metas de nuestra nación.
La seriedad, imparcialidad y justicia con que manejemos el hallazgo de osamentas en Tocumen tendrá gran incidencia en la evaluación de nuestra dignidad en todo. De igual forma, deben cesar las inocentadas e incoherencias por parte de todos los panameños, de todos los sectores.
Después de una larga narcodictadura, una invasión, la recuperación de nuestro canal, y muchas cosas más, lo menos que podemos hacer es fortalecer al máximo nuestra unidad, en dignidad. Panamá es inmortal.

101 años de Panamá América

 
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