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Antipolítica


De vez en cuando y de cuando en vez, dependiendo del tema y contenido, traemos a la consideración de los lectores artículos de libres pensadores que, según nuestra opinión, pudieran ser sus planteamientos de interés, porque evidencian situaciones de actualidad para la ciudadanía. En esta oportunidad haremos lo propio con relación a un artículo recientemente publicado en el diario La Jornada de México y que trata sobre la política.
Pero antes, queremos reseñar que mucho es lo que de la política se ha dicho. Hay quienes han manifestado que "la política es el arte de impedir a la gente inmiscuirse en lo que le compete; otros que "la política es el arte de llegar por cualquier medio a un objetivo del que uno no se vanagloria"; también quienes opinan que "la política es una guerra sin derramamiento de sangre, y la guerra una política sangrienta" y finalmente, los que afirman que "la buena política es hacer creer a los pueblos que son libres" y que "la política tiene su origen en la perversidad, más que en la grandeza del espíritu humano.
Se refiere, entonces, el aludido prosista a la política en los siguientes términos: "la política dejó de ser lo que era: la política ya no se entiende, ya no se practica, ya no se construye ni define con los mismos fines ni bajo las mismas reglas que antes.
Estas y los que la practican han cambiado al ritmo de las sociedades actuales. Hace tiempo que lo político empezó a ser algo cada vez más amplio y general, pero la política se volvió cada vez más un asunto de profesionales, de los políticos."
"El origen de la palabra perdió fuerza sobre el significado: el politikós, es decir, todo aquello que concernía a la ciudad, a lo civil, a lo público, a lo social, a la polis, adoptó formas y contenidos contrarios, en varios sentidos, a esta definición original de la política como una tarea de y para los ciudadanos."
"La política, no obstante, sigue siendo poder, pero sus fines, alcances e intereses han cambiado. En su Política -que es considerado el primer tratado sobre "las cosas de la ciudad"-, Aristóteles afirma que "el fin de la política no es el vivir, sino el vivir bien". La actividad política cobra así una dimensión que aún no pierde ni debe hacerlo: aparece como un instrumento -arte o ciencia- al servicio de la sociedad, para alcanzar, siguiendo de nuevo a Aristóteles, "la vida buena para la polis".
"Sin embargo, con excesiva frecuencia la política aparece no como un instrumento para la vida buena de la polis, sino para la permanencia y reproducción de intereses que, en ocasiones, tienen muy poco que ver con ese propósito." "En el mundo de las sociedades informadas, la política se ve reducida muchas veces a la disputa por el poder, por conquistar posiciones y cargos. Algunos confunden el poder con los símbolos del poder, y entonces, la lucha no tiene que ver con proyectos y sueños, sino con la consecución o preservación de canonjías y privilegios."
"Sigue siendo poder, pero no es el mismo, como advierte un atento observador, Alain Touraine: "El poder solía estar en manos de los príncipes, las oligarquías y las elites dirigentes; se definía como la capacidad de imponer la voluntad propia sobre los otros para modificar su conducta. Esta imagen ya no se adecua a nuestra realidad. El poder está en todas partes y en ninguna, en la producción en serie, en los flujos financieros, en los modos de vida, en el hospital, en la escuela, en la televisión, en las imágenes, en los mensajes, en las tecnologías".
"Dispersos, pero acotados, en todas partes y en ninguna, en muchas manos, pero no necesariamente en las mejores, el poder y la política se convierten muchas veces en un asunto de capillas, domésticos y, en esa medida, de plazos cortos y miras bajas."
"Hoy se disputa como nunca el poder, conviene recordar que la política no es sólo eso: lucha, competencia por espacios de poder; que la política no es un monopolio de los partidos ni el privilegio de unos cuantos profesionales de la política, que no se compite por espacios de poder, sino por esferas de responsabilidad."
"Antes como ahora, a la política la siguen calificando sus fines, sus contribuciones para el vivir bien de la sociedad, su capacidad para involucrar a los habitantes de la polis y mejorar su vida."
"En uno u otro sentidos, como disputa de poder o como interés por la polis, la política debe seguir siendo el instrumento privilegiado para zanjar diferencias y enmendar desigualdades, para recomponer el tejido social y no para dividir a la sociedad." "En uno u otro sentidos, entre los profesionales de la política, e incluso entre los propios partidos, quienes más se acerquen al sentido original de la política -como un medio para la acción social y no como un fin interesado-, quienes cultiven la política como la oportunidad de servir a la sociedad y de comprometerse con el bienestar de la mayoría, tendrán los mejores argumentos y las mayores posibilidades en esa otra esfera de la política: la competencia por la responsabilidad de contribuir al bienestar de la sociedad." Hasta aquí el contenido íntegro del artículo aparecido en la Jornada.
Resulta evidente que el ejercicio de la política, los seres dedicados a ellas, no todos, por supuesto, pero sí una mayoría, lo han hecho de tal modo que la han ido desprestigiando, hasta alcanzar un grado de menosprecio y descrédito que no sólo asombran, sino que también dan lástima. Pero uno de los cómplices de que todo ello ocurra es la ciudadanía en general, gracias a su permisividad. Ahora vemos a muchos renegar a la política y calificarla denigrantemente con toda clase de epítetos, sin percatarse que ella no es más que el reflejo de lo que hemos sido y somos en la actualidad. La sociedad es directamente responsable de la política que se practica y por ello, más que reprochar debemos participar y rectificar. No participar significa dejar libre el campo a quienes la han degenerado, es avalar la presente situación.

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