Anwar, el guerrero suicida
Anwar tiene 11 años y vive en Afganistán. Es veterano de seis batallas. En la última batalla, disparó a quemarropa contra dos soldados. Cuando se le pidió que expresará lo que sentía, pareció extrañarle la pregunta: "Me alegro matarlos", dijo. Esta escalofriante respuesta revela la confusión de un niño en aceptar su pasado. Durante los últimos 25 años, miles de niños y jóvenes menores de 16 años, en 25 países se habrán incorporado a la lucha armada.
Está comprobado que un niño armado puede competir con un adulto en igualdad de condiciones. Aparte de empuñar fusiles de asalto, tienen otra ventaja: no reclaman salarios y raras veces desertan. Además, están ansiosos por complacer a sus mayores. No tienen miedo. En este aspecto, cabe mencionar que durante una batalla en el Medio Oriente, se les ordenó a un grupo de niños que abrieran caminos a través de campos minados. Otros se incorporan al ejército o movimientos rebeldes en busca de aventura. Si provienen de hogares desintegrados, una unidad militar les ofrece cierto sentido de seguridad y llega a constituir una especie de familia adoptiva. Su sentido del bien y el mal está eclipsado por el deseo de ser aceptado por cualquier grupo de liberación o guerrilleros.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia dice: "Los niños que han crecido en medio de la violencia llegan a considerarla un modo permanente de vida. Solos, huérfanos, asustados, aburridos, frustrados, muchos acaban prefiriendo la lucha armada". Otros se hacen soldados como una posibilidad de supervivencia, cuando el alimento escasea. Hay quienes por fanatismo se suman a los grupos armados convirtiéndose en "guerreros suicidas"; al luchar a favor de la justicia social o para defender sus creencias religiosas o identidad cultural. Muchas veces, en los niños no es necesario un adoctrinamiento político.
También, están los que reclutan a la fuerza, los capturan y los obligan a presenciar la tortura y ejecución de sus propios familiares o, a tomar parte en ellas. Una vez aterrorizados, se les induce a aterrorizar a otros. Estos niños brutalizados suelen cometer crueldades que ni adultos endurecidos harían. No se les hace fácil adaptarse a una vida sin violencia.
El director de un centro infantil de cierto país de Africa occidental comentó: "Todos los niños que hemos tratado están traumatizados a mayor o menor grado. Han violado, matado y torturado. A la mayoría les dieron alcohol o drogas, principalmente marihuana, pero a veces, heroína.
Imagínense el terrible efecto de todo eso en la mente de estas criaturas, algunos de los cuales no tienen más que ocho o nueve años". Generalmente, los niños combatientes no pueden regresar a sus casas por temor a las represalias o al rechazo de su familia. Un consejero infantil de Liberia dijo: "Hay madres que nos dicen: "quédense con ellos, no los queremos en casa".
Más que víctimas accidentales, se convierten en objetivos bélicos. En 1994, un comentarista radial dijo: "para acabar con las ratas grandes, hay que matar a sus crías".
La mayoría mueren debido al hambre y a las enfermedades. El corte de suministros esenciales es una táctica de guerra y se utiliza con crueldad.
Otra situación escalofriante, son las minas terrestres. Sólo cuesta tres dólares fabricar una de ellas, pero localizarla y sacarla del suelo cuesta 300,000.00 dólares y cientos de miles de niños mueren despedazados por ellas cuando salen a jugar o a trabajar en los campos de cultivo. Son colocadas en forma de juguetes cerca de escuelas y lugares con la finalidad de que niños y mujeres las encuentren. Las minas terrestres son asesinas pacientes que no duermen, no distinguen entre un soldado y un niño, no reconocen ningún tratado de paz y permanecen activas por más de 50 años.
El enorme poder del actual material bélico es tan peligroso tanto para quien los posee como para su adversario, que es otro argumento de gran fuerza para hacernos pensar que a fin de cuentas llegue a ser verdad el aforismo clásico: "Si vis pacem para bellum" (Para conseguir la paz preparate para la guerra).
Entretanto, la humanidad pareciera morir lentamente por culpa de la desidia de algunos gobernantes. Y, aún así, hoy en día, miles claman por la guerra como único medio de encontrar la paz o, para aliviar la sed de venganza y/o sencillamente para proteger los intereses económicos de pocos, en la construcción y venta de material bélico.
Está comprobado que un niño armado puede competir con un adulto en igualdad de condiciones. Aparte de empuñar fusiles de asalto, tienen otra ventaja: no reclaman salarios y raras veces desertan. Además, están ansiosos por complacer a sus mayores. No tienen miedo. En este aspecto, cabe mencionar que durante una batalla en el Medio Oriente, se les ordenó a un grupo de niños que abrieran caminos a través de campos minados. Otros se incorporan al ejército o movimientos rebeldes en busca de aventura. Si provienen de hogares desintegrados, una unidad militar les ofrece cierto sentido de seguridad y llega a constituir una especie de familia adoptiva. Su sentido del bien y el mal está eclipsado por el deseo de ser aceptado por cualquier grupo de liberación o guerrilleros.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia dice: "Los niños que han crecido en medio de la violencia llegan a considerarla un modo permanente de vida. Solos, huérfanos, asustados, aburridos, frustrados, muchos acaban prefiriendo la lucha armada". Otros se hacen soldados como una posibilidad de supervivencia, cuando el alimento escasea. Hay quienes por fanatismo se suman a los grupos armados convirtiéndose en "guerreros suicidas"; al luchar a favor de la justicia social o para defender sus creencias religiosas o identidad cultural. Muchas veces, en los niños no es necesario un adoctrinamiento político.
También, están los que reclutan a la fuerza, los capturan y los obligan a presenciar la tortura y ejecución de sus propios familiares o, a tomar parte en ellas. Una vez aterrorizados, se les induce a aterrorizar a otros. Estos niños brutalizados suelen cometer crueldades que ni adultos endurecidos harían. No se les hace fácil adaptarse a una vida sin violencia.
El director de un centro infantil de cierto país de Africa occidental comentó: "Todos los niños que hemos tratado están traumatizados a mayor o menor grado. Han violado, matado y torturado. A la mayoría les dieron alcohol o drogas, principalmente marihuana, pero a veces, heroína.
Imagínense el terrible efecto de todo eso en la mente de estas criaturas, algunos de los cuales no tienen más que ocho o nueve años". Generalmente, los niños combatientes no pueden regresar a sus casas por temor a las represalias o al rechazo de su familia. Un consejero infantil de Liberia dijo: "Hay madres que nos dicen: "quédense con ellos, no los queremos en casa".
Más que víctimas accidentales, se convierten en objetivos bélicos. En 1994, un comentarista radial dijo: "para acabar con las ratas grandes, hay que matar a sus crías".
La mayoría mueren debido al hambre y a las enfermedades. El corte de suministros esenciales es una táctica de guerra y se utiliza con crueldad.
Otra situación escalofriante, son las minas terrestres. Sólo cuesta tres dólares fabricar una de ellas, pero localizarla y sacarla del suelo cuesta 300,000.00 dólares y cientos de miles de niños mueren despedazados por ellas cuando salen a jugar o a trabajar en los campos de cultivo. Son colocadas en forma de juguetes cerca de escuelas y lugares con la finalidad de que niños y mujeres las encuentren. Las minas terrestres son asesinas pacientes que no duermen, no distinguen entre un soldado y un niño, no reconocen ningún tratado de paz y permanecen activas por más de 50 años.
El enorme poder del actual material bélico es tan peligroso tanto para quien los posee como para su adversario, que es otro argumento de gran fuerza para hacernos pensar que a fin de cuentas llegue a ser verdad el aforismo clásico: "Si vis pacem para bellum" (Para conseguir la paz preparate para la guerra).
Entretanto, la humanidad pareciera morir lentamente por culpa de la desidia de algunos gobernantes. Y, aún así, hoy en día, miles claman por la guerra como único medio de encontrar la paz o, para aliviar la sed de venganza y/o sencillamente para proteger los intereses económicos de pocos, en la construcción y venta de material bélico.