Apertura del comercio al por menor
La decisión de abrir a la participación de extranjeros el comercio al por menor es positiva, pues permitirá la consolidación de Panamá como centro de compras internacional. De por sí ya lo es, pero la apertura permitirá el arribo de las grandes tiendas norteamericanas y europeas, justo lo que esperaban los dueños de grandes mall o supercentros comerciales cerrados. Aquí va a haber trabajo en abundancia para todos. El flujo de inversiones será enorme.
Nuestro país se convertirá así en un paraíso del turismo de compras, especialmente para los latinoamericanos que hallarán mucho más fácil y menos costoso viajar a Panamá que a Miami, que hasta ahora ha sido su meta predilecta. Panamá estará ofreciendo lo mismo, incluso mejor, a mitad de precio, y sin el engorro, humillante e incómoda pesquisa aduanera y migratoria de Estados Unidos.
Además, a minutos de la ciudad, el visitante tiene una gran variedad de turismo de playa, pesca y ecológico, a módico costo. Hay infinidad de casinos lujosos. Incluso el llamado turismo residencial tiene ahora esa alternativa, sin tener que regresar a su país. Asimismo, la oferta de conexiones aéreas internacionales se está ampliando y cómodas marinas se están construyendo.
Cierto que la Constitución nacionalizó el comercio al por menor, entendido como la venta y el servicio al consumidor, desde el nacimiento de la República. Pero la realidad de los hechos ha superado la realidad legal. La mayoría de ese comercio está ya en manos de extranjeros. De modo que, si por vía de la interpretación legal, no es posible hacer efectiva la apertura, debemos prepararnos para una nueva reforma constitucional que, de paso, mejore lo conseguido por la última, sobre todo en materia de juzgamiento de diputados y magistrados y la fiscalización ciudadana de la Administración de Justicia.
Por lo demás, la apertura no apunta a supermercados ni pequeñas abarroterías, pues se exigirá una alta inversión al extranjero que venga. Se procura traer a los grandes almacenes de marca internacional, que convertirán a Panamá en la Meca del turismo de compras del continente.
Nuestro país se convertirá así en un paraíso del turismo de compras, especialmente para los latinoamericanos que hallarán mucho más fácil y menos costoso viajar a Panamá que a Miami, que hasta ahora ha sido su meta predilecta. Panamá estará ofreciendo lo mismo, incluso mejor, a mitad de precio, y sin el engorro, humillante e incómoda pesquisa aduanera y migratoria de Estados Unidos.
Además, a minutos de la ciudad, el visitante tiene una gran variedad de turismo de playa, pesca y ecológico, a módico costo. Hay infinidad de casinos lujosos. Incluso el llamado turismo residencial tiene ahora esa alternativa, sin tener que regresar a su país. Asimismo, la oferta de conexiones aéreas internacionales se está ampliando y cómodas marinas se están construyendo.
Cierto que la Constitución nacionalizó el comercio al por menor, entendido como la venta y el servicio al consumidor, desde el nacimiento de la República. Pero la realidad de los hechos ha superado la realidad legal. La mayoría de ese comercio está ya en manos de extranjeros. De modo que, si por vía de la interpretación legal, no es posible hacer efectiva la apertura, debemos prepararnos para una nueva reforma constitucional que, de paso, mejore lo conseguido por la última, sobre todo en materia de juzgamiento de diputados y magistrados y la fiscalización ciudadana de la Administración de Justicia.
Por lo demás, la apertura no apunta a supermercados ni pequeñas abarroterías, pues se exigirá una alta inversión al extranjero que venga. Se procura traer a los grandes almacenes de marca internacional, que convertirán a Panamá en la Meca del turismo de compras del continente.