Aperturas criminales
Desde hace mucho tiempo y a raíz de la implantación formal de las llamadas aperturas y globalizaciones hemos alertado a Panamá de lo negativo y siniestro de la aplicación de estas políticas en nuestro país y en general para los países de economías subdesarrolladas. No se necesita ser economista ni profesional de ninguna naturaleza para darse cuenta de que en el mercado de la competitividad estos países económicamente pequeños no tienen nada o muy poco que decir so pena de hundir más sus magros recursos en el bamboleo de estos mercados.
Los países pequeños que protegen por lo menos sus producciones tradicionales para asegurarse su tranquilidad alimentaria van en el camino correcto de proteger lo que no debe vulnerar nadie so pena de pagar un precio de una mayor miseria para sus habitantes.
No valen los argumentos de que las globalizaciones nos beneficia a todos porque podemos exportar más hacia nuevos mercados adquiriendo a la vez una mayor variedad de productos de mejor calidad y precios. Sofisma fácil de rebatir. Nuestros países no tienen ni las calidades climáticas y de tierras, ni las poblaciones hechas ya en altas tecnologías, ni la multiplicidad de recursos para irnos a estos enfrentamientos económicos. Abrimos nuestros mercados, nos inundan los productos extranjeros y exportamos unos cuantos artículos que no compensan ni el volumen ni las calidades de lo que nos meten. En términos corrientes nos destrampan la economía.
Si seguimos dentro de este mismo sendero de aperturas, globalizaciones y privatizaciones de nuestros servicios públicos básicos, al no tener el poder adquisitivo nuestra empresa privada para hacerse de los mismos, empresas extranjeras de mayores recursos los adquirirán, emigrando estos dineros que se producían y consumían en Panamá hacia el extranjero mermando aún más la capacidad económica del panameño. Lo que nos esta ocurriendo día a día nos indican la veracidad de estos asertos.
Con servicios públicos básicos como lo eran nuestra energía eléctrica y las comunicaciones, que bien ordenados eran más que rentables pudiéndose optimizar con préstamos blandos garantizados por su propia producción, hemos permitido una fuga de capitales cotidianos y permanentes que le hacen falta a nuestra precaria economía y a la supervivencia de nuestro pueblo.
Para nosotros esas mentes modernas y modernizantes que ven una panacea en estas nuevas propuestas neoliberales o caminan en un limbo de entendederas exóticas o son creadores de unos nuevos silogismos sin premisas correctas.
Panamá debe regresar a hacerse cargo de sus servicios públicos básicos pagando por ello su rescate a una tasa justa y razonable. Panamá no puede seguir subsidiando a la producción y al gobierno extranjero dejando de proteger su producción nacional lo suficiente, para garantizar su seguridad y soberanía alimentaria. Hemos llegado a la raya, tenemos que diferenciar bien y con buen criterio nacional, también hacia las ventanas del mundo lo que debemos hacer en esta materia. No podemos esperar más.
Los países pequeños que protegen por lo menos sus producciones tradicionales para asegurarse su tranquilidad alimentaria van en el camino correcto de proteger lo que no debe vulnerar nadie so pena de pagar un precio de una mayor miseria para sus habitantes.
No valen los argumentos de que las globalizaciones nos beneficia a todos porque podemos exportar más hacia nuevos mercados adquiriendo a la vez una mayor variedad de productos de mejor calidad y precios. Sofisma fácil de rebatir. Nuestros países no tienen ni las calidades climáticas y de tierras, ni las poblaciones hechas ya en altas tecnologías, ni la multiplicidad de recursos para irnos a estos enfrentamientos económicos. Abrimos nuestros mercados, nos inundan los productos extranjeros y exportamos unos cuantos artículos que no compensan ni el volumen ni las calidades de lo que nos meten. En términos corrientes nos destrampan la economía.
Si seguimos dentro de este mismo sendero de aperturas, globalizaciones y privatizaciones de nuestros servicios públicos básicos, al no tener el poder adquisitivo nuestra empresa privada para hacerse de los mismos, empresas extranjeras de mayores recursos los adquirirán, emigrando estos dineros que se producían y consumían en Panamá hacia el extranjero mermando aún más la capacidad económica del panameño. Lo que nos esta ocurriendo día a día nos indican la veracidad de estos asertos.
Con servicios públicos básicos como lo eran nuestra energía eléctrica y las comunicaciones, que bien ordenados eran más que rentables pudiéndose optimizar con préstamos blandos garantizados por su propia producción, hemos permitido una fuga de capitales cotidianos y permanentes que le hacen falta a nuestra precaria economía y a la supervivencia de nuestro pueblo.
Para nosotros esas mentes modernas y modernizantes que ven una panacea en estas nuevas propuestas neoliberales o caminan en un limbo de entendederas exóticas o son creadores de unos nuevos silogismos sin premisas correctas.
Panamá debe regresar a hacerse cargo de sus servicios públicos básicos pagando por ello su rescate a una tasa justa y razonable. Panamá no puede seguir subsidiando a la producción y al gobierno extranjero dejando de proteger su producción nacional lo suficiente, para garantizar su seguridad y soberanía alimentaria. Hemos llegado a la raya, tenemos que diferenciar bien y con buen criterio nacional, también hacia las ventanas del mundo lo que debemos hacer en esta materia. No podemos esperar más.