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Aplanadora vs. pueblo


Lo ocurrido durante los últimos días, mueve a profundas reflexiones sobre el futuro, no sólo de la Caja de Seguro Social, sino del país. Consideramos que es muy difícil resolver el problema si no se hacen cambios tanto en las edades de jubilación como en las cuotas de cotización. Por otra parte, objetamos que el proyecto de ley se haya impulsado para su aprobación a velocidad excesiva.
Una lección debe quedarnos a los ciudadanos para el futuro: No se puede burlar a un pueblo con el opio de abrir las puertas para escuchar todo el que quiera opinar frente a un proyecto de ley para decirle luego al país que fueron escuchados; pero, en el fondo, fueron burlados.
Sostenemos que el último madrugonazo que debería quedar registrado para el futuro, fue el de las reformas tributarias. No se puede avanzar con proyectos de ley, que repudiados por la inmensa mayoría de los ciudadanos, se trate de imponer. Esto puede conducir, lamentable y horrorosamente, a que se imponga a sangre y fuego.
En estos momentos, con seriedad y mucha honradez, es preciso que la nueva ley sea el producto de un consenso nacional. No se puede seguir actuando con abrir puertas para escuchar. De lo que se precisa es dialogar, conciliar y hallar soluciones.
Las partes no deben empecinarse y negociar en igualdad de condiciones.
Lo que precisa ahora es considerar alternativas y adoptar lo conveniente, Representantes de patronos y obreros y Asamblea Nacional deben sentarse, con urgencia y a la mayor brevedad posible dentro de un límite de tiempo, escogido por ambas partes sin que ninguna de ellas le imponga o trate de imponer a la otra fecha alguna para terminar las deliberaciones.
No perdamos de vista, por otra parte, que una huelga general tendrá como consecuencia una aguda recesión económica, y de inmediato, tras ella, no habrá ambiente propicio para establecer salarios mínimos. Es la hora de conciliar. De no lograrse eso, nos aventuramos a pronosticar un caos en el país.
El Presidente de la República y sus diputados en la Asamblea Nacional deben, en esta hora crucial, hacer lo que un buen capitán de navío, prudente y sensato, haría frente a negros nubarrones en la lejanía, avanzando con relámpagos y viendo que el mar empieza a encresparse: Ordenar de inmediato fijar rumbo hacia tierra firme para entrar a un puerto o una ensenada y arriar velas a fin de proteger de un naufragio, tanto al velero como a sus tripulantes.

101 años de Panamá América

 
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