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“Apoderarse de la juventud”


¿Qué va ser de Panamá en los próximos treinta años? Lo dirá, con sus hechos, la juventud de hoy. Por algo han querido los políticos de recientes épocas apoderarse de la juventud. Apoderarse de la juventud: esto fue lo hecho por los dictadores de Italia y de Alemania durante la primera mitad del siglo XX; esto es lo que hizo Rusia desde 1917 hasta finales de 1991; esto es lo que hace Cuba desde 1959 hasta el presente; y esto es lo que para el triunfo de nuestros ideales democráticos hemos de hacer nosotros también. Solo que cuando nosotros decimos “apoderarse de la juventud” no pretendemos la imposición de nuestras ideas, sino precisamente la formación suya dentro de la libertad, estimulando el espíritu de responsabilidad, y dándole el claro sentimiento de sus deberes para con la colectividad en que vive.

Con el mismo fervor con que los dictadores crearon un medio adecuado a su perturbadora ideología, nosotros también hemos de aprovechar esta enseñanza y crear desde la escuela la mentalidad del hombre libre, consciente y responsable para su propio bien y el máximo bien de los suyos. En efecto, los gobiernos totalitarios nos han dado gran lección. Adoctrinaron las nuevas generaciones desde su infancia, y los principios de su teoría quedaron sembrados en todos los espíritus y todos los corazones. La voluntad de llevar a término una idea tuvo éxito pleno. La democracia no debe olvidar esta lección. Ella ha de adoctrinar también a las nuevas generaciones con la generosa ideología que inspiran sus principios. Cuando protestamos contra lo que se ha llamado la inteligencia dirigida, no nos damos cuenta de que dirigir la inteligencia hacia altos fines ha de ser uno de los propósitos cardinales de la educación. Y no han de engañarnos los apelativos de escuelas que corren parejamente por su dogmatismo esclavista con los que Rusia incubó.

No nos cansaremos de insistir en que la escuela no puede contentarse con solo instruir. Adiestrar la voluntad, enaltecer el decoro, crear un vigoroso sentido de la hombría, iluminar la conciencia, valdrá en todo tiempo más que preparar específicamente para una determinada carrera. La juventud de nuestros días no debe vivir bajo la presión de los hechos consumados. Esos son los hechos de la fatalidad, en tanto que los hechos por cumplirse son los de la inteligencia, y estos han de ser los que interesen a la gente joven. Los jóvenes de hoy están llamados a constituir la fuerza de resistencia que se oponga a que los ideales de libertad puedan ser asfixiados o lleguen siquiera a menguar su brillo. La vida es lucha, y para esa lucha es preciso prepararse desde los años mozos, que al fin ella, y solo ella hace fuerte al hombre.

101 años de Panamá América

 
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