Aporías tautológicas del Medio Oriente
El Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, cabeza de un partido político de extrema derecha que forma parte de la coalición que gobierna ese Estado, cuya existencia política se debe a una resolución de la ONU, amenaza con que si Palestina se declarara independiente rompería con los tratados de paz firmados en Oslo y obligaría a Israel a ocupar la Franja de Gaza. Un territorio dentro del rompecabezas palestino, aislado de Cisjordania (West Bank) en forma similar a la ex Zona del Canal que partía Panamá en dos cuando la ocupaba Estados Unidos.
No niego los derechos que le asisten al pueblo judío de defender y consolidar su Estado, pero tampoco niego los que tiene el pueblo palestino sobre el mismo territorio geográfico donde ha vivido siempre, sin abandonarlo jamás, aún cuando lo ocuparan fuerzas extranjeras. La resolución 181de la ONU obliga a Israel y a Palestina a la formación de dos Estados democráticos cuya demarcación geográfica fue entonces claramente establecida.
Dos religiones monoteístas, nacidas del mismo padre, no pueden subsistir bajo el concepto republicano de las democracias occidentales, porque más allá de las declaraciones palestinas y de las leyes fundamentales israelíes, en la práctica, son Estados teocráticos. Ningún israelita musulmán puede gobernar Israel, y ningún palestino judío podrá gobernar Palestina. Así es que las milenarias diferencias políticas y culturales de la región se ven continuamente inflamadas por la cuestión religiosa.
Cuando un Estado está supeditado a una creencia religiosa no hay razonamiento lógico posible y es allí donde se construyen políticas concebidas bajo la irracionalidad argumental de los pensamientos paradójicos insolubles (aporías) que repiten siempre el mismo concepto (tautologías). Si Palestina no reconoce a Israel, Israel no reconocerá a Palestina, si Palestina se hace independiente Israel ocupará su territorio. Aporía donde dicen defenderse de un agresor que ambos niegan.
En medio de este teatro del absurdo, se ven envueltos mediadores extranjeros funcionando más como público atónito que como críticos del drama que pretenden resolver. Los Estados Unidos son aliados incondicionales de Israel. Tiene poderosas razones económicas, políticas y culturales para serlo. Casi la mitad de la población judía mundial (46%) vive allí conformando un poderosísimo Estado nómada de gran influencia.
El mundo carga desde el terrible holocausto nazi, una culpa ajena. Situación que está siendo explotada políticamente -hasta lo inconveniente- para justificar una agresiva política sionista ultraderechista, con raíces similares al origen del nazismo y que el actual gobierno expansionista israelí se niega a reconocer. El asesinato de Rabin cometido por un fundamentalista judío, precisamente tuvo la finalidad de evitar la paz a punto de concretarse bajo los tratados de Oslo de 1993.
Si Palestina sobrevive al estado de sitio impuesto por Israel, la paz se logrará cuando en ambas naciones triunfe el principio fundamental de la moral laica proclamado por Benito Juárez: “En los individuos como en las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.