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Aporte a la discusión del salario mínimo


Las posturas de quienes les toca acordar el monto del salario mínimo, al que se vincula cerca de 1/5 parte de los empleados de este país, nos permite identificar ciertas realidades, que seguramente se derivan del carácter extremo de las mismas y que valen advertir.
Por un lado la posición de los gremios trabajadores (B/.500.00 dólares mensuales), conlleva a un escenario que presionaría sobre dos problemas preocupantes en toda economía: la inflación y el desempleo. Por el empujón que recibirán los costos de las actividades respectivas, los precios tienden a subir, o bien, a mayor costo, la estructura del precio está propensa a variar en detrimento de la norma de ganancia, en condiciones de preservar ciertos niveles de competencia. Ante esta tendencia quedaría: reducir el personal o cerrar. Ciertamente que el "efecto dominó", que provoca esta acción es particularmente válido para el micro y pequeño empresario, empleador que no cuenta con reserva y que vive del flujo de caja diario. Estas empresas, hoy, ocupan cerca de 26 mil personas, que a razón del salario propuesto más impuesto, etc., eleva el costo mensual por trabajador por encima de 700 dólares. Este orden de cosas se hace aún más probable y traumático por motivo del poco dinamismo que revela la actividad económica nacional. Esta apenas ha logrado rebasar el 3% como promedio anual, en el último quinquenio, con tendencia por demás incierta para el futuro próximo. En virtud de ello, el efecto positivo que se espera para los trabajadores con dicha propuesta no sólo se verá menguado sino que, en buena medida, acelerará la economía a la fase recesiva.
Desde la perspectiva de la propuesta original empresarial se promueve una alza del salario mínimo, que en términos mensuales, se aproxima a 5.76 dólares. Lo que significaría, en el mejor de los casos, recuperar 5 lbs. de arroz y 2 lbs. de carne que se están dejando de adquirir debido al incremento del índice de precios. De acuerdo a encuestas realizadas en este gremio, parece modificarse la propuesta a favor de un salario mínimo de 265 dólares. Semejante cifra rebasa el costo de la canasta alimenticia en casi 5%, no obstante, se encuentra muy por debajo (en 185.00), del costo de la canasta familiar que incluye además de alimentos, servicios básicos, vivienda, vestuario, salud, etc.
Como vemos, muy a pesar de esta consideración cuantitativa, lo medular radica en lo cualitativo: este grupo de asalariados, si bien puede por el momento cruzar la curva de la pobreza extrema, siguen conformando el 37% de los pobres de este país. Es así, pues no se logra el objetivo fundamental del salario mínimo: proveer niveles de subsistencia y de protección social.
Todo esto nos dice que no se trata de extremos sino de puntos de equilibrios para lo cual el salario hay que correlacionarlo no sólo con el índice de precios, sino con el nivel promedio de ambas canastas básicas (340.00 dólares), y quizás lo más importante con la productividad del mismo trabajador, entre otros. Durante el último quinquenio la productividad creció arriba del 10% al tiempo que el sueldo promedio mensual lo hizo en 4.8%, lo que es igual decir:
De cada dólar de ganancia en productividad, el trabajador aumenta su salario en tan sólo 0.04, el resto 0.96, quedó en manos de sus patronos.
Se le pagó más al trabajador, pero dado el alza de los precios, dicho aumento salarial no sirvió para adicionar un "alfiler" extra de la riqueza extra que generó (aumento de productividad), sino para pagar precios más altos de las cosas y servicios que venía consumiendo.
Con sólo reconocer 0.15 de cada dólar de ganancia en productividad, el salario en cuestión hubiese mejorado en más de 100.000 dólares y no en 25.00, llevando el salario mínimo a costo promedio de las canastas.
De allí que sea necesario promover ajustes salariales, particularmente a los grupos de menor ingreso con apego a los indicadores señalados y que pueda, en principio, ser negociados entre las partes de tal manera que se preserve el ingreso real del asalariado y que a la vez lo estimule a aumentar su rendimiento. De esta manera será la productividad la que está llamada a ser: factor clave para elevar la vitalidad de la economía y la calidad de vida de todo, al tener las empresas la posibilidad de pagar más a sus empleados, mantener sus precios bajos sin dejar de ofrecer un buen margen de ganancia a sus accionistas.

101 años de Panamá América

 
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