Apoyo internacional a Colombia
La visita de Madeleine Albright a Brasil, Argentina, Chile, Bolivia y Ecuador, constituyó un acontecimiento de bastante significación en las relaciones de los Estados Unidos con Sudamérica. Con este motivo, se pudo conocer varias facetas interiores de la secretaria de Estado norteamericana a la que las frías y superficiales informaciones caracterizan como dura e inflexible, al extremo de que alguna interesada fuente le calificó como "Madame Guerra".
En Quito, en el Centro del Muchacho Trabajador, un albergue para cerca de mil personas desposeídas, la alta funcionaria demostró su delicada sensibilidad cuando, al ver a un niño de cuatro años que tocaba la guitarra y se meneaba con esas melodías, sin ningún protocolo subió inesperadamente al escenario, tomó en sus brazos al infante, lo besó en la mejilla y, luego, bailó música ecuatoriana con varias madres pobres y sus pequeños. Emotivo e inolvidable gesto que fue ampliamente relievado por la prensa y comentado de la mejor manera en el interior de los hogares. Quedó la imagen de una cariñosa e inteligente abuela, cuyo recuerdo perdurará por mucho tiempo.
Previamente, en ese mismo lugar y con su reconocida sagacidad, explicó el símbolo de los broches que utiliza, de acuerdo al país que visita. En el caso ecuatoriano, lució uno que representaba "el árbol de la vida", mientras que cuando se refiere a los asuntos de Saddam Hussein lleva siempre un prendedor con la imagen de una serpiente, por cuanto el sanguinario sátrapa de Irak le llama de esa manera. Sin duda, la gira de Madeleine Albright fue exitosa, tanto para consolidar las relaciones de los Estados Unidos con América Latina, como por los resultados concretos de ayudar a Colombia para que solucione sus tribulaciones que han comenzado a rebasar los límites de esa república, con peligrosa proyección hemisférica.
Acaba de anunciarse que la frontera de mil seiscientos cuarenta y cuatro kilómetros será reforzada por el Ejército y la Policía de Brasil, incluso, con la compra de cuatro helicópteros franceses, para impedir la infiltración de narcotraficantes y guerrilleros; que Argentina se comprometió a apoyar a través del grupo de amigos y tecnológicamente; quedó muy en claro el respaldo de Chile para restablecer la democracia y la institucionalidad en la región; Ecuador reiteró su solidaridad al Plan Colombia; el gobierno boliviano, al respaldar oficialmente este plan, por intermedio de su canciller, Javier Murillo, dijo que "estamos unidos en todo esto, cuando un país logra erradicar la coca tenemos que asegurar que no se propague a otro lado, este es un tema regional que debe y tiene que tener el apoyo de todos los países vecinos".
Merecen resaltarse estas últimas palabras que entrañan enorme verdad. ¿Por qué no colaborar con el hermano país que se encuentra en semejante trance? Eliseo Restrepo Londoño, embajador de Colombia en Ecuador, con pleno conocimiento de causa afirmó, públicamente, que su vapuleada patria no podrá salir adelante sin el apoyo de la comunidad internacional, ya que se trata, actualmente, de una lucha desigual en que los enemigos del Estado no respetan los derechos humanos y acuden a toda clase de atrocidades para financiarse, como la extorsión y el secuestro.
Restrepo Londoño resumió el contenido del Plan Colombia indicando que se trata de una lucha frontal contra el narcotráfico, que desarrollará cultivos alternativos para dar ocupación lícita a los campesinos que hoy cultivan la coca, la modernización del Estado, el perfeccionamiento de la justicia, cuantiosa inversión social y la recuperación de la economía. Esta iniciativa a fondo para enfrentar al narcotráfico que, obviamente, beneficiará a toda la humanidad, fue calificada por el mencionado representante diplomático como fundamento para la paz, por cuanto crea las condiciones para una real negociación con la guerrilla y consolida el desarrollo social y económico indispensable para la convivencia entre todos los colombianos.
De no haber este Plan, ¿qué puede esperarse?. Que las cosas prosigan como hasta ahora y, lo que es peor, agravándose, por el persistente y silencioso incremento de la ruin industria de las drogas, que engendra crímenes conexos y que en Colombia, lamentablemente, se ha enraizado de manera colosal hasta extremos de atentar a la propia seguridad nacional y de los países vecinos, si se analiza con la debida profundidad el real alcance y poderío de aquellos malandrines asociados, directamente, a prácticas de corrupción y de violencia.
Corresponde, en especial a los países del hemisferio, frontal y oportunamente brindar el auxilio que se ha solicitado. ¿ Se podrá decir que el narcotráfico y su pérfida socia, la virulencia armada, no son males eminentemente transnacionales? ¿En dónde quedaría la solidaridad continental de no haber el apoyo requerido por el presidente Pastrana, si la democracia y todos sus nobles valores están amenazados de muerte en aquellos convulsionados territorios?. El Plan Colombia constituye causa común para toda América.
En Quito, en el Centro del Muchacho Trabajador, un albergue para cerca de mil personas desposeídas, la alta funcionaria demostró su delicada sensibilidad cuando, al ver a un niño de cuatro años que tocaba la guitarra y se meneaba con esas melodías, sin ningún protocolo subió inesperadamente al escenario, tomó en sus brazos al infante, lo besó en la mejilla y, luego, bailó música ecuatoriana con varias madres pobres y sus pequeños. Emotivo e inolvidable gesto que fue ampliamente relievado por la prensa y comentado de la mejor manera en el interior de los hogares. Quedó la imagen de una cariñosa e inteligente abuela, cuyo recuerdo perdurará por mucho tiempo.
Previamente, en ese mismo lugar y con su reconocida sagacidad, explicó el símbolo de los broches que utiliza, de acuerdo al país que visita. En el caso ecuatoriano, lució uno que representaba "el árbol de la vida", mientras que cuando se refiere a los asuntos de Saddam Hussein lleva siempre un prendedor con la imagen de una serpiente, por cuanto el sanguinario sátrapa de Irak le llama de esa manera. Sin duda, la gira de Madeleine Albright fue exitosa, tanto para consolidar las relaciones de los Estados Unidos con América Latina, como por los resultados concretos de ayudar a Colombia para que solucione sus tribulaciones que han comenzado a rebasar los límites de esa república, con peligrosa proyección hemisférica.
Acaba de anunciarse que la frontera de mil seiscientos cuarenta y cuatro kilómetros será reforzada por el Ejército y la Policía de Brasil, incluso, con la compra de cuatro helicópteros franceses, para impedir la infiltración de narcotraficantes y guerrilleros; que Argentina se comprometió a apoyar a través del grupo de amigos y tecnológicamente; quedó muy en claro el respaldo de Chile para restablecer la democracia y la institucionalidad en la región; Ecuador reiteró su solidaridad al Plan Colombia; el gobierno boliviano, al respaldar oficialmente este plan, por intermedio de su canciller, Javier Murillo, dijo que "estamos unidos en todo esto, cuando un país logra erradicar la coca tenemos que asegurar que no se propague a otro lado, este es un tema regional que debe y tiene que tener el apoyo de todos los países vecinos".
Merecen resaltarse estas últimas palabras que entrañan enorme verdad. ¿Por qué no colaborar con el hermano país que se encuentra en semejante trance? Eliseo Restrepo Londoño, embajador de Colombia en Ecuador, con pleno conocimiento de causa afirmó, públicamente, que su vapuleada patria no podrá salir adelante sin el apoyo de la comunidad internacional, ya que se trata, actualmente, de una lucha desigual en que los enemigos del Estado no respetan los derechos humanos y acuden a toda clase de atrocidades para financiarse, como la extorsión y el secuestro.
Restrepo Londoño resumió el contenido del Plan Colombia indicando que se trata de una lucha frontal contra el narcotráfico, que desarrollará cultivos alternativos para dar ocupación lícita a los campesinos que hoy cultivan la coca, la modernización del Estado, el perfeccionamiento de la justicia, cuantiosa inversión social y la recuperación de la economía. Esta iniciativa a fondo para enfrentar al narcotráfico que, obviamente, beneficiará a toda la humanidad, fue calificada por el mencionado representante diplomático como fundamento para la paz, por cuanto crea las condiciones para una real negociación con la guerrilla y consolida el desarrollo social y económico indispensable para la convivencia entre todos los colombianos.
De no haber este Plan, ¿qué puede esperarse?. Que las cosas prosigan como hasta ahora y, lo que es peor, agravándose, por el persistente y silencioso incremento de la ruin industria de las drogas, que engendra crímenes conexos y que en Colombia, lamentablemente, se ha enraizado de manera colosal hasta extremos de atentar a la propia seguridad nacional y de los países vecinos, si se analiza con la debida profundidad el real alcance y poderío de aquellos malandrines asociados, directamente, a prácticas de corrupción y de violencia.
Corresponde, en especial a los países del hemisferio, frontal y oportunamente brindar el auxilio que se ha solicitado. ¿ Se podrá decir que el narcotráfico y su pérfida socia, la virulencia armada, no son males eminentemente transnacionales? ¿En dónde quedaría la solidaridad continental de no haber el apoyo requerido por el presidente Pastrana, si la democracia y todos sus nobles valores están amenazados de muerte en aquellos convulsionados territorios?. El Plan Colombia constituye causa común para toda América.