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Aprenda a dar


UN INDIVIDUO Que no da se va amargando, se va frustrando, aunque llegue a tener mucho en la vida; se convierte en una persona infeliz. Uno es más feliz mientras más se parece a Dios, quien se dio totalmente.
Una persona, tarde o temprano, tendrá que dar cuenta a Dios de cómo desarrolló e invirtió sus talentos. ¿Qué hizo del tiempo de su vida y qué hizo con sus bienes materiales y espirituales? Y en el juicio final, se nos juzgará por lo que dimos y compartimos. Por lo tanto, es muy importante la manera como empleamos los dones de la vida.
Cuando la llamarada de nuestra existencia comience a apagarse, deberíamos tener la satisfacción de contemplar en nuestro pasado una vida de generosas contribuciones a la humanidad, cada uno de acuerdo a lo que ha tenido. Esta es la más grande de las alegrías que un ser humano puede experimentar. Y que cuando partamos de este mundo no nos recuerden por lo que poseímos, sino por lo que dimos. Para ser más grandes a los ojos de Dios, debemos darnos sin medida y no esperar a morir sin haber compartido, porque se habrá perdido el gozo que se experimenta al dar.
A fin de que usted crezca y madure, es necesario que dé ahora. No diga que no tiene suficiente para compartir. Encuentre algo que compartir. Dé su tiempo, que el tiempo es muy valioso. Dé las habilidades que tenga, ayude a los demás con sus consejos, su sabiduría, escuchándolos, transmitiéndoles sus experiencias en cualquier campo profesional o técnico.
Usted tiene mucho, pero mucho que dar. No deje pasar un día sin darse, no deje pasar una semana sin poder mirar hacia atrás y ver que ha dado generosamente de sí mismo. El dar genera grandeza. Esta es una característica de toda gran persona. Y no espere a tener muchas cosas para dar; si no está dando ahora, no dará más tarde. Porque somos criaturas de hábitos y si somos tacaños y avaros cuando tenemos poco, lo mismo seremos y más, cuando tengamos una gran fortuna.
En el evangelio hay un pasaje muy lindo que dice así: "Estaba Jesús orando en el templo con sus discípulos y llegó un hombre muy rico y se dirigió donde estaban las canastas de las limosnas y le pidió a su secretario que dejara una bolsa con monedas de plata y las echó allí. La gente miró y dijo: ¡Qué generoso es ese hombre! Y Jesús vio el hecho. Al ratito llegó una viejita encorvada, vestida de negro y se dirigió también a la canasta del templo, abrió un pañuelito, sacó una moneda, la echó en la canasta y no hizo ruido. Mas Jesús dijo: Dios se complació en esta mujer y la bendijo, porque ella dio todo lo que tenía para vivir y aquel hombre dio de lo que le sobraba y para que los demás lo vieran; por lo tanto, ya recibió su paga en la tierra."
Sea bueno, generoso, dé lo que tenga. Usted es más rico de lo que cree. Quizás sea rico en alegría, en entusiasmo y en fe. Descubra sus riquezas internas y cuáles bienes materiales posee, comparta todo lo que tiene, ábrase a los demás.
En este caminar por la vida, dé a los demás esa alegría, ese entusiasmo y esa fe que usted tiene; hará felices a quienes lo rodean y el experimentar la felicidad de los demás será su recompensa, se convertirá en su propia felicidad. Así es, porque así lo dice el Señor. No se olvide: busque a Dios, viva en Dios que ¡con Dios, usted es INVENCIBLE!

101 años de Panamá América

 
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