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Aprendamos de los errores del Festival


Panamá fue escogida sede en abril de 1998 a través de la oficina de la UNESCO en París, tres meses después de culminar el primer festival en Portugal, gracias a los esfuerzos de la pasada administración. En un principio, el encuentro juvenil debió haberse realizado en agosto del año pasado, pero por falta de tiempo y organización de la nueva administración, el festival tuvo que postergarse hasta julio de este año. No fue sino hasta el 25 de noviembre del 2000 que se escogió al Comité Nacional Preparatorio de Panamá, que conjuntamente con el Comité Internacional de la Juventud, adquirieron el compromiso de llevar a cabo este acontecimiento.
Aunque siempre ha existido la mejor voluntad por parte de ambos comités en realizar el festival en nuestro territorio, no podemos decir lo mismo del Gobierno Nacional que aprobó sólo hace dos meses el presupuesto de dos millones de dólares, la mitad de lo comprometido con las organizaciones internacionales de la juventud hace tres años. Incluso, la parte organizativa del evento se mantuvo paralizada hasta hace tres meses.
Es evidente la desidia del gobierno para con un encuentro que no sólo sirve de oportunidad para que las autoridades se comprometan con la juventud nacional e incluyan en sus agendas de trabajo la participación de los jóvenes, sino que es una excelente oportunidad para dar a conocer mundialmente las cualidades de Panamá.
En forma permanente se declara la necesidad de atraer inversiones extranjeras a nuestro país. Esta situación, en que el gobierno opta por no hacer lo suficiente frente a una oportunidad que debiera explotarse con máxima diligencia, debería ser objeto de un pormenorizado análisis para evitar que se produzca un "efecto contagio" que amenace aún más la economía nacional y nuestra imagen internacional y que contamine iniciativas como la que recién iniciamos para convertir a Panamá en la Bruselas de las Américas.
Deben hacerse los máximos esfuerzos para promover los aspectos positivos del país y alentar el turismo con iniciativa y creatividad. Y para eso hace falta una mirada de fondo sobre los factores que alientan el desinterés dentro del Gobierno. Esta realidad es inquietante y exige una profunda investigación en procura de esclarecer los factores que pudieron haber determinado una eventual falta de visión sobre los atributos y beneficios que pudo haber generado el festival de la juventud, indistintamente de que el encuentro resulte a la postre exitoso.


101 años de Panamá América

 
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