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A aprender bien la lección, ¡tonto!


Desde que terminé el ejercicio del cargo de Presidente de la República, he querido guardar un silencio prudencial, por lo que evito dar declaraciones o conferencias de prensa. He tomado esta actitud, porque creo que el papel de ex Presidente de la República debe definirse de una manera diferente al lamentable papel que ha jugado mi antecesor, que hasta por una riña con su señora aprovecha para salir en todos los medios de comunicación nacionales e internacionales, en un constante deseo de avergonzarnos a los panameños.
Sin embargo, en esta ocasión, no puedo pasar por alto el artículo que suscribió Samuel Lewis recientemente bajo el título de "Lecciones que no se aprenden..." y en el cual, desde su muy particular óptica, hace señalamientos de mi actuación.
Estos señalamientos parecen responder más bien a su deseo de justificar su propia conducta política: la de dar al traste con nuestra alianza, para abrirse la puerta con el gobierno que estaba próximo a entrar.
La Sala Quinta de la Honorable Corte Suprema de Justicia fue un compromiso existente desde los acuerdos de Bambito, por allá por 1994-1995 y fue a solicitud del Magistrado Presidente de la Corte, que la presentamos a la consideración de la Asamblea Legislativa en marzo de 1999, fecha en la que todavía Samuel Lewis mantenía un acuerdo político conmigo, ampliado al PRD al ser Solidaridad parte de la nómina presidencial. Samuel Lewis y sus copartidarios participaban de innumerables reuniones y desayunos con el equipo de gobierno.
En su momento, los legisladores de Solidaridad me expresaron su decisión de apoyar la creación de la Sala Quinta y su desacuerdo con la "traición" de la dirigencia de su partido.
De manera que la negativa de Solidaridad a apoyar la creación de la Sala Quinta, después de perdidas las elecciones de mayo, no fue sino una especie de "pruena exigida" por los nuevos aliados arnulfistas para así aprobarles la entrada de Solidaridad en el nuevo gobierno que se estaba conformando. Esto lo lograron, como todos sabemos.
Falta nuevamente a la verdad Samuel Lewis cuando asevera (esta vez poniéndolo en boca de los arnulfistas) que yo incorporé a la ley de carrera administrativa a miles de mis copartidarios sin llenar los requisitos para acogerse a la protección que brinda esta ley. Yo no afilié a nadie a la Ley de Carrera Administrativa. Los que regentaban los mecanismos de incorporación de funcionarios públicos a la protección de la ley, hasta donde conozco, fueron muy cuidadosos en cumplir todos los requisitos de la ley. Ellos podrán decir mejor que yo, si lo que intentan los nuevos aliados de Samy no será destituir a viejos funcionarios incorporados legalmente para nombrar a sus correligionarios y, supongo, uno que otro de Solidaridad. ¡Esto es violatorio de la propia ley de carrera administrativa y ni mencionar lo que hace a la seguridad jurídica del país!
Los nombramientos por periodos fijos, de conformidad con las leyes aprobadas, entre otros, por la bancada de Solidaridad bajo la inspiración de Samuel Lewis, fueron hechos para darles continuidad a instituciones que necesitan estabilidad y que deben estar alejadas de las componendas de momento de políticos tradicionales que, como el camaleón, se pintan del color que les conviene con tal de lograr aferrarse al poder.
Vale la pena recordar que la estabilidad de algunos funcionarios también es parte de los acuerdos de Bambito suscritos por Samuel Lewis en representación de Solidaridad. Ojalá que el criterio de los legisladores de Solidaridad sea ahora el mismo que el de hace unos meses cuando se pasaron esas leyes con períodos fijos de nombramientos. Es decir, la ley se hizo para darle solidez a instituciones que lo necesitan y no para acomodar a personas por los famosos espacios políticos.
Finalmente, la lección que debe aprender toda clase política no es que se "debe gobernar pensando siempre como si se fuera oposición" que, dicho sea de paso, no es lo que se le atribuye a un político panameño haber dicho. Lo que se le atribuye a ese político es haber dicho que se debe gobernar para cuando se sea oposición, es decir, gobernar sin persecuciones ni abusos. ¡Se imaginan ustedes, amables lectores, lo contradictorio que sería gobernar como si se fuera oposición, como dice Samuel Lewis, sobre todo en vista de cómo la oposición (ahora en gobierno), ha destruido instituciones sólo porque las hizo el gobierno anterior!
La lección que hay que aprender es que los estadistas construyen para las próximas generaciones, los políticos sólo ven las próximas elecciones... y usted, Samy, es un político.

101 años de Panamá América

 
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