Aprender del fracaso
Todos algunas veces hemos fracasado en la vida. A veces logramos nuestro objetivo y sentimos gran satisfacción. Otras veces nuestra experiencia es muy distinta, ya sea, familiarmente, estudios, negocios, formación de los hijos, en nuestra relación con Dios, con nuestros pecados, etc.
Debemos aprender a superarnos y crecer, pues una cosa es que yo fracase en algo en la vida y otra, es que yo sea un fracasado. ¿Cómo podemos usar estos fracasos favorablemente?
No debe ser una fuerza destructiva, pues el fracaso, destruye el entusiasmo, la iniciativa y acaba con la voluntad de luchar.
Cuando cometa un error, sienta cierta cólera, pero no contra usted ni contra nadie, sino contra el obstáculo que se le presentó.
Que esa cólera se convierta en agresividad positiva. Los fracasos son la escuela del éxito. Estudie, analice por qué fracasó y entonces aprenderá a tener éxito.
Pregúntese: ¿Por qué fracasé? Y es entonces cuando la derrota se convierte en piedra de construcción y nos conduce a una energía y a una sabiduría más grande.
Toda derrota es una bendición en cierto modo, pues la vida no consiste en una sola oportunidad, sino en muchas oportunidades.
Nuestra mayor gloria no consiste en no caer nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos.
La derrota es una acompañante cotidiana que nos hace volver a evaluar nuestras metas para decidir si son metas auténticas y si valen el esfuerzo de seguir luchando por ellas, se convierte en uno de los grandes bloques que construye nuestras vidas.
Es muy diferente el fracaso parcial al fracaso total en nuestra vida. Ante una caída si yo digo: "soy un fracasado", ¡cuidado! Porque nuestra mente se puede obsesionar y se centra en el fracaso y ahí viene nuestra imagen empobrecida porque confundimos un fracaso parcial con el ser fracasado.
Fracaso total es cuando el hombre no hace nada, ni se propone metas, ni lucha por nada, ese nunca se sentirá fracasado, pero ese sí que es un fracasado. Porque el éxito real está en la lucha y bendito el fracaso, que me hace pensar que tengo metas elevadas y metas grandes. ¿Tiene usted metas? Entonces no ha fracasado.
No veamos el fracaso como lo que es: Un maestro, que nos enseña nuestras debilidades que tenemos que perfeccionar al igual que cualquier campeón en cualquier campo, y a la vez nos conserva humanos, humildes y nos ayudan a entender que en verdad, no somos Dios, somos simples criaturas y que sólo hay un dios que es perfecto y santo.
El hombre sabio e inteligente acepta la derrota como el maestro más valioso. En cambio los orgullosos, los altaneros nunca aprenderán de su fallas porque no las admiten.
Lo importante es su actitud, su forma de enfrentarse a los problemas, ver los errores como una lección y como un eslabón para superarnos.
Deténgase a pensar hoy un momento, en el fracaso del hijo de Dios: colgado en una cruz, como si fuera un criminal, abandonado por sus discípulos. Se ha detenido a pensar que ese es un fracaso increíblemente grande, visto humanamente, y...¿qué pasó con ese fracaso, o con esa muerte? Pues que gracias a esa muerte, resucitamos nosotros. Gracias a esa muerte, se nos abrieron las puertas del cielo. Vea usted cómo Dios supo transformar el fracaso de su hijo, en una gran victoria, porque muriendo en la cruz, nos salvó de la muerte eterna. No hay triunfos sin fracasos. ¡No hay Domingo de Resurrección sin Viernes Santo! ¡No hay gloria sin cruz1
Cualesquiera que sean las circunstancias en la vida de un hombre, un fracaso no es el fin de la jornada, sino solamente un paso a lo largo del camino. Cuando la derrota toque las puertas de su vida, su tarea va a consistir en no rendirse, nunca jamás, sino en levantarse y en continuar esforzándose de ir aprendiendo de su error para vencer-.
Comience cada día con el pensamiento motivador de que Dios lo acompaña a realizar todo lo que pueda ese día y que el Señor transforma sus posibles fracasos en grandes éxitos. Dios nos ama profundamente, es un amor que hacer surgir lo mejor de nosotros, no nos abandona cuando fallamos; sino que nos dice: "Estoy contigo, no te desanimes, juntos cambiaremos tu debilidad en fortaleza", porque Dios nos ama, aún y a pesar de lo que hemos hecho". ¡Esto es maravilloso! y nunca debemos olvidarlo en nuestra mente y corazón. Y recuerde: ¡Con dios usted es...Invencible!
Debemos aprender a superarnos y crecer, pues una cosa es que yo fracase en algo en la vida y otra, es que yo sea un fracasado. ¿Cómo podemos usar estos fracasos favorablemente?
No debe ser una fuerza destructiva, pues el fracaso, destruye el entusiasmo, la iniciativa y acaba con la voluntad de luchar.
Cuando cometa un error, sienta cierta cólera, pero no contra usted ni contra nadie, sino contra el obstáculo que se le presentó.
Que esa cólera se convierta en agresividad positiva. Los fracasos son la escuela del éxito. Estudie, analice por qué fracasó y entonces aprenderá a tener éxito.
Pregúntese: ¿Por qué fracasé? Y es entonces cuando la derrota se convierte en piedra de construcción y nos conduce a una energía y a una sabiduría más grande.
Toda derrota es una bendición en cierto modo, pues la vida no consiste en una sola oportunidad, sino en muchas oportunidades.
Nuestra mayor gloria no consiste en no caer nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos.
La derrota es una acompañante cotidiana que nos hace volver a evaluar nuestras metas para decidir si son metas auténticas y si valen el esfuerzo de seguir luchando por ellas, se convierte en uno de los grandes bloques que construye nuestras vidas.
Es muy diferente el fracaso parcial al fracaso total en nuestra vida. Ante una caída si yo digo: "soy un fracasado", ¡cuidado! Porque nuestra mente se puede obsesionar y se centra en el fracaso y ahí viene nuestra imagen empobrecida porque confundimos un fracaso parcial con el ser fracasado.
Fracaso total es cuando el hombre no hace nada, ni se propone metas, ni lucha por nada, ese nunca se sentirá fracasado, pero ese sí que es un fracasado. Porque el éxito real está en la lucha y bendito el fracaso, que me hace pensar que tengo metas elevadas y metas grandes. ¿Tiene usted metas? Entonces no ha fracasado.
No veamos el fracaso como lo que es: Un maestro, que nos enseña nuestras debilidades que tenemos que perfeccionar al igual que cualquier campeón en cualquier campo, y a la vez nos conserva humanos, humildes y nos ayudan a entender que en verdad, no somos Dios, somos simples criaturas y que sólo hay un dios que es perfecto y santo.
El hombre sabio e inteligente acepta la derrota como el maestro más valioso. En cambio los orgullosos, los altaneros nunca aprenderán de su fallas porque no las admiten.
Lo importante es su actitud, su forma de enfrentarse a los problemas, ver los errores como una lección y como un eslabón para superarnos.
Deténgase a pensar hoy un momento, en el fracaso del hijo de Dios: colgado en una cruz, como si fuera un criminal, abandonado por sus discípulos. Se ha detenido a pensar que ese es un fracaso increíblemente grande, visto humanamente, y...¿qué pasó con ese fracaso, o con esa muerte? Pues que gracias a esa muerte, resucitamos nosotros. Gracias a esa muerte, se nos abrieron las puertas del cielo. Vea usted cómo Dios supo transformar el fracaso de su hijo, en una gran victoria, porque muriendo en la cruz, nos salvó de la muerte eterna. No hay triunfos sin fracasos. ¡No hay Domingo de Resurrección sin Viernes Santo! ¡No hay gloria sin cruz1
Cualesquiera que sean las circunstancias en la vida de un hombre, un fracaso no es el fin de la jornada, sino solamente un paso a lo largo del camino. Cuando la derrota toque las puertas de su vida, su tarea va a consistir en no rendirse, nunca jamás, sino en levantarse y en continuar esforzándose de ir aprendiendo de su error para vencer-.
Comience cada día con el pensamiento motivador de que Dios lo acompaña a realizar todo lo que pueda ese día y que el Señor transforma sus posibles fracasos en grandes éxitos. Dios nos ama profundamente, es un amor que hacer surgir lo mejor de nosotros, no nos abandona cuando fallamos; sino que nos dice: "Estoy contigo, no te desanimes, juntos cambiaremos tu debilidad en fortaleza", porque Dios nos ama, aún y a pesar de lo que hemos hecho". ¡Esto es maravilloso! y nunca debemos olvidarlo en nuestra mente y corazón. Y recuerde: ¡Con dios usted es...Invencible!