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Aproximación a un hombre extraordinario


No aludiré a la exaltación reconocida de la inteligencia excepcional del Doctor Carlos Iván Zúñiga Guardia, de su impecable personalidad ciudadana y sus luchas por la consolidación nacional.

Deseo detenerme en esta ocasión evocadora de sus mejores legados a la patria, en los momentos en que tuve el honor de compartir con él sus luchas, a pesar de mis limitaciones personales y de mi vida sencilla de educadora. Nuestra coincidencia ocurrió desde el inicio de la dictadura militar de 1968, la incursión política que compartimos en la contienda electoral de 1984, bajo la advertencia de que se trataba de una misión docente y concientizadora, frente a la secuela ya transcurrida de muertes, exilios, a partir del golpe de estado y el reemplazo de la Constitución democrática que poseíamos desde 1946, por la actual de 1972 (emparchada, pero aún centralizante) cuyo artículo 277 consagraba con el nombre y apellido del primer dictador, el poder absoluto desde el gobierno nacional.

Así, continuamos con la resistencia civil en la década "sediciosa" de los años 80, en la calle y desde la emisora Radio Mundial, cerrada violentamente cuatro veces; la última en la Vía Argentina, donde patearon en su presencia a su hijo Carlos Iván, el dueño de la emisora y se los llevaron a los dos en una "chota" y, en otra, a su esposa Sydia y a mí… En fin, una muestra más de la barbarie del poder absoluto, del cual cada uno de los miles de civilistas panameños puede contar una historia similar, hasta que los opresores llevaron al país a sufrir una dolorosa invasión que no hubiéramos querido los que buscábamos el cambio pacífico, por la vía electoral, solamente con el pañuelo blanco en las manos, tal como él nos lo indicó. Luego tuve el honor de compartir su rectorado magnífico de la Universidad de Panamá, el cual fue un ejemplo de cómo debería conducirse el país nacional, sobre la práctica de principios honrados y justos.

En los últimos días de su vida, hace muy poco, siempre lúcido y claro, compartíamos los análisis políticos actuales con su esposa y el mío, considerábamos los preparativos legales (gracias a una Asamblea cómplice y doblegada) para establecer la vuelta al poder militar, por el presente gobierno, mientras la oposición política sigue repitiendo sus torpezas al fraccionarse y dividirse, una vez más, y arriesgar los resultados electorales, con el agravante de que el panorama actual es más adverso y devastador, por la crisis institucional que vivimos y los factores externos tan graves que nos afectan. Al despedirnos, las últimas palabras que escuché de Carlos Iván Zúñiga fueron: "Acuérdese que en lo nacional como en lo personal mi esperanza esta puesta en… Dios".

Sentí que a partir del fin de su vida terrenal, Carlos Iván soltó las ataduras naturales de las circunstancias y se adentró, como un modelo inmortal, hacia la leyenda, sobre hechos reales localizables a través de la trayectoria de su vida personal y ciudadana y cual el Sid Campeador, seguirá presidiendo el acontecer nacional, como el ejemplo a seguir para resolver los entuertos que se advierten próximamente para Panamá, sobre la base de sus principios permanentes, inclaudicables, de servir a nuestra nación y a su pueblo, para evitar que se repita la vivencia terrible del poder absoluto que se cierne sobre nosotros nuevamente.

101 años de Panamá América

 
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