Apuesta por la vida
El derecho a la vida, contenido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1789 -1948), conforma junto con el de la libertad individual, la educación, la cultura, los relacionados a opinión, expresión y asociación, una de las más sagradas conquistas de la humanidad; no obstante, esa categoría es continuamente vulnerada en todas las latitudes de la tierra.
Así las cosas , la batalla por el respeto de los derechos individuales y colectivos; por el cumplimiento de los derechos ciudadanos , es una lid que se libra todos los días, en todas las sociedades del mundo, ya que ninguna escapa a la aberración de prohibir, negar o subordinar, los derechos esenciales de las persona humana. Por consiguiente, luchar por sí mismo o por los demás, cuando se conculca o se amenaza la vida y la libertad, es un imperativo moral de las presentes generaciones, sobre todo, en las economías subdesarrolladas como las nuestras.
Y es que la vida está en cuestión cuando la colectividad no obtiene respuesta a sus necesidades vitales, cuando se encuentra sitiada por el desempleo, el subempleo, la desprotección laboral, el trabajo infantil, la criminalidad, la falta de salud, el racismo, la drogadicción, la violencia doméstica y sexual, la desigualdad de género; el femenicidio, la pornografía, la corrupción, la pobreza, la desesperanza y la inequidad, para mencionar sólo unos cuantos de la inmensa lista de flagelos que martirizan a los conciudadanos.
La vida está en cuestión cuando los privilegios de algunos prevalecen sobre las necesidades y carencias de la mayoría; cuando los desproporcionados emolumentos de unos cuantos, se erigen como testigos fehacientes de inequidad y desigualdad. Cuando el aumento de algunos productos básicos se cuela en la euforia dicembrina y temporaria de los consumidores; cuando se propone y aprueba un aumento de la energía eléctrica a contrapelo del bienestar de la población (esta alza uno de los elementos más inflacionarios); cuando se estructuran comisiones por la justicia y por la paz y sus propuestas pasan a convertirse en convidados de piedras en el festín de las designaciones de funcionarios (as) vinculados a la justicia y a la paz.
La vida está en cuestión cuando los que tienen que impartir justicia se convierten en juez y parte utilizando su poder para silenciar la palabra o, en acto de mala fe, intentan legitimar la conducta cuestionada, acusando a la sociedad civil de un terrorismo judicial para así descalificar la rendición de cuentas que le deben a la sociedad. La vida está en cuestión cuando los reos de delitos se convierten en juzgadores de sus víctimas y salen bien librados de sus culpas; cuando se cierne en el horizonte un porvenir incierto y angustiante.
Sin embargo, frente a todas las dificultades que atravesamos en el presente, comprometedoras de nuestro porvenir, acudimos a la sabiduría del Homo Sapiens Sapiens y a su condición social por excelencia para que al erguirse sobre sus desechos apueste por la vida.
Así las cosas , la batalla por el respeto de los derechos individuales y colectivos; por el cumplimiento de los derechos ciudadanos , es una lid que se libra todos los días, en todas las sociedades del mundo, ya que ninguna escapa a la aberración de prohibir, negar o subordinar, los derechos esenciales de las persona humana. Por consiguiente, luchar por sí mismo o por los demás, cuando se conculca o se amenaza la vida y la libertad, es un imperativo moral de las presentes generaciones, sobre todo, en las economías subdesarrolladas como las nuestras.
Y es que la vida está en cuestión cuando la colectividad no obtiene respuesta a sus necesidades vitales, cuando se encuentra sitiada por el desempleo, el subempleo, la desprotección laboral, el trabajo infantil, la criminalidad, la falta de salud, el racismo, la drogadicción, la violencia doméstica y sexual, la desigualdad de género; el femenicidio, la pornografía, la corrupción, la pobreza, la desesperanza y la inequidad, para mencionar sólo unos cuantos de la inmensa lista de flagelos que martirizan a los conciudadanos.
La vida está en cuestión cuando los privilegios de algunos prevalecen sobre las necesidades y carencias de la mayoría; cuando los desproporcionados emolumentos de unos cuantos, se erigen como testigos fehacientes de inequidad y desigualdad. Cuando el aumento de algunos productos básicos se cuela en la euforia dicembrina y temporaria de los consumidores; cuando se propone y aprueba un aumento de la energía eléctrica a contrapelo del bienestar de la población (esta alza uno de los elementos más inflacionarios); cuando se estructuran comisiones por la justicia y por la paz y sus propuestas pasan a convertirse en convidados de piedras en el festín de las designaciones de funcionarios (as) vinculados a la justicia y a la paz.
La vida está en cuestión cuando los que tienen que impartir justicia se convierten en juez y parte utilizando su poder para silenciar la palabra o, en acto de mala fe, intentan legitimar la conducta cuestionada, acusando a la sociedad civil de un terrorismo judicial para así descalificar la rendición de cuentas que le deben a la sociedad. La vida está en cuestión cuando los reos de delitos se convierten en juzgadores de sus víctimas y salen bien librados de sus culpas; cuando se cierne en el horizonte un porvenir incierto y angustiante.
Sin embargo, frente a todas las dificultades que atravesamos en el presente, comprometedoras de nuestro porvenir, acudimos a la sabiduría del Homo Sapiens Sapiens y a su condición social por excelencia para que al erguirse sobre sus desechos apueste por la vida.