Apuntes sobre bioética y urbanismo (1)
Gracias a una fina invitación de Luis Alberto Picard- Ami, psiquiatra amigo y médico de gran trayectoria nacional, ingresé a un grupo multidisciplinario que regularmente discute asuntos ligados al tema que hoy abordo con cautela. Los escritos de Fernando Lolas y Miguel H. Kottow han contribuido, en gran forma, ha elaborar estas modestas elucubraciones sobre tan importante cuestión humana.
La bioética es la disciplina científica que estudia los aspectos moralistas de la medicina y la biología en general. Su ejercicio no es otra cosa que un intento de lograr procedimientos seculares consensuados para formular, analizar y atenuar los dilemas que plantean los avances tecnológicos hoy día.
Según Lolas esta labor pretende, primordialmente, mitigar los dilemas que generan temas particulares, pues ellos -por definición- son problemas cuyas soluciones plantean nuevos problemas. Es por eso que aún se debate si la bioética debe considerarse un proceso social en vez de una materia que busca reconocimiento académico, pues se ha notado que la característica central de esta rápida expansión del movimiento tiene como centro el diálogo entre expertos y profanos.
Por tal motivo la bioética bien pudiera explicarse en la actualidad como una amalgama de prácticas, métodos y contenidos relacionados con el impacto de la tecnología en la vida y la salud humanas. Esta fórmula se puede aplicar al manejo del urbanismo, la planificación y la ecología regional, dado el concepto de ética global con énfasis en el medio ambiente que hoy es aceptado en muchos círculos del planeta.
El antecedente que más se puede aplicar al oficio que pretendo integrar hoy dentro de este análisis es el llamado comité de Seattle. Luego de la invención de la hemodiálisis en 1961, el procedimiento fue tan selectivo que un grupo heterogéneo de personas conformó un comité de ética -muchas de las cuales no eran médicos ni biólogos- para determinar quién recibía el novedoso proceso, teniendo en cuenta tanto la historia clínica, como el entorno vital del paciente.
En el caso específico de la arquitectura, la planificación y el urbanismo aflora con frecuencia el conflicto entre la maximización y la optimización. La primera -por definición- sugiere que un individuo, o un selecto grupo, pretende obtener lo mejor sin considerar a los demás. La segunda -por contraste- busca lo mejor posible, considerando los derechos de otros individuos o grupos y las incertidumbres propias de los ambientes cambiantes.
Así las cosas, el entorno y los servicios públicos de una urbe en particular contienen un número de componentes cuyo manejo puede incidir - positiva o negativamente - dentro de la calidad de vida de sus moradores. A manera de ejemplo, en Río de Janeiro planificadores, arquitectos y paisajistas integraron la extraordinaria belleza natural existente al diario acontecer de dicha ciudad.
111La bioética es la disciplina científica que estudia los aspectos moralistas de la medicina y la biología en general.
Aquí surge un fenómeno usual -el manejo de las discrepancias- en el que una comunidad puede estar de acuerdo sobre un proyecto dado, pero sustentado en razones disímiles entre los que la conforman. En esta discusión se establece con claridad la diferencia entre las motivaciones y las intenciones. Tal sería el caso de la preservación del bosque que conforma la cuenca del Canal, los parques nacionales que bordean parte de ella, las áreas verdes urbanas, la humanización del transporte público, el saneamiento de la bahía de Panamá junto a los ríos que la contaminan, el proyecto de la Cinta Costera y su adhesión a la calzada de Amador, además de la necesaria prolongación del Corredor Sur - sea por ruta marina o paralelo a la avenida Balboa - hasta conformar un verdadero plan vial de rápido desplazamiento periférico en la principal ciudad del país.
Seguro estoy que la mayoría estaríamos de acuerdo en llevar a cabo todos estos proyectos de provecho común. Sin embargo, y a pesar del bienestar colectivo que ellos generarían, esta aprobación - de llegarse a dar - se sustentará en múltiples y muy disímiles razones.
(rbermudez@cableonda.net)
La bioética es la disciplina científica que estudia los aspectos moralistas de la medicina y la biología en general. Su ejercicio no es otra cosa que un intento de lograr procedimientos seculares consensuados para formular, analizar y atenuar los dilemas que plantean los avances tecnológicos hoy día.
Según Lolas esta labor pretende, primordialmente, mitigar los dilemas que generan temas particulares, pues ellos -por definición- son problemas cuyas soluciones plantean nuevos problemas. Es por eso que aún se debate si la bioética debe considerarse un proceso social en vez de una materia que busca reconocimiento académico, pues se ha notado que la característica central de esta rápida expansión del movimiento tiene como centro el diálogo entre expertos y profanos.
Por tal motivo la bioética bien pudiera explicarse en la actualidad como una amalgama de prácticas, métodos y contenidos relacionados con el impacto de la tecnología en la vida y la salud humanas. Esta fórmula se puede aplicar al manejo del urbanismo, la planificación y la ecología regional, dado el concepto de ética global con énfasis en el medio ambiente que hoy es aceptado en muchos círculos del planeta.
El antecedente que más se puede aplicar al oficio que pretendo integrar hoy dentro de este análisis es el llamado comité de Seattle. Luego de la invención de la hemodiálisis en 1961, el procedimiento fue tan selectivo que un grupo heterogéneo de personas conformó un comité de ética -muchas de las cuales no eran médicos ni biólogos- para determinar quién recibía el novedoso proceso, teniendo en cuenta tanto la historia clínica, como el entorno vital del paciente.
En el caso específico de la arquitectura, la planificación y el urbanismo aflora con frecuencia el conflicto entre la maximización y la optimización. La primera -por definición- sugiere que un individuo, o un selecto grupo, pretende obtener lo mejor sin considerar a los demás. La segunda -por contraste- busca lo mejor posible, considerando los derechos de otros individuos o grupos y las incertidumbres propias de los ambientes cambiantes.
Así las cosas, el entorno y los servicios públicos de una urbe en particular contienen un número de componentes cuyo manejo puede incidir - positiva o negativamente - dentro de la calidad de vida de sus moradores. A manera de ejemplo, en Río de Janeiro planificadores, arquitectos y paisajistas integraron la extraordinaria belleza natural existente al diario acontecer de dicha ciudad.
111La bioética es la disciplina científica que estudia los aspectos moralistas de la medicina y la biología en general.
Aquí surge un fenómeno usual -el manejo de las discrepancias- en el que una comunidad puede estar de acuerdo sobre un proyecto dado, pero sustentado en razones disímiles entre los que la conforman. En esta discusión se establece con claridad la diferencia entre las motivaciones y las intenciones. Tal sería el caso de la preservación del bosque que conforma la cuenca del Canal, los parques nacionales que bordean parte de ella, las áreas verdes urbanas, la humanización del transporte público, el saneamiento de la bahía de Panamá junto a los ríos que la contaminan, el proyecto de la Cinta Costera y su adhesión a la calzada de Amador, además de la necesaria prolongación del Corredor Sur - sea por ruta marina o paralelo a la avenida Balboa - hasta conformar un verdadero plan vial de rápido desplazamiento periférico en la principal ciudad del país.
Seguro estoy que la mayoría estaríamos de acuerdo en llevar a cabo todos estos proyectos de provecho común. Sin embargo, y a pesar del bienestar colectivo que ellos generarían, esta aprobación - de llegarse a dar - se sustentará en múltiples y muy disímiles razones.
(rbermudez@cableonda.net)