¿Aquí no pasa nada?
HACE UNOS años una joven periodista chilena escribió en su libro "Cabe preguntarse por los motivos que tiene un magistrado determinado para doblegarse a la presión de un empresario o político poderoso, o a sus propios sentimientos de amistad en favor de una parte en un juicio. En el futuro, nada asegura que los cambios en las estructuras impidan que algunos magistrados sigan moviéndose guiados por los intereses de los poderes involucrados en la definición de sus destinos. Ni que el poder político se sienta tentado de imponer sus opiniones".
El texto se llama "El Libro Negro de la Justicia Chilena", y en menos de 24 horas de ser publicado en su país, y en una de las más rápidas y eficientes acciones de la justicia chilena, todos los ejemplares fueron requisados por orden del ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, y la orden fue tramitada en función de un requerimiento por Ley de Seguridad del Estado. La autora se vio forzada a salir del país. ¿Por qué tan dura reacción contra un libro? Porque develaba el trasfondo de la realidad de las instituciones jurídicas de ese país.
Hoy, en Panamá, uno no puede dejar de sentir que existe material suficiente acumulado para escribir varios libros negros (o de cualquier color) sobre las crisis de la justicia panameña.
Sólo hay que recordar entre tantos hechos. El fallo de la Corte Suprema sobre el caso CEMIS y los salvamentos de votos. Es un " fallo que decide la nulidad de lo actuado, así como el archivo del referido expediente con sustento en una desnaturalizada inmunidad parlamentaria de los legisladores de la República... se trata de un acto de corrupción grave en el que uno de los implicados confiesa públicamente la comisión del hecho delictivo. Desde enero de 2002, importantes sectores del país pedimos a los señores legisladores el levantamiento de la inmunidad parlamentaria, pedimos al Ministerio Público una investigación sumarial apegada a la ley y al debido proceso y a la Corte Suprema de Justicia un fallo apegado a la Constitución y a la ley y no a intereses políticos o partidistas" proclamaba un comunicado de la sociedad civil de ese entonces.
Como si fuera poco, el magistrado Cigarruista confesaba espontánea y públicamente a un medio de comunicación, que conoce aspectos concretos del soborno de funcionarios en el caso CEMIS, y que el procurador General sabía del asunto. Por ello, diversas asociaciones privadas, civiles y del movimiento popular exigieron la renuncia de los magistrados Cigarruista y Spadafora, sus suplente y el procurador. Además del levantamiento de la inmunidad de los legisladores para que puedan ser debidamente investigados y una auditoría ciudadana del caso CEMIS y de la ratificación de esos magistrados de la Corte.
Hace unas semanas, la Procuradora General de la Nación señaló la responsabilidad de la Corte en la no resolución de muchos de los casos pendientes, y hoy vivimos inmersos en un nuevo escándalo cuando en el seno de la misma Corte Suprema de Justicia afloran las acusaciones de corrupción, hasta el punto que la Iglesia católica afirma y confirma el sentimiento ciudadano: "la justicia está podrida".
Todos esto se ve agravado por la percepción general de que no pasará nada y que las cosas seguirán igual, lo que es producto de un acumulado de decepciones y frustraciones ciudadanas ante la impunidad, que hace a muchos exclamar que "a este país no lo compone nadie".
Esto no puede continuar. Es imprescindible actuar efectivamente en este momento, pues lo que está en juego no sólo el Órgano Judicial, sino todas las instituciones; pues, si el Legislativo no asume su papel se sumirá aún más en la ciénaga del desprestigio, lesionando aún más la gobernabilidad democrática.
Resiliencia, define Ramón Folch , es la resistencia de los sistemas a abandonar sus formas de operar. Es una especie de pereza al cambio cuando creen que el presente funciona y tiende a ser como ya fue. En Panamá existe en aquellos que piensan que esta realidad todavía funciona, o que sólo hay que realizar cambios cosméticos para que la vida siga igual. También asumen la histéresis, que es la tardanza en responder a un estímulo, lo que puede llevar luego a impulsar respuestas desproporcionadas y tardías.
Frente a todo ello, hay que levantar el posibilismo, arte de hacer posible lo imposible (o por lo menos, de no hacer imposible lo posible). Es la habilidad para poner los recursos al servicio de las ideas. A esto nos invita la realidad actual. Algo, pues, tiene que pasar; pero en dirección a construir una mejor sociedad y una mejor justicia para todos y todas.
(raulleis.hotmail.com)
El texto se llama "El Libro Negro de la Justicia Chilena", y en menos de 24 horas de ser publicado en su país, y en una de las más rápidas y eficientes acciones de la justicia chilena, todos los ejemplares fueron requisados por orden del ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, y la orden fue tramitada en función de un requerimiento por Ley de Seguridad del Estado. La autora se vio forzada a salir del país. ¿Por qué tan dura reacción contra un libro? Porque develaba el trasfondo de la realidad de las instituciones jurídicas de ese país.
Hoy, en Panamá, uno no puede dejar de sentir que existe material suficiente acumulado para escribir varios libros negros (o de cualquier color) sobre las crisis de la justicia panameña.
Sólo hay que recordar entre tantos hechos. El fallo de la Corte Suprema sobre el caso CEMIS y los salvamentos de votos. Es un " fallo que decide la nulidad de lo actuado, así como el archivo del referido expediente con sustento en una desnaturalizada inmunidad parlamentaria de los legisladores de la República... se trata de un acto de corrupción grave en el que uno de los implicados confiesa públicamente la comisión del hecho delictivo. Desde enero de 2002, importantes sectores del país pedimos a los señores legisladores el levantamiento de la inmunidad parlamentaria, pedimos al Ministerio Público una investigación sumarial apegada a la ley y al debido proceso y a la Corte Suprema de Justicia un fallo apegado a la Constitución y a la ley y no a intereses políticos o partidistas" proclamaba un comunicado de la sociedad civil de ese entonces.
Como si fuera poco, el magistrado Cigarruista confesaba espontánea y públicamente a un medio de comunicación, que conoce aspectos concretos del soborno de funcionarios en el caso CEMIS, y que el procurador General sabía del asunto. Por ello, diversas asociaciones privadas, civiles y del movimiento popular exigieron la renuncia de los magistrados Cigarruista y Spadafora, sus suplente y el procurador. Además del levantamiento de la inmunidad de los legisladores para que puedan ser debidamente investigados y una auditoría ciudadana del caso CEMIS y de la ratificación de esos magistrados de la Corte.
Hace unas semanas, la Procuradora General de la Nación señaló la responsabilidad de la Corte en la no resolución de muchos de los casos pendientes, y hoy vivimos inmersos en un nuevo escándalo cuando en el seno de la misma Corte Suprema de Justicia afloran las acusaciones de corrupción, hasta el punto que la Iglesia católica afirma y confirma el sentimiento ciudadano: "la justicia está podrida".
Todos esto se ve agravado por la percepción general de que no pasará nada y que las cosas seguirán igual, lo que es producto de un acumulado de decepciones y frustraciones ciudadanas ante la impunidad, que hace a muchos exclamar que "a este país no lo compone nadie".
Esto no puede continuar. Es imprescindible actuar efectivamente en este momento, pues lo que está en juego no sólo el Órgano Judicial, sino todas las instituciones; pues, si el Legislativo no asume su papel se sumirá aún más en la ciénaga del desprestigio, lesionando aún más la gobernabilidad democrática.
Resiliencia, define Ramón Folch , es la resistencia de los sistemas a abandonar sus formas de operar. Es una especie de pereza al cambio cuando creen que el presente funciona y tiende a ser como ya fue. En Panamá existe en aquellos que piensan que esta realidad todavía funciona, o que sólo hay que realizar cambios cosméticos para que la vida siga igual. También asumen la histéresis, que es la tardanza en responder a un estímulo, lo que puede llevar luego a impulsar respuestas desproporcionadas y tardías.
Frente a todo ello, hay que levantar el posibilismo, arte de hacer posible lo imposible (o por lo menos, de no hacer imposible lo posible). Es la habilidad para poner los recursos al servicio de las ideas. A esto nos invita la realidad actual. Algo, pues, tiene que pasar; pero en dirección a construir una mejor sociedad y una mejor justicia para todos y todas.
(raulleis.hotmail.com)