Arafat
Ayer se dio funeral de Jefe de Estado al líder palestino Yasser Arafat. Si se puede resumir en una palabra la personalidad y la trayectoria de Arafat, esta es "Contradicción". Arafat creó la nacionalidad palestina pero no pudo crear el Estado Palestino; fomentó el terrorismo, pero recibió el Premio Nobel de la Paz; estableció su base en Jordania con el aval del Rey Hussein, pero luego intentó derrocarlo; se trasladó al Líbano con el apoyo de la comunidad libanesa, pero luego fue un factor de su guerra civil; recibió apoyo financiero de los Estados del Golfo, pero se alió a Sadam Hussein cuando éste invadió Kuwait; decía una cosa en sus discursos en inglés y lo contrario en la versión en árabe.
Arafat era un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma. Se dijo de él alguna vez que nunca perdió una oportunidad para perder una oportunidad, sin embargo había sido hasta ahora el gran sobreviviente de tan convulsa región y con ello el gran factor de solución y complicación del conflicto entre árabes e israelíes. Con su partida, lo primero seguramente y quizás también lo segundo quedarán atrás en espera de otros protagonistas. Definitivamente fue una persona compleja que producía entre quienes lo trataron o fueron impactados por sus acciones y omisiones, emociones intensas, tanto a favor como en contra.
Arafat en su postura de "todo o nada", no fue capaz enfrentar a los radicales en su pueblo y aceptar una paz que diera paso a un Estado Palestino viable, aunque imperfecto, en un primer paso hacia su consolidación ulterior. Pero se acercó lo suficiente a la solución como para que sus sucesores puedan reinterpretarlo y dar los pasos necesarios para crear un Estado Palestino con esas características.
De los habitantes de fe musulmana y de fe cristiana que poblaba una oscura provincia del Imperio Otomano que luego administró Gran Bretaña, Yasser Arafat construyó la nación palestina. Una nación que, a pesar que nunca había existido como Estado, hoy en día tiene una identidad claramente diferenciada de los egipcios, los jordanos, los libaneses y los israelíes. Con base en esa identidad logró que todas las naciones, incluyendo a Israel, reconocieran la necesidad y justicia de que se creara un Estado Palestino para esa nación.
A partir de ahora, la persona de Arafat deja de existir para dar nuevo impulso al proyecto fundacional del Estado Palestino. Para el pueblo palestino y sus simpatizantes, sus múltiples defectos se irán borrando y se irá construyendo una persona mítica. De esa figura los dirigente palestinos deberán obtener la inspiración y la validación de sus objetivos inconclusos de crear un Estado en paz con sus vecinos.
Hay líderes para la guerra y líderes para la paz. Arafat procuró ser ambos sin lograr a plenitud ninguno. Su vocación guerrera le sirvió para fraguar a sangre y fuego la nación palestina pero no pudo, como hombre de paz, lograr un acuerdo para verla convertida en Estado. A los líderes para la paz que le sucedan y sobrevivan les corresponderá completar la tarea. Se abre un nuevo capítulo en la historia y otro en la leyenda.
Arafat era un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma. Se dijo de él alguna vez que nunca perdió una oportunidad para perder una oportunidad, sin embargo había sido hasta ahora el gran sobreviviente de tan convulsa región y con ello el gran factor de solución y complicación del conflicto entre árabes e israelíes. Con su partida, lo primero seguramente y quizás también lo segundo quedarán atrás en espera de otros protagonistas. Definitivamente fue una persona compleja que producía entre quienes lo trataron o fueron impactados por sus acciones y omisiones, emociones intensas, tanto a favor como en contra.
Arafat en su postura de "todo o nada", no fue capaz enfrentar a los radicales en su pueblo y aceptar una paz que diera paso a un Estado Palestino viable, aunque imperfecto, en un primer paso hacia su consolidación ulterior. Pero se acercó lo suficiente a la solución como para que sus sucesores puedan reinterpretarlo y dar los pasos necesarios para crear un Estado Palestino con esas características.
De los habitantes de fe musulmana y de fe cristiana que poblaba una oscura provincia del Imperio Otomano que luego administró Gran Bretaña, Yasser Arafat construyó la nación palestina. Una nación que, a pesar que nunca había existido como Estado, hoy en día tiene una identidad claramente diferenciada de los egipcios, los jordanos, los libaneses y los israelíes. Con base en esa identidad logró que todas las naciones, incluyendo a Israel, reconocieran la necesidad y justicia de que se creara un Estado Palestino para esa nación.
A partir de ahora, la persona de Arafat deja de existir para dar nuevo impulso al proyecto fundacional del Estado Palestino. Para el pueblo palestino y sus simpatizantes, sus múltiples defectos se irán borrando y se irá construyendo una persona mítica. De esa figura los dirigente palestinos deberán obtener la inspiración y la validación de sus objetivos inconclusos de crear un Estado en paz con sus vecinos.
Hay líderes para la guerra y líderes para la paz. Arafat procuró ser ambos sin lograr a plenitud ninguno. Su vocación guerrera le sirvió para fraguar a sangre y fuego la nación palestina pero no pudo, como hombre de paz, lograr un acuerdo para verla convertida en Estado. A los líderes para la paz que le sucedan y sobrevivan les corresponderá completar la tarea. Se abre un nuevo capítulo en la historia y otro en la leyenda.