Aranceles y modernización del agro
Sin violar un ápice de lo convenido con la Organización Mundial de Comercio (OMC), el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso honró su promesa de revisar y aumentar los aranceles de importación a un número plural de rubros agropecuarios.
Ante el hecho, la reacción de los sectores importadores, principalmente, del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CoNEP) y de los Comerciantes de Víveres, que agrupa a las grandes cadenas de supermercados (ACOVIPA), fue de moderada y responsable discrepancia, frente a una administración que no alcanza siquiera los dos meses. Pero aun así fueron claros en advertir que el tiempo concedido debe ser aprovechado por los beneficiados y por el gobierno para emprender un enérgico programa de modernización y reconversión.
Las nuevas tasas son elevadas, y no dejan duda de que los vientos y las reglas internas de juego han cambiado, dejando clara la determinación oficial de proteger al agro en los próximos cinco años, justo el período del incremento. La gradualidad es, sin embargo, mínima, lo que no debiera entenderse como un mensaje en menoscabo de la necesaria modernización, frente a una apertura que es inevitable.
La excepción del azúcar y el tomate, que en sus respectivas industrias generan entre ambas arriba de 25 mil empleos directos y más del doble de empleos indirectos, fue inexplicable. Ambos rubros serán protegidos a partir de enero próximo, al contrario de los demás, cuyos nuevos aranceles son de efecto inmediato.
Seguramente, la postergación fue para permitir la introducción de tomate y azúcar foránea a industrias locales que ya tenían pedidos en trámites, con el inconveniente de que por ese resquicio se están produciendo masivas importaciones que seguramente harán descender las siembras, cosechas y empleos por los próximos dos años, con negativo saldo para la golpeada economía de Coclé y provincias centrales.
Mas, al margen de lo anterior, la intención del alza de aranceles es, en general, conceder al agro tiempo para modernizarse o reconvertirse hacia rubros más rentables. Y en ese aspecto hay que tener presente la integridad del problema, que no es solo la producción, sino también la comercialización, que encarece innecesariamente el producto en su tortuoso camino hacia el consumidor. Es una interminable e ineficiente cadena de intermediarios que convierte al productor y al consumidor en sus víctimas predilectas.
Modernizarse implica cosechar más al menor costo, pero también conlleva mejorar los sistemas y capacidad de almacenaje, conservación, presentación y empaque del producto, en los que nos supera el producto importado. Pero también hay que hacer más eficiente el mercadeo, que es lo que hace que, por ejemplo, en Costa Rica, un agricultor reciba más que su colega panameño por el mismo producto y, en cambio, sea allá más barato para el consumidor. Lo que ocurre es que en nuestro caso, la cadena de intermediarios encarece desventajosamente el producto en perjuicio del agricultor y del consumidor, siendo esa misma cadena la responsable de aupar las importaciones a bajos aranceles para retener para sí la diferencia de los menores costos, sin que la rebaja llegue al consumidor.
Ante el hecho, la reacción de los sectores importadores, principalmente, del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CoNEP) y de los Comerciantes de Víveres, que agrupa a las grandes cadenas de supermercados (ACOVIPA), fue de moderada y responsable discrepancia, frente a una administración que no alcanza siquiera los dos meses. Pero aun así fueron claros en advertir que el tiempo concedido debe ser aprovechado por los beneficiados y por el gobierno para emprender un enérgico programa de modernización y reconversión.
Las nuevas tasas son elevadas, y no dejan duda de que los vientos y las reglas internas de juego han cambiado, dejando clara la determinación oficial de proteger al agro en los próximos cinco años, justo el período del incremento. La gradualidad es, sin embargo, mínima, lo que no debiera entenderse como un mensaje en menoscabo de la necesaria modernización, frente a una apertura que es inevitable.
La excepción del azúcar y el tomate, que en sus respectivas industrias generan entre ambas arriba de 25 mil empleos directos y más del doble de empleos indirectos, fue inexplicable. Ambos rubros serán protegidos a partir de enero próximo, al contrario de los demás, cuyos nuevos aranceles son de efecto inmediato.
Seguramente, la postergación fue para permitir la introducción de tomate y azúcar foránea a industrias locales que ya tenían pedidos en trámites, con el inconveniente de que por ese resquicio se están produciendo masivas importaciones que seguramente harán descender las siembras, cosechas y empleos por los próximos dos años, con negativo saldo para la golpeada economía de Coclé y provincias centrales.
Mas, al margen de lo anterior, la intención del alza de aranceles es, en general, conceder al agro tiempo para modernizarse o reconvertirse hacia rubros más rentables. Y en ese aspecto hay que tener presente la integridad del problema, que no es solo la producción, sino también la comercialización, que encarece innecesariamente el producto en su tortuoso camino hacia el consumidor. Es una interminable e ineficiente cadena de intermediarios que convierte al productor y al consumidor en sus víctimas predilectas.
Modernizarse implica cosechar más al menor costo, pero también conlleva mejorar los sistemas y capacidad de almacenaje, conservación, presentación y empaque del producto, en los que nos supera el producto importado. Pero también hay que hacer más eficiente el mercadeo, que es lo que hace que, por ejemplo, en Costa Rica, un agricultor reciba más que su colega panameño por el mismo producto y, en cambio, sea allá más barato para el consumidor. Lo que ocurre es que en nuestro caso, la cadena de intermediarios encarece desventajosamente el producto en perjuicio del agricultor y del consumidor, siendo esa misma cadena la responsable de aupar las importaciones a bajos aranceles para retener para sí la diferencia de los menores costos, sin que la rebaja llegue al consumidor.