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Argentina: democracia adolescente


Buenos Aires /AIPE.- El 75% de los argentinos no quiere que el presidente Menem tenga otra oportunidad de ser electo. Este es el dato fundamental contra el que choca y muere la ambición del presidente y sus seguidores para obtener la posibilidad de otro período. Es el único dato que, además, salva a las débiles instituciones argentinas de un claro retroceso.
No es que todos los argentinos comprendan el importante papel que cumple la división de poderes o la alternancia en el poder. Muchos de ellos se oponen a esta posibilidad porque no están de acuerdo con los resultados obtenidos durante esta gestión, por las denuncias de corrupción que rodean al poder o simplemente por estar cansados de un mismo gobierno durante diez años. La oposición tampoco enarbola este principio. Muy probablemente sería otra su actitud si se tratara de la continuidad de ellos mismos en el gobierno.
Pero de todas formas, todo contribuye a que ese alto porcentaje impida la manipulación de las instituciones y rescate un importante principio republicano cual es la alternancia en el poder. Claro, los partidarios de la democracia, no ya de la república, y particularmente de la democracia ilimitada, sostienen que se burla la voluntad popular al no permitirle al pueblo expresarse a favor o en contra de un nuevo mandato. No obstante, en toda república, y nuestros países lo son, hay cosas que no están sujetas al voto mayoritario: no sometemos a consulta el respeto de los derechos individuales, entre otras cosas.
Las reglas de juego de una democracia pueden ser modificadas, pero siempre a través de claros mecanismos de reforma. En el caso de la Argentina, el presidente Menem tiene impedido acceder a un nuevo mandato porque la reforma de la constitución del año 1994 solamente permite una reelección continuada y una disposición transitoria estableció que el presente es considerado su segundo mandato. Para cambiar esto sería necesario modificar el texto de la constitución... ¿o interpretarlo? Esta pareció ser la estrategia de los seguidores del presidente contando con un fallo favorable de la Corte Suprema, lo cual se potenció cuando un juez federal aceptó el recurso presentado por el Partido Justicialista de Córdoba, permitiendo al presidente participar en la elección interna partidaria. Una estrategia podría haber sido la de participar en la elección interna, derrotar a su actual rival, Eduardo Duhalde, y luego poner en aprietos a la Corte Suprema ya que si decidiera que Menem no puede ser reelecto dejaría al peronismo sin candidato. Por el momento esto no ha sucedido, y puede ser también que Menem lo aproveche para socavar los chances de Duhalde y favorecer las de otro candidato peronista que no le haga sombra dentro de cuatro años.
Maquiavelo debe estar sonriendo en su tumba. Pero para el resto de los argentinos esto no parece ser gracioso, ni parecen tampoco admirar la astucia, cuando se dirige a objetivos poco claros. Por tal razón el porcentaje de los que se oponen a esto es tan alto. Y por esa razón también, las posibilidades de que las instituciones argentinas se fortalezcan son ciertas. El país ha protagonizado grandes cambios en los últimos años. No obstante, no necesita que éstos dependan de líderes carismáticos. Los cambios se realizaron porque el país quebró y la gente los demandaba. La aún joven democracia argentina, ya que volvió a nacer luego de años de dictaduras, y la también joven economía estable, la que también volvió a nacer luego de décadas de caos, necesitan madurar y crecer.
Estos manejos simplemente la mantienen en la adolescencia.

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