Argentina: Kirchner empieza con el pie izquierdo
El nuevo presidente argentino Néstor Kirchner inicia su mandato con el pie izquierdo. Pie izquierdo no sólo por su inclinación abierta a dictadores como el comunista Fidel Castro, invitado de honor a la toma de posesión, que lanzó arengas contra Estados Unidos en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, sino porque empieza su gobierno con un enfrentamiento radical contra las fuerzas armadas.
Antes de entrar a la Casa Rosada, Kirchner anunció su decisión de pasar a retiro un número elevado e inesperado por su cuantía, de generales, almirantes y brigadieres de aviación. Según "La Nación" de Buenos Aires, el gobernante peronista se propone mandar a su casa al 75% de los generales del ejército, al 50% de los almirantes y al 50% de la oficialidad de la fuerza aérea.
Tal como expresa el rotativo argentino en un editorial "descabezar en un solo acto a la cúpula de las Fuerzas Armadas en una proporción que no reconoce precedentes desde 1983, significaría producir un quiebre tan innecesario como irracional, sobre todo teniendo en cuenta que la decisión afecta a una oficialidad que ha dado sobradas pruebas de su disciplinado acatamiento a las instituciones y de su vocación de servir a la democracia".
Dos hipótesis circulan en los mentideros políticos argentinos. Una deduce que Kirchner se ha adelantado a un posible golpe militar, temiendo una insurrección militar por la desconfianza que puede generar su relación con los terroristas urbanos Montoneros, de acuerdo a denuncia de Menem; la otra asevera que ha revivido la pugna histórica entre peronismo y militares. Hasta las presidencias de Menem, la historia de la relación de militares y peronistas fue, como el título de una novela de Eduardo Mallea, " historia de una pasión argentina".
En una época virulenta, iniciada cuando el coronel Juan Domingo Perón lisonjeaba a las masas obreras desde la Secretaría de Trabajo, las fuerzas armadas tumbaron después al mismo Perón, al presidente dentista Oswaldo Cámpora, luego a Isabelita Martínez, esposa de Perón que pretendió revivir infructuosamente la leyenda populista de Evita.
Dictaduras militares represivas se sucedieron a lo largo de un período cuya exhumación resultaría desastrosa para un país tan golpeado económicamente como Argentina. Situaciones de estabilidad y no de conflictividad requiere la gran nación del Plata para exorcizar los fantasmas del pasado peronista.
Antes de entrar a la Casa Rosada, Kirchner anunció su decisión de pasar a retiro un número elevado e inesperado por su cuantía, de generales, almirantes y brigadieres de aviación. Según "La Nación" de Buenos Aires, el gobernante peronista se propone mandar a su casa al 75% de los generales del ejército, al 50% de los almirantes y al 50% de la oficialidad de la fuerza aérea.
Tal como expresa el rotativo argentino en un editorial "descabezar en un solo acto a la cúpula de las Fuerzas Armadas en una proporción que no reconoce precedentes desde 1983, significaría producir un quiebre tan innecesario como irracional, sobre todo teniendo en cuenta que la decisión afecta a una oficialidad que ha dado sobradas pruebas de su disciplinado acatamiento a las instituciones y de su vocación de servir a la democracia".
Dos hipótesis circulan en los mentideros políticos argentinos. Una deduce que Kirchner se ha adelantado a un posible golpe militar, temiendo una insurrección militar por la desconfianza que puede generar su relación con los terroristas urbanos Montoneros, de acuerdo a denuncia de Menem; la otra asevera que ha revivido la pugna histórica entre peronismo y militares. Hasta las presidencias de Menem, la historia de la relación de militares y peronistas fue, como el título de una novela de Eduardo Mallea, " historia de una pasión argentina".
En una época virulenta, iniciada cuando el coronel Juan Domingo Perón lisonjeaba a las masas obreras desde la Secretaría de Trabajo, las fuerzas armadas tumbaron después al mismo Perón, al presidente dentista Oswaldo Cámpora, luego a Isabelita Martínez, esposa de Perón que pretendió revivir infructuosamente la leyenda populista de Evita.
Dictaduras militares represivas se sucedieron a lo largo de un período cuya exhumación resultaría desastrosa para un país tan golpeado económicamente como Argentina. Situaciones de estabilidad y no de conflictividad requiere la gran nación del Plata para exorcizar los fantasmas del pasado peronista.