Arias Calderón, estandarte de la democracia
El discurso que Ricardo Arias Calderón pronunciara el 18 de enero en la Convención Nacional del Partido Popular, ha suscitado muchas críticas por parte de algunos que se rasgan las vestiduras, pero no sueñan con tener la capacidad intelectual y la verticalidad política que toda su vida, hasta en los momentos de su angustiosa enfermedad, ha demostrado el ex líder de la Democracia Cristiana panameña, latinoamericana y mundial, privado de la Presidencia de la República por algunos políticos mediocres y envidiosos.
Ricardo hizo alusión al carácter autocrático de Arnulfo Arias, que la realidad muestra fue la causa principal de sus tres derrocamientos; en ningún momento lo justificó. Estableció un parangón entre Arias Madrid y el candidato opositor Ricardo Martinelli, a quien él considera será tan autocrático como lo fue el legendario dirigente panameñista. Los que no están de acuerdo con ese juicio podrán disentir del mismo, pero como demócrata que soy, y que como ninguno lo ha sido Arias Calderón, tengo que refrendar su derecho a pronunciar su opinión. En eso precisamente consiste la democracia. El derecho que Ricardo tiene para apoyar a Balbina Herrera es el mismo que tengo yo para oponerme a ella. ¿O es que queremos una democracia circense donde sólo sea válido lo que una parte sostiene?
Conozco a Ricardo desde hace más de cuarenta años y, por ello, la enfermedad que lo consume física, pero no mentalmente. Lo que él hizo el domingo 18 fue producto legítimo de lo que él, como ferviente demócrata, piensa. Tiene derecho a ello. ¿O es que viviremos el resto de nuestra vida pensando que Balbina, por haber sido batallonera, amiga de Noriega, parte de un gobierno corrupto como éste, amiga de Chávez, no tiene derechos políticos? ¿Vamos a continuar aferrados a un pasado cuyas páginas, nos guste o no, han sido pasadas para llegar adonde estamos, a escasas semanas de la cuarta elección democrática desde el ’89?
Mi libro "Las Montañas sí se mueven", próximo a la luz pública, además de a mi esposa y a mi difunto padre, lo dedico también a Arias Calderón, para mí -y para una pléyade de hombres comprometidos con la democracia- el gran maestro de la política panameña y el compatriota más preparado y desprendido -en este álgido ámbito- que jamás haya conocido el Istmo. Su condición demócrata hasta el tuétano nadie la puede cuestionar, aún cuando, a nuestro juicio, esté equivocado por apoyar a Balbina Herrera. Cuando lo llamé en junio pasado para anunciarle mi decisión de apoyar a Martinelli, él me dijo que no compartía mi decisión. Lo comprendí: la esencia de la democracia es ésa; el respeto al derecho a disentir.
*Escritor, político, académico, abogado, pero sobre todo amigo
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