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Aristide: Un ejemplo


Haití siempre ha sido una tiranía teratológica, es un país de unos ocho millones de habitantes, en su mayoría de piel negra y habla francesa. Se independió de Francia cuando las guerras independentistas latinoamericanas de comienzos del XIX.
El idioma nativo ha sido el francés y en los dos siglos últimos, Haití, dominado por su ejército, que controla todos los resortes políticos y militares, y sus jefes se eternizaron como dictadores. Uno de ellos, hace unas décadas, fue el célebre Duvalier, alias Papa-Doc, quien dejó como sucesor a su hijo, quien no dio la talla y poco estuvo en el poder, pues no pudo controlar la situación política y carecía de la astucia poco escrupulosa de su padre. El pueblo ha sido víctima del vudú, de la brujería, del poder castrense, de sus tiranos ensoberbecidos y macabros. En las décadas últimas, Haití no ha podido superar sus condiciones de satrapía eterna, aherrojada por sus frecuentes dictadores que se apoyan en las armas y que saben que el poder su ubica en la punta de las bayonetas, como lo hizo Jean Bertrand Aristide, quien acaba de huir hacia Africa. La miseria haitiana es difícilmente erradicable, debido a las mismas condiciones de sus clases sociales y falta de recursos económicos. Haití se encuentra prácticamente segregado del resto del mundo. La aventura tiránica de Aristide debe servirnos de ejemplo. Cuando el pueblo se acostumbra al gobierno policíaco, de estirpe ecleptocrática o ladrona, entones surge la fila de "Hombres fuertes", con los fusiles de los cuarteles. Después de unos 13 años de dictadura torrijista y de 8 años de narcodictadura norieguista, ya comenzábamos a acostumbrarnos, como pueblo atemorizado por los que mataban y cobraban. Las circunstancias hicieron posible su repudio militante contra el narcodictador norieguista, cercado su jefe por la tropa estadinense, decidió agregarse, para su salvación de muerte probable, pero no del juicio de Miami.
Muchos de los que se están preparando para votar en mayo próximo parecen haber olvidado que uno de los frutos amargos del torrijismo fue el brazo "milico" denominado PRD, cuya obra de gobierno dejó la huella atroz de gran número de asesinados y desaparecidos; una deuda pública, para los préstamos del planificador Barletta, que pasó de seis millones de balboas, hoy incrementada en unos tres o cuatro millones más. Robos a diestra y siniestra. Eran los tiempos en que ni los ministros sabían cuándo los nombraban ni cuándo los quitaban. Expulsiones o destierros de panameños que se oponían a los desmanes del dictador. Las elecciones eran simple farsa y el Tribunal Electoral, sabiamente, se lava las manos.
La situación se hizo crítica con el gobierno de Noriega, porque entonces reinó el narcotráfico controlado por la narcodictadura, vía Norteamérica. Fraudes electorales y crímenes atroces, como el del médico Spadafora, se dieron impunemente. El pueblo protestaba, hombres y mujeres daban con ellos en la cárcel. Se produjo el llamado "Viernes Negro" cuando todas las personas sufrieron las atrocidades y las cárceles norieguistas. Estados Unidos preparó innecesariamente la Invasión de Panamá y la llevaron a afecto a mansalva. Las víctimas panameñas, hasta donde se sabe, fueron 300 miembros de las Fuerzas de Defensa y 200 civiles. Endara, Arias Calderón y Ford fueron llevados a la presidencia, por la invasión norteña que los cuidó.
Después vino el gobierno de Pérez B., ganando en las urnas, rodeado por su PRD. Las privatizaciones del INTEL y el IRHE, y algunas otras por el estilo, la Reforma del Código de Trabajo para favorecer a los patronos, la lluvia de licitaciones en la ARI. Todo siguió por el estilo, pues el país estaba en venta al capital extranjero.
Todo ello parece que se ha olvidado. Muchos jóvenes están muy alegres por que van a votar por primera o segunda vez. Pero nosotros no lo olvidamos para que no se borre con el olvido. Ojalá que en un momento de lucidez tampoco lo olvide el pueblo, ya que en mayo se votará, ya por Endara, por Martincito-Toro, por zapatos del pueblo, por el "rubio del Canal". No sigamos en el camino, por ese espejo de hoy: Aristide.
Quizás con la seguridad de un castigo ejemplar y de su tranquilidad futura, se puede persuadir a las partes para deponer sus actitudes y convivir con el rescate de los valores cívicos y morales no sólo perdidos, sino desconocidos para muchos.
Preocupa realmente la tonalidad que vienen tomando las reclamaciones, las venganzas y los ajustes entre los pandilleros.
Urge una acción enérgica que desaliente la creciente incursión en el pandillerismo, para lo cual es imprescindible revisar el Código de la Familia y del Menor, para encontrar mayor capacidad de respuesta en lo legal, a las acciones delictivas, hasta ahora impunes, en las que participan los menores de edad, erróneamente protegidos por una legislación desfasada, que parece regular conductas de los primeros años del pasado siglo, cuando la autoridad paterna, educativa, religiosa y policiva, gozaban del respeto y obediencia pública.
Los tiempos han cambiado y la minoría de edad penetra en actos peligrosos, que ni los propios adultos osarían realizar.
En Panamá seamos conscientes de la responsabilidad que nos corresponde ante la gravedad de los hechos analizados en este artículo, porque solamentelo de esta forma, pondremos un freno al pandillerismo nefasto que cobra fuerzas entre nuestros adolescentes.

101 años de Panamá América

 
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