Armas para Taiwán y Libia
La semana que ha concluido torció la mirada del mundo hacia dos medidas que parecen retrotraer al planeta a los años de la guerra fría. Mientras que Estados Unidos anunció una venta de seis mil millones de dólares en armas a Taiwán, Rusia dijo que le otorgaría mil 300 millones de dólares en armamentos a Libia. Movimiento en el tablero del ajedrez mundial, hay mucho de política en las acciones, pero igualmente mucho de comercio.
Hacía cierto tiempo que estas ventas guerreristas no se escuchaban, y en lugar de la cultura de paz de que hablan las grandes potencias, la cultura de guerra parece irse afincando. En el caso de Taiwán, China expresó su protesta en duros términos, anunció la suspensión de los intercambios militares con Estados Unidos, y medidas que podrían llegar hasta las relaciones económicas. Políticas y económicas, esas ventas de armas no dejan de ser en ambos casos provocaciones que ponen en riesgo la frágil paz de la que disfruta hoy el planeta, salvo unos que otros conflictos aislados y donde siguen jugando y cobrando espacio las grandes potencias.
Se trata de un escenario que insiste en otorgarle la razón al viejo comité de Santa Fe cuando afirmaba que la guerra es la forma de existencia de la humanidad, pronóstico nada alentador y que pone en evidencia a fragilidad del sueño por la paz.