Arnulfista de pura cepa
La semana recién pasada, algunos medios de comunicación le dieron un despliegue inusitado a declaraciones vertidas por el profesor Germán Vergara, presidente encargado del Partido Arnulfista en poder, respecto a dos situaciones que entrañaban a mi entender, por una parte, un señalamiento o advertencia que para él debería hacerse y por la otra, su respuesta a expresiones de disentimiento de carácter objetivo (no emanados precisamente de la Iglesia Católica), emitidos por el sacerdote jesuita, Fernando Guardia.
No es que quiera constituirme en defensor de oficio del profesor Vergara, persona a quien conozco por años, aprecio y considero de gran integridad moral, firmes convicciones políticas, de una esforzada formación profesional en el ramo de la educación desarrollada, inicialmente, en la manigua coclesana como maestro rural por ocho años hasta su nominación como Ministro de Educación, amén de un acendrado misticismo religioso. Sin embargo, como hombre de partido, puedo percibir en él, su vocación doctrinal, su pensamiento y demandar político probados sobradamente en las lides libradas por su colectivo y a quien ni los carcelazos ni las torturas físicas y psicológicas pudieron atemperar su firme carácter revolucionario.
En tal virtud, es comprensible su malestar y preocupación de que aún haya un funcionario público de oposición política que a pesar de no haberse visto afectado con despidos laborales y presiones políticas, repruebe y critique la labor de gobierno de la señora Presidenta, y a la misma vez, esa actitud recalcitrante y de ser acérrimos contendientes del Partido Arnulfista en el gobierno, puedan en su actividad laboral institucional, llevarlos a socavar los cimientos de la estructura administrativa estatal, a través de una labor mediocre o porque no, promoviendo actos de corrupción que pudiesen pues, malograr la gestión gubernamental.
Por otra parte, con relación al otro aspecto, motivo de esta polémica situación, es probable que el profesor Vergara, al referirse a los pronunciamientos hechos por el padre Guardia, quiso significar que la Iglesia Católica, a través de sus representantes, el sector sacerdotal recibe, en muchas ocasiones, donaciones para los fines de servicio de proselitismo dogmático (autos, microbuses, etc.), por parte de empresas, instituciones benéficas u otras entidades, incluyendo personas naturales que por razones discrecionales o de otra naturaleza, se abstienen de divulgarlo.
Como quiera que el tratamiento de estos asuntos, en un momento circunstancial puedan causar disentimientos; el profesor Vergara, tuvo el decoro y altura de pedir disculpa pública si ésas, sus palabras, hubiesen herido susceptibilidades.
No es que quiera constituirme en defensor de oficio del profesor Vergara, persona a quien conozco por años, aprecio y considero de gran integridad moral, firmes convicciones políticas, de una esforzada formación profesional en el ramo de la educación desarrollada, inicialmente, en la manigua coclesana como maestro rural por ocho años hasta su nominación como Ministro de Educación, amén de un acendrado misticismo religioso. Sin embargo, como hombre de partido, puedo percibir en él, su vocación doctrinal, su pensamiento y demandar político probados sobradamente en las lides libradas por su colectivo y a quien ni los carcelazos ni las torturas físicas y psicológicas pudieron atemperar su firme carácter revolucionario.
En tal virtud, es comprensible su malestar y preocupación de que aún haya un funcionario público de oposición política que a pesar de no haberse visto afectado con despidos laborales y presiones políticas, repruebe y critique la labor de gobierno de la señora Presidenta, y a la misma vez, esa actitud recalcitrante y de ser acérrimos contendientes del Partido Arnulfista en el gobierno, puedan en su actividad laboral institucional, llevarlos a socavar los cimientos de la estructura administrativa estatal, a través de una labor mediocre o porque no, promoviendo actos de corrupción que pudiesen pues, malograr la gestión gubernamental.
Por otra parte, con relación al otro aspecto, motivo de esta polémica situación, es probable que el profesor Vergara, al referirse a los pronunciamientos hechos por el padre Guardia, quiso significar que la Iglesia Católica, a través de sus representantes, el sector sacerdotal recibe, en muchas ocasiones, donaciones para los fines de servicio de proselitismo dogmático (autos, microbuses, etc.), por parte de empresas, instituciones benéficas u otras entidades, incluyendo personas naturales que por razones discrecionales o de otra naturaleza, se abstienen de divulgarlo.
Como quiera que el tratamiento de estos asuntos, en un momento circunstancial puedan causar disentimientos; el profesor Vergara, tuvo el decoro y altura de pedir disculpa pública si ésas, sus palabras, hubiesen herido susceptibilidades.