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Arresto previsto


Semanas atrás, en varios de nuestros editoriales, llamamos la atención sobre los problemas de seguridad ciudadana. Los reiterados y audaces asaltos cometidos contra bancos, el trasiego de droga, el lavado de dinero y los crímenes más atroces nos llevaron a afirmar, en más de una ocasión, que si esto sucedía, era evidente que en los estamentos encargados de garantizar la seguridad del país estaba ocurriendo algo que neutralizaba su accionar. La pregunta era, ¿dónde está la policía?
Por eso saludamos con simpatía el enfoque que desde un principio dio el actual Director de la Policía Nacional a los problemas de la institución, e instamos a respaldar su labor, y expresamos nuestra preocupación cuando, a raíz de la eliminación de las famosas contrataciones de policías, comenzaron a expresar críticas hacia la dirección policial, y más tarde a verse incrementos en la actividad delictiva. Era como si a los esfuerzos por hacer más efectiva las tareas de la policía, se respondiera con un desgano premeditado destinado a minar las intenciones que animaban a la nueva dirección.
Escribimos entonces que pareciera que a lo interno de la propia Policía hubiese intereses adversos que, intencionalmente, la neutralizaban. A raíz de la aún no esclarecida muerte de un alto funcionario de la Policía Técnica Judicial, advertimos sobre la posibilidad de que otros estamentos de seguridad pasaran por esa situación.
La detención de un alto oficial de esa entidad ha confirmado nuestras previsiones, pero ha demostrado, además, que independientemente del cargo que ocupe, las autoridades evidencian la disposición de depurar esos organismos, no importe de quién se trate, a fin de devolver a la nación una policía digna de su trabajo. Dado el nivel de corrupción descubierto, sería conveniente ir buscando una prisión especial para este tipo de funcionario. La batalla por limpiar este organismo no debe cesar.

101 años de Panamá América

 
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