Arrodíllate y te ayudarán
La fugaz visita que hiciera a Panamá el martes, 25 de julio de 2000, el señor Peter Romero, subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Hemisféricos, tuvo que ver con las presiones del Gobierno de Washington para restaurar la presencia militar que mantuvo en Panamá, hasta el 31 de diciembre de 1999, y que dio lugar a serias causas de conflicto entre los dos países.
La reunión entre el subsecretario Romero, la presidenta Mireya Moscoso y el ministro de Gobierno, Winston Spadafora, de que da cuenta Yuriela Sagel en "El Panamá América", el miércoles pasado, multiplica nuestras preocupaciones sobre el manejo de nuestras relaciones internacionales.
Hemos visto que el subsecretario Romero, merecedor sin duda de todas las cortesías protocolares, fue recibido por la presidenta Moscoso, en el Palacio de las Garzas, para tratar temas que, según la Cancillería, tenían el carácter de esenciales en las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos.
En el encuentro de la Presidencia no estuvo presente el Canciller titular y la relampagueante visita de Romero, que tan sólo duró 30 minutos, sólo sirvió, según se informó desde Washington, para reiterar los puntos comunes y las diferencias que separan a los dos gobiernos.
Romero no trajo soluciones para un asunto tan vital como la limpieza de los polígonos de tiro. Sin embargo, al tenor de un comunicado oficial, presentó una solicitud sobre un status especial para la presencia de militares norteamericanos en territorio panameño.
La reproducción que hace El Panamá América en su edición del jueves, 27 de julio de 2000, del texto propuesto para un Acuerdo de Fuerzas Visitantes, conforma un documento humillante, ofensivo, con cláusulas que son a la vez que violatorias de la soberanía nacional, ultrajantes para la conciencia nacional y para la imagen internacional de la República.
La síntesis de las cláusulas del proyectado Acuerdo, que se presenta a continuación, ofrece los elementos de juicio para que la ciudadanía se percate de que lo que ahí se pretende es que todo el ámbito geográfico del Estado panameño, de norte a sur, de océano a océano, de este a oeste, de frontera a frontera desde Colombia hasta Costa Rica, asuma la configuración de una gran base militar norteamericana.
En esa perspectiva, la Constitución, las Leyes, los "rganos del Estado y Los Tratados Internacionales, incluyendo el de La Neutralidad Permanente del Canal, perderían autoridad y efectividad, prevaleciendo sobre ellos las órdenes de los Comandantes de los contingentes militares del Ejército, la Marina y la Aviación, que bajo la bandera de los Estados Unidos podrían entrar, salir y desplazarse en la áreas terrestres, marítimas y aéreas de Panamá, sin control alguno del soberano territorial.
El proyectado "Acuerdo de Fuerzas Visitantes" o "Visiting Forces Agreement", que no es otra cosa que la Restauración de la Presencia Militar de los Estados Unidos en la República de Panamá, con cobertura de la América Latina y el Caribe, se enmarca en las siguientes estipulaciones.
Los militares norteamericanos estarán autorizados a llevar uniforme y a portar armas.
Desplegarán la bandera de los Estados Unidos siguiendo sus prácticas reglamentarias.
Estarán autorizados a permanecer en territorio panameño, sin limitaciones de tiempo, para realizar maniobras, adiestramiento, actividades antidrogas, actividades conexas, programas de asistencia para la seguridad de los Estados Unidos y otros fines convenidos. No se alude la seguridad de Panamá ni se describen los otros fines convenidos.
Gozarán de status diplomático.
Se les permitirá la entrada y salida del país sin más formalidad que el documento de identidad de los Estados Unidos.
Panamá les permitirá la importación y exportación libre de impuestos de productos, servicios, bienes, materiales, equipos, vehículos, embarcaciones y aeronaves importados o adquiridos en Panamá, o exportados de Panamá. Esta cláusula permitirá que las fuerzas militares visitantes exporten desde Panamá armas, equipo y material bélico a otros países, inclusive Colombia, exponiendo a Panamá a ser objeto de represalias.
Las partes colaborarán a fin de asegurar la seguridad del personal y los bienes de los Estados Unidos en Panamá. Esta cláusula le otorga a los Estados Unidos la facultad de intervenir en todo cuanto a juicio del gobierno norteamericano afecte la seguridad de sus fuerzas militares.
Los vehículos, las embarcaciones y las aeronaves de propiedad de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos u operadas por o para ellas, no estarán sujetas al pago de cuotas portuarias o de aterrizaje navegación o estacionamiento. Esta exoneración es tan amplia que no sólo se otorga en beneficio de las Fuerzas Armadas norteamericanas sino, que se extiende y otorga a los contratistas que operen vehículos, embarcaciones y aeronaves por o para las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.
Tendrán derecho al uso sin cargo alguno de los puertos, aeropuertos y áreas de estacionamientos, al tenor de la cláusula anterior.
Los militares norteamericanos gozarán de inmunidad civil y penal.
El Gobierno de Panamá, acepta toda la responsabilidad y exime al Gobierno de los Estados Unidos de cualquier reclamación que surja por el uso de los proyectos construidos o en trámite de construcción durante las maniobras u otras actividades convenidas del personal militar y civil de Los Estados Unidos.
Panamá renuncia a todas las reclamaciones por lesiones personales o la muerte de su personal militar o civil, o por daños, pérdidas o destrucción de bienes, que resulten de las actividades amparadas por el proyectado Acuerdo, sin tener derecho a restitución, indemnización o satisfacción por daños a las personas o los bienes causados por las fuerzas norteamericanas.
La nación panameña nunca ha desestimado los aspectos positivos de las complejas relaciones entre Panamá y los Estados Unidos. Ernesto Renán, autor de "Orígenes del Cristianismo", imbuido de su empeño en racionalizar la fe, acuñó la frase "Arrodíllate y Creerás". Sin embargo, a mi juicio, a pesar de las complejidades residuales de unas relaciones que en el pasado fueron difíciles y hasta conflictivas, hay margen para creer que aunque nuestras relaciones con los Estados Unidos continuarán siendo buenas y satisfactorias para ambas partes, los panameños no tenemos que arrodillarnos. No compartimos la filosofía de quienes guían su conducta, teniendo como santo y seña la frase: "Arrodíllate y te ayudarán".
Evitar ese tipo de sumisión es la tarea y la responsabilidad de los que gobiernan y es también función de todos los que no aceptamos presiones que puedan afectar la posibilidad de luchar con éxito por un Panamá que ejerza, sin liviandades, sus derechos y sus deberes soberanos.
La reunión entre el subsecretario Romero, la presidenta Mireya Moscoso y el ministro de Gobierno, Winston Spadafora, de que da cuenta Yuriela Sagel en "El Panamá América", el miércoles pasado, multiplica nuestras preocupaciones sobre el manejo de nuestras relaciones internacionales.
Hemos visto que el subsecretario Romero, merecedor sin duda de todas las cortesías protocolares, fue recibido por la presidenta Moscoso, en el Palacio de las Garzas, para tratar temas que, según la Cancillería, tenían el carácter de esenciales en las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos.
En el encuentro de la Presidencia no estuvo presente el Canciller titular y la relampagueante visita de Romero, que tan sólo duró 30 minutos, sólo sirvió, según se informó desde Washington, para reiterar los puntos comunes y las diferencias que separan a los dos gobiernos.
Romero no trajo soluciones para un asunto tan vital como la limpieza de los polígonos de tiro. Sin embargo, al tenor de un comunicado oficial, presentó una solicitud sobre un status especial para la presencia de militares norteamericanos en territorio panameño.
La reproducción que hace El Panamá América en su edición del jueves, 27 de julio de 2000, del texto propuesto para un Acuerdo de Fuerzas Visitantes, conforma un documento humillante, ofensivo, con cláusulas que son a la vez que violatorias de la soberanía nacional, ultrajantes para la conciencia nacional y para la imagen internacional de la República.
La síntesis de las cláusulas del proyectado Acuerdo, que se presenta a continuación, ofrece los elementos de juicio para que la ciudadanía se percate de que lo que ahí se pretende es que todo el ámbito geográfico del Estado panameño, de norte a sur, de océano a océano, de este a oeste, de frontera a frontera desde Colombia hasta Costa Rica, asuma la configuración de una gran base militar norteamericana.
En esa perspectiva, la Constitución, las Leyes, los "rganos del Estado y Los Tratados Internacionales, incluyendo el de La Neutralidad Permanente del Canal, perderían autoridad y efectividad, prevaleciendo sobre ellos las órdenes de los Comandantes de los contingentes militares del Ejército, la Marina y la Aviación, que bajo la bandera de los Estados Unidos podrían entrar, salir y desplazarse en la áreas terrestres, marítimas y aéreas de Panamá, sin control alguno del soberano territorial.
El proyectado "Acuerdo de Fuerzas Visitantes" o "Visiting Forces Agreement", que no es otra cosa que la Restauración de la Presencia Militar de los Estados Unidos en la República de Panamá, con cobertura de la América Latina y el Caribe, se enmarca en las siguientes estipulaciones.
Los militares norteamericanos estarán autorizados a llevar uniforme y a portar armas.
Desplegarán la bandera de los Estados Unidos siguiendo sus prácticas reglamentarias.
Estarán autorizados a permanecer en territorio panameño, sin limitaciones de tiempo, para realizar maniobras, adiestramiento, actividades antidrogas, actividades conexas, programas de asistencia para la seguridad de los Estados Unidos y otros fines convenidos. No se alude la seguridad de Panamá ni se describen los otros fines convenidos.
Gozarán de status diplomático.
Se les permitirá la entrada y salida del país sin más formalidad que el documento de identidad de los Estados Unidos.
Panamá les permitirá la importación y exportación libre de impuestos de productos, servicios, bienes, materiales, equipos, vehículos, embarcaciones y aeronaves importados o adquiridos en Panamá, o exportados de Panamá. Esta cláusula permitirá que las fuerzas militares visitantes exporten desde Panamá armas, equipo y material bélico a otros países, inclusive Colombia, exponiendo a Panamá a ser objeto de represalias.
Las partes colaborarán a fin de asegurar la seguridad del personal y los bienes de los Estados Unidos en Panamá. Esta cláusula le otorga a los Estados Unidos la facultad de intervenir en todo cuanto a juicio del gobierno norteamericano afecte la seguridad de sus fuerzas militares.
Los vehículos, las embarcaciones y las aeronaves de propiedad de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos u operadas por o para ellas, no estarán sujetas al pago de cuotas portuarias o de aterrizaje navegación o estacionamiento. Esta exoneración es tan amplia que no sólo se otorga en beneficio de las Fuerzas Armadas norteamericanas sino, que se extiende y otorga a los contratistas que operen vehículos, embarcaciones y aeronaves por o para las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.
Tendrán derecho al uso sin cargo alguno de los puertos, aeropuertos y áreas de estacionamientos, al tenor de la cláusula anterior.
Los militares norteamericanos gozarán de inmunidad civil y penal.
El Gobierno de Panamá, acepta toda la responsabilidad y exime al Gobierno de los Estados Unidos de cualquier reclamación que surja por el uso de los proyectos construidos o en trámite de construcción durante las maniobras u otras actividades convenidas del personal militar y civil de Los Estados Unidos.
Panamá renuncia a todas las reclamaciones por lesiones personales o la muerte de su personal militar o civil, o por daños, pérdidas o destrucción de bienes, que resulten de las actividades amparadas por el proyectado Acuerdo, sin tener derecho a restitución, indemnización o satisfacción por daños a las personas o los bienes causados por las fuerzas norteamericanas.
La nación panameña nunca ha desestimado los aspectos positivos de las complejas relaciones entre Panamá y los Estados Unidos. Ernesto Renán, autor de "Orígenes del Cristianismo", imbuido de su empeño en racionalizar la fe, acuñó la frase "Arrodíllate y Creerás". Sin embargo, a mi juicio, a pesar de las complejidades residuales de unas relaciones que en el pasado fueron difíciles y hasta conflictivas, hay margen para creer que aunque nuestras relaciones con los Estados Unidos continuarán siendo buenas y satisfactorias para ambas partes, los panameños no tenemos que arrodillarnos. No compartimos la filosofía de quienes guían su conducta, teniendo como santo y seña la frase: "Arrodíllate y te ayudarán".
Evitar ese tipo de sumisión es la tarea y la responsabilidad de los que gobiernan y es también función de todos los que no aceptamos presiones que puedan afectar la posibilidad de luchar con éxito por un Panamá que ejerza, sin liviandades, sus derechos y sus deberes soberanos.