Artículos y entrevistas
Me imagino que a otras personas que escriben en los diarios les ocurre lo mismo que a mi persona, que una cosa es lo que uno expresa con la responsabilidad de su firma y otra -aunque para ser justos no sucede siempre- la que dicen los medios que uno dijo.
Televisoras y radios en muchas entrevistas -a excepción de las que son en vivo o son parte de programas de opinión- hablan contigo durante quince minutos y luego salen al aire sólo durante quince segundos. A veces las síntesis son buenas, pero otras veces subrayan lo secundario, distorsionan o desenfocan tus ideas o las colocan fuera de contexto dando la impresión de contradicciones o incoherencias en lo que uno dice.
Lo anterior no significa que uno no pueda cambiar de opinión cuando cambian las circunstancias y que a veces diga una cosa y luego la corrija, sin embargo eso debe ser responsabilidad propia y no producto de una información tergiversada (no hablamos de mala voluntad ) de algunos comunicadores.
En cuanto a los medios escritos se suele cumplir el dicho latino que dice que "quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur", lo que en nuestra lengua quiere decir que las cosas se reciben según el recipiente que las recibe o en otra versión que las cosas son del color del cristal con que se miran. Esto en política significa que los hechos y opiniones se consideran según los intereses que se quieran apoyar o atacar. Frases a medias, cambios de sentido que parecen pequeños, pero que no lo son; titulares que no corresponden con la noticia que se da, la ya mencionada ausencia del contexto en que se habla, y así otras deficiencias que dañan la objetividad.
Por lo dicho, varios amigos sacerdotes y no sacerdotes, me han recomendado más de una vez que no dé entrevistas, pero yo, aunque nunca las busco, sí las acepto con cierta frecuencia porque veo conveniente la presencia de personas de la Iglesia en los medios para tratar de influir cristianamente -eso esperamos- en los problemas de la sociedad.
Siento que a pesar de los defectos anotados, en el opinar públicamente el balance es positivo. En los temas nacionales, si analizamos, por ejemplo, el último comunicado de la Conferencia Episcopal, vemos que el espacio que dedican nuestros obispos a los asuntos sociales y políticos del país es muchísimo más amplio que el de temas estrictamente intraeclesiales. Estos últimos se discuten a lo interno, pero no salen para el gran público. Eso se llama pastoralmente encarnación en busca de transformación.
El riesgo de equivocarse en quien habla o escribe está siempre presente, no obstante, como decía un alto dignatario eclesiástico en Roma, el cometer algunos errores en medio de los bienes que se consiguen es un mal menor que el no hacer nada por miedo a equivocarse.
Es posible que alguien diga : ¿ Pero a qué viene esta autodefensa o autojustificación personal? Mi respuesta es que no se trata de algo exclusivamente personal sino de ciertos hechos que conozco de varias personas que me los han comentado con malestar.
Pienso honradamente que una llamada de atención a mis amigos y amigas comunicadores, a quienes aprecio de todo corazón, no está de más.
No es mi intención molestar a nadie sino mejorar, dentro de los posible el modo de dar ciertas noticias y con ello mejorar, aunque sea un poco, el caminar del país.
Hablar de uno mismo no es bueno, sin embargo a veces hay que hacerlo para evitar los malos entendidos y juicios erróneos sobre ideas y actuaciones....Sí las acepto con cierta frecuencia porque veo conveniente la presencia de personas de la Iglesia en los medios para tratar de influir cristianamente -eso esperamos- en los problemas de la sociedad.
Televisoras y radios en muchas entrevistas -a excepción de las que son en vivo o son parte de programas de opinión- hablan contigo durante quince minutos y luego salen al aire sólo durante quince segundos. A veces las síntesis son buenas, pero otras veces subrayan lo secundario, distorsionan o desenfocan tus ideas o las colocan fuera de contexto dando la impresión de contradicciones o incoherencias en lo que uno dice.
Lo anterior no significa que uno no pueda cambiar de opinión cuando cambian las circunstancias y que a veces diga una cosa y luego la corrija, sin embargo eso debe ser responsabilidad propia y no producto de una información tergiversada (no hablamos de mala voluntad ) de algunos comunicadores.
En cuanto a los medios escritos se suele cumplir el dicho latino que dice que "quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur", lo que en nuestra lengua quiere decir que las cosas se reciben según el recipiente que las recibe o en otra versión que las cosas son del color del cristal con que se miran. Esto en política significa que los hechos y opiniones se consideran según los intereses que se quieran apoyar o atacar. Frases a medias, cambios de sentido que parecen pequeños, pero que no lo son; titulares que no corresponden con la noticia que se da, la ya mencionada ausencia del contexto en que se habla, y así otras deficiencias que dañan la objetividad.
Por lo dicho, varios amigos sacerdotes y no sacerdotes, me han recomendado más de una vez que no dé entrevistas, pero yo, aunque nunca las busco, sí las acepto con cierta frecuencia porque veo conveniente la presencia de personas de la Iglesia en los medios para tratar de influir cristianamente -eso esperamos- en los problemas de la sociedad.
Siento que a pesar de los defectos anotados, en el opinar públicamente el balance es positivo. En los temas nacionales, si analizamos, por ejemplo, el último comunicado de la Conferencia Episcopal, vemos que el espacio que dedican nuestros obispos a los asuntos sociales y políticos del país es muchísimo más amplio que el de temas estrictamente intraeclesiales. Estos últimos se discuten a lo interno, pero no salen para el gran público. Eso se llama pastoralmente encarnación en busca de transformación.
El riesgo de equivocarse en quien habla o escribe está siempre presente, no obstante, como decía un alto dignatario eclesiástico en Roma, el cometer algunos errores en medio de los bienes que se consiguen es un mal menor que el no hacer nada por miedo a equivocarse.
Es posible que alguien diga : ¿ Pero a qué viene esta autodefensa o autojustificación personal? Mi respuesta es que no se trata de algo exclusivamente personal sino de ciertos hechos que conozco de varias personas que me los han comentado con malestar.
Pienso honradamente que una llamada de atención a mis amigos y amigas comunicadores, a quienes aprecio de todo corazón, no está de más.
No es mi intención molestar a nadie sino mejorar, dentro de los posible el modo de dar ciertas noticias y con ello mejorar, aunque sea un poco, el caminar del país.
Hablar de uno mismo no es bueno, sin embargo a veces hay que hacerlo para evitar los malos entendidos y juicios erróneos sobre ideas y actuaciones....Sí las acepto con cierta frecuencia porque veo conveniente la presencia de personas de la Iglesia en los medios para tratar de influir cristianamente -eso esperamos- en los problemas de la sociedad.