¿Asalto final?
Las tropas aliadas lanzaron un ataque sobre Mosul, la principal ciudad del Norte, han hecho el operativo militar más osado en Bagdad, la capital en el centro iraquí, y aseguran haber tomado el grueso de Basora, la mayor urbe sureña. Sostienen que han dado muerte al "Químico Alí", jefe de los sadamistas en el sur, y haber atacado uno de los palacios presidenciales en el centro capitalino. Para los comentaristas aliados, ello implica que están en una nueva fase de la guerra en la cual parecería inminente el colapso del régimen.
Sin embargo, la resistencia desplegada sigue siendo feroz. Las tropas angloamericanas nunca se han enfrentado a una ciudad de cinco millones de habitantes decidida a contrarrestar una invasión con todos los medios. Estos van desde bombas humanas hasta posibles contraataques de gases. Los millares de soldados que hacen operativos sobre Bagdad no están preparados para ocupar tal metrópoli.
La estrategia militar atacante siempre se ha basado en querer producir el colapso del régimen vía intimidación. Hasta la fecha no han logrado hacer ello. No consiguieron presionar a que Hussein se exilara ni pudieron decapitarlo en la noche que se inició la guerra. Tampoco sus bombardeos concitaron deserciones masivas.
El juego aliado consiste en evitar el enfrentamiento urbano total, pues saben que ello conllevará a carnicerías. Apuestan a desmoralizar e intimidar a los adversarios, a fin de provocar el derrumbe interno de la resistencia.
Sadam ha demostrado que ha aprendido de sus derrotas y de enfrentarse a una potencia militar que tiene un presupuesto bélico 400 veces mayor al suyo. Su estrategia consiste en atacar con armas menores y empujar a los aliados a entrar a las selvas de concreto para emboscarles, así como en ir golpeando las extendidas líneas de aprovisionamiento.
Muchos teóricos se sorprenden de ver cómo la guardia republicana no habría presentado tanto despliegue en las inmediaciones de Bagdad y se preguntan sobre el destino de cientos de tanques y maquinarias que no se han encontrado aún. Puede ser que el Ba" ath se esté preparando para una guerra prolongada de guerrillas y que hayan decidido no ofrecer un blanco frontal a los dueños del espacio aéreo.
El sitio a Bagdad podría durar semanas o meses. Hay otras ciudades que aún faltan ser tocadas, como Tikrit, cuna de Hussein y de muchos de sus más leales adeptos. Los milicianos y guardias republicanos pueden estarse camuflando dentro de civiles que estén o no en zonas de ocupación.
Los aliados apenas han encontrado algunos arsenales escondidos cerca de las carreteras ocupadas y puestos allí para organizar emboscadas. Incluso, de darse la ocupación de varias ciudades, la estrategia iraquí ha contemplado ataques por la retaguardia y con explosivos humanos. La imposición de una paz angloamericana ha de ser un proceso largo y penoso, si llega a materializarse del todo.
Por otro lado, aún no han entrado en acción las dos decenas de miles de combatientes del pro-iraní y chiíta Consejo Supremo de la revolución iraquí, el mismo que impulsó el levantamiento de Basora en 1991.
Hay 60,000 combatientes kurdos, y algunos de los cuales han empezado a ser movilizados por comandos estadounidenses en el norte. Mas, aún no se ha desatado una fuerte ofensiva kurda y basta esperar cómo pudiesen reaccionar ante ello Ankara y Teherán, y si al final los kurdos no empiezan a querer bailar con su propio pañuelo tomando acciones por su cuenta al margen de lo que Washington quisiera.
Por el momento no se pronostica un golpe interno o una capitulación. Esta última salida se ve improbable, debido a que Bush ha declarado que pondrá en la corte de criminales de guerra al alto mando baatista. Es posible esperar que los combates continúen y se hagan más sangrientos. El actual optimismo angloamericano podría dar paso a una ola de protestas internas, si la guerra se alargase o se llenara de muchas más bajas civiles.
*Isaac Bigio es un analista internacional formado en la London School of Economics & Political Sciences.
Sin embargo, la resistencia desplegada sigue siendo feroz. Las tropas angloamericanas nunca se han enfrentado a una ciudad de cinco millones de habitantes decidida a contrarrestar una invasión con todos los medios. Estos van desde bombas humanas hasta posibles contraataques de gases. Los millares de soldados que hacen operativos sobre Bagdad no están preparados para ocupar tal metrópoli.
La estrategia militar atacante siempre se ha basado en querer producir el colapso del régimen vía intimidación. Hasta la fecha no han logrado hacer ello. No consiguieron presionar a que Hussein se exilara ni pudieron decapitarlo en la noche que se inició la guerra. Tampoco sus bombardeos concitaron deserciones masivas.
El juego aliado consiste en evitar el enfrentamiento urbano total, pues saben que ello conllevará a carnicerías. Apuestan a desmoralizar e intimidar a los adversarios, a fin de provocar el derrumbe interno de la resistencia.
Sadam ha demostrado que ha aprendido de sus derrotas y de enfrentarse a una potencia militar que tiene un presupuesto bélico 400 veces mayor al suyo. Su estrategia consiste en atacar con armas menores y empujar a los aliados a entrar a las selvas de concreto para emboscarles, así como en ir golpeando las extendidas líneas de aprovisionamiento.
Muchos teóricos se sorprenden de ver cómo la guardia republicana no habría presentado tanto despliegue en las inmediaciones de Bagdad y se preguntan sobre el destino de cientos de tanques y maquinarias que no se han encontrado aún. Puede ser que el Ba" ath se esté preparando para una guerra prolongada de guerrillas y que hayan decidido no ofrecer un blanco frontal a los dueños del espacio aéreo.
El sitio a Bagdad podría durar semanas o meses. Hay otras ciudades que aún faltan ser tocadas, como Tikrit, cuna de Hussein y de muchos de sus más leales adeptos. Los milicianos y guardias republicanos pueden estarse camuflando dentro de civiles que estén o no en zonas de ocupación.
Los aliados apenas han encontrado algunos arsenales escondidos cerca de las carreteras ocupadas y puestos allí para organizar emboscadas. Incluso, de darse la ocupación de varias ciudades, la estrategia iraquí ha contemplado ataques por la retaguardia y con explosivos humanos. La imposición de una paz angloamericana ha de ser un proceso largo y penoso, si llega a materializarse del todo.
Por otro lado, aún no han entrado en acción las dos decenas de miles de combatientes del pro-iraní y chiíta Consejo Supremo de la revolución iraquí, el mismo que impulsó el levantamiento de Basora en 1991.
Hay 60,000 combatientes kurdos, y algunos de los cuales han empezado a ser movilizados por comandos estadounidenses en el norte. Mas, aún no se ha desatado una fuerte ofensiva kurda y basta esperar cómo pudiesen reaccionar ante ello Ankara y Teherán, y si al final los kurdos no empiezan a querer bailar con su propio pañuelo tomando acciones por su cuenta al margen de lo que Washington quisiera.
Por el momento no se pronostica un golpe interno o una capitulación. Esta última salida se ve improbable, debido a que Bush ha declarado que pondrá en la corte de criminales de guerra al alto mando baatista. Es posible esperar que los combates continúen y se hagan más sangrientos. El actual optimismo angloamericano podría dar paso a una ola de protestas internas, si la guerra se alargase o se llenara de muchas más bajas civiles.
*Isaac Bigio es un analista internacional formado en la London School of Economics & Political Sciences.