Asesinato execrable
En esos términos calificó el Santo Padre, Juan Pablo II, la masacre perpetrada por terroristas ayer en Madrid, con un doloroso saldo de más de192 muertos y 1420 heridos, decenas de ellos muy graves. El ataque tuvo lugar con explosivos esparcidos en líneas ferroviarias, activados al paso de trenes repletos de personas, en su mayoría trabajadores que acudían a sus puestos de empleo. Irónicamente, la clase obrera -vanguardia preferida del extremismo- fue, como en el caso del derribo de las Torres Gemelas, su principal víctima. Los servicios de seguridad hablan de tres explosiones en puntos separados y otros tantos artefactos desactivados poco después. Buscaban, pues, provocar más víctimas.
Las mismas autoridades lo atribuyen al grupo separatista vasco ETA, a juzgar por el hecho de que, en los últimos meses, habían detenido a varios de sus militantes en momentos que transportaban explosivos. El último arresto se hizo apenas la semana pasada, a dos jóvenes. Otros detenidos habrían señalado el año pasado que la red ferroviaria madrileña sería blanco de atentados. Tras el salvaje ataque estaría la intención de entorpecer la elección de congresistas el domingo próximo y la de enrarecer el ambiente de una proyectada boda en el seno de la casa real española.
¿Fue realmente ETA? Lo dudamos. Prestando atención a la opinión de conocedores del tema, existen variados elementos para no ser tan categóricos en la inculpación. Uno de ellos es la falta de aviso previo, que no suele faltar en los antecedentes de ETA en este tipo de acción. Ellos procuran evitar un excesivo número de víctimas para evitar o minimizar la repulsa popular. Otro elemento, nuevo en el ataque de ayer, es la multiplicidad y simultaneidad que no suele ejecutar ETA.
Otro elemento de duda es el hecho que voceros del ala política de ETA se hayan apresurado a negar toda responsabilidad en el hecho, cuando siempre han reconocido de inmediato su autoría en otros atentados. Además, esta vez, a la negativa han añadido su propia condena de la masacre, por más que parezca irónico y hasta burlesco. Un detalle final es el día 11 del ataque, que coincidiendo con el de las Torres Gemelas de Nueva York, nos hacen pensar en Al-Qaeda como posible autor, recordando la amenaza pronunciada por este grupo terrorista contra los países colaboradores de la última invasión y ocupación de Irak. Esa organización sí suele emplear ataques con explosivos múltiples y simultáneos.
Una nota final positiva, en medio de la tragedia, es la inmediata y calurosa solidaridad del mundo y el pueblo español contra el bárbaro ataque. Y es que en la solidaridad y participación de los ciudadanos y naciones está la clave del éxito para vencer al terrorismo. Este suele moverse en la complicidad del silencio y la indiferencia. Cuando se logre que toda la gente y los gobiernos cooperen en denunciar y perseguir a estos desalmados será el fin del terrorismo en el mundo.
Las mismas autoridades lo atribuyen al grupo separatista vasco ETA, a juzgar por el hecho de que, en los últimos meses, habían detenido a varios de sus militantes en momentos que transportaban explosivos. El último arresto se hizo apenas la semana pasada, a dos jóvenes. Otros detenidos habrían señalado el año pasado que la red ferroviaria madrileña sería blanco de atentados. Tras el salvaje ataque estaría la intención de entorpecer la elección de congresistas el domingo próximo y la de enrarecer el ambiente de una proyectada boda en el seno de la casa real española.
¿Fue realmente ETA? Lo dudamos. Prestando atención a la opinión de conocedores del tema, existen variados elementos para no ser tan categóricos en la inculpación. Uno de ellos es la falta de aviso previo, que no suele faltar en los antecedentes de ETA en este tipo de acción. Ellos procuran evitar un excesivo número de víctimas para evitar o minimizar la repulsa popular. Otro elemento, nuevo en el ataque de ayer, es la multiplicidad y simultaneidad que no suele ejecutar ETA.
Otro elemento de duda es el hecho que voceros del ala política de ETA se hayan apresurado a negar toda responsabilidad en el hecho, cuando siempre han reconocido de inmediato su autoría en otros atentados. Además, esta vez, a la negativa han añadido su propia condena de la masacre, por más que parezca irónico y hasta burlesco. Un detalle final es el día 11 del ataque, que coincidiendo con el de las Torres Gemelas de Nueva York, nos hacen pensar en Al-Qaeda como posible autor, recordando la amenaza pronunciada por este grupo terrorista contra los países colaboradores de la última invasión y ocupación de Irak. Esa organización sí suele emplear ataques con explosivos múltiples y simultáneos.
Una nota final positiva, en medio de la tragedia, es la inmediata y calurosa solidaridad del mundo y el pueblo español contra el bárbaro ataque. Y es que en la solidaridad y participación de los ciudadanos y naciones está la clave del éxito para vencer al terrorismo. Este suele moverse en la complicidad del silencio y la indiferencia. Cuando se logre que toda la gente y los gobiernos cooperen en denunciar y perseguir a estos desalmados será el fin del terrorismo en el mundo.