¿Asesinos inocentes?
A medida que va pasando el tiempo la violencia en las calles sigue aumentando, razón por la cual es necesario que los estamentos de seguridad del país ejecuten medidas que coadyuven a una sociedad más tranquila donde se pueda convivir. Sin embargo, resulta una incertidumbre que sean menores de edad, en su mayoría, implicados en hechos delictivos que provocan angustia y dolor a familias panameñas. Nuestra justicia debe ponerse firme y quitarse las vendas, ya que a pesar de que las leyes protegen a los menores infractores, esto no puede seguirse dando. Deben buscarse métodos y aplicar sanciones más fuertes para que estos jóvenes tomen la vida en serio y no como una broma, ya que sin asco y sin el menor escrúpulo le quitan la vida a una persona. Es intolerable que esta ola de delincuencia que azota las calles, avenidas y barrios de nuestro Panamá, no se les pongan los correctivos necesarios.
Es urgente y una necesidad que en cada hogar, los padres de familia estén al tanto de lo que hacen sus hijos, pues, en muchos de los casos, la misma sociedad y los hogares encubren a los delincuentes. La juventud sigue siendo abatida en los brazos de las drogas, homicidios y suicidios provocando una secuela de heridas que no sanarán para las familias y los hijos de aquellas víctimas de los asesinos inocentes. Un futuro incierto le espera a Panamá; nuestros jóvenes deben dedicarse al estudio, a formarse como arquitectos de una nación donde puedan trazarse planes para lograr una familia integrada y consagrada en valores éticos y morales. Esta violencia siembra cada vez más luto, dolor, desesperanza, odio, desenfreno, convirtiéndose la venganza en el eje motor para saciar la pena por un ser querido. Estamos a tiempo de encaminar a nuestra juventud por senderos de amor y paz para lograr una sociedad digna.
Pongamos cada uno un granito a nuestros niños y jóvenes a buscar en la educación su arma para enfrentarse a la vida y al mundo. En las cárceles sólo encontrarán tinieblas, desasosiego, angustia y, en el mayor de los casos, olvidados por sus propias familias. Es importante que los jóvenes se den cuenta que la juventud es un tesoro que dura sólo un tiempo, pero cuando se va ese sueño sólo se lamentarán por no construir en sus años mozos un ideal y un futuro mejor.
Sólo me restar decir aquella frase de la poeta Amelia Denis de Icaza: "Revuelvo la mirada y a veces siento espanto". Resulta una fantasía la diferencia que existía entre la juventud de ayer imperiosa que luchaba por sus ideales comparados con la de hoy, que va en detrimentos de todos los valores de un país. Hasta cuándo se seguirán dando hechos de violencia contra este país donde se podía respirar tranquilidad. Ya nos parecemos a Colombia, donde la dignidad de los niños, madres, ancianos y todos los que componen una familia no es valorable para estos asesinos de la vida. La justicia divina y el querer de todos los que deseamos una vida en paz podrá cambiar esta escalada de violencia que parece nunca acabar.
La falta de una red vial adecuada deteriora las relaciones familiares, debido al tiempo que las personas demoran en llegar a sus residencias; contribuye al estrés y al agotamiento físico que se acumula en las personas. Además, tiene un efecto económico por los costos crecientes de traslado, afectando la calidad de vida.
A pesar de este panorama que marca algunos aspectos negativos de la realidad social del país, la secretaria del Gabinete Social, Zuleika de Herbert y la doctora Astevia Vega, del Equipo Técnico, apuntaron que los indicadores reflejan mejoría en aspectos como disminución del analfabetismo y deserción escolar.
De acuerdo con Vega, la tasa de analfabetismo en la población indígena mejoró sustancialmente en comparación con el censo del 90 cuando era de 44.27% y en el del 2000 se estima en 34%.
Precisó que hay grandes logros porque Panamá es uno de los países con mayores esperanzas de vida de América Latina, ya que en el año 90 la esperanza estaba en 72.20 y para el año 2000, estaba en 74.50.
Agregó que la tasa de mortalidad infantil ha disminuido notablemente en comparación con el 90, cuando por cada mil nacidos, morían 18.9, y en el 2000, por cada mil nacidos mueren 16.7.
Según la experta, la desnutrición también ha disminuido, porque la prevalencia estaba en 5.6% en el 98 y bajó a 3% en el 2000.
Indicó que en materia de vacunación se ha logrado una cobertura del 97% y en algunos casos el 100%, en todo el país.
Vega detalló que los indicadores demuestran que se ha dado un aumento de los hogares jefaturados por mujeres y una disminución de la tasa de nupcialidad. Las parejas tienden a convivir en "uniones libres".
También reconoció que se registró un aumento del desempleo, lo que es un reflejo de la situación internacional.
El sociólogo y presidente del Centro de Estudio y Acción Social Panameño (CEASPA), Raúl Leis, consideró que la pobreza es un problema que requiere establecer cambios estructurales que trascienda los gobiernos.
Advirtió que Panamá es uno de los países que más recursos invierte en gasto social, pero no hay eficiencia ni trasparencia.
"Existe un divorcio entre los ingresos que se destinan a materia social y la pobreza, porque no debería existir ese alto porcentaje", sustentó.
Apuntó que este flagelo ha aumentado en los últimos 10 años del 37% al 41%, y no es culpa de los gobiernos, sino de cómo se ataca el problema.
Puntualizó que lo fundamental es redefinir la distribución de los ingresos y realizar cambios estructurales en el modelo de desarrollo del país.
"El problema de la pobreza es estructural, porque si no, lo hubiésemos solucionado con TELETON y otras actividades", acotó.
Bajo ninguna circunstancia se justifica que Panamá, con indicadores promedio mejores a los de la mayoría de los países en vías de desarrollo, presente índices de pobreza y condiciones de vida peores que otros con ingreso similar.
Al final el patrón sigue siendo el mismo: El 20% más rico de la población concentra más de la mitad de todo el consumo nacional y el 20% más pobre apenas logra adquirir el 3% del consumo total, lo que coloca a Panamá entre los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso del mundo.
Es urgente y una necesidad que en cada hogar, los padres de familia estén al tanto de lo que hacen sus hijos, pues, en muchos de los casos, la misma sociedad y los hogares encubren a los delincuentes. La juventud sigue siendo abatida en los brazos de las drogas, homicidios y suicidios provocando una secuela de heridas que no sanarán para las familias y los hijos de aquellas víctimas de los asesinos inocentes. Un futuro incierto le espera a Panamá; nuestros jóvenes deben dedicarse al estudio, a formarse como arquitectos de una nación donde puedan trazarse planes para lograr una familia integrada y consagrada en valores éticos y morales. Esta violencia siembra cada vez más luto, dolor, desesperanza, odio, desenfreno, convirtiéndose la venganza en el eje motor para saciar la pena por un ser querido. Estamos a tiempo de encaminar a nuestra juventud por senderos de amor y paz para lograr una sociedad digna.
Pongamos cada uno un granito a nuestros niños y jóvenes a buscar en la educación su arma para enfrentarse a la vida y al mundo. En las cárceles sólo encontrarán tinieblas, desasosiego, angustia y, en el mayor de los casos, olvidados por sus propias familias. Es importante que los jóvenes se den cuenta que la juventud es un tesoro que dura sólo un tiempo, pero cuando se va ese sueño sólo se lamentarán por no construir en sus años mozos un ideal y un futuro mejor.
Sólo me restar decir aquella frase de la poeta Amelia Denis de Icaza: "Revuelvo la mirada y a veces siento espanto". Resulta una fantasía la diferencia que existía entre la juventud de ayer imperiosa que luchaba por sus ideales comparados con la de hoy, que va en detrimentos de todos los valores de un país. Hasta cuándo se seguirán dando hechos de violencia contra este país donde se podía respirar tranquilidad. Ya nos parecemos a Colombia, donde la dignidad de los niños, madres, ancianos y todos los que componen una familia no es valorable para estos asesinos de la vida. La justicia divina y el querer de todos los que deseamos una vida en paz podrá cambiar esta escalada de violencia que parece nunca acabar.
La falta de una red vial adecuada deteriora las relaciones familiares, debido al tiempo que las personas demoran en llegar a sus residencias; contribuye al estrés y al agotamiento físico que se acumula en las personas. Además, tiene un efecto económico por los costos crecientes de traslado, afectando la calidad de vida.
A pesar de este panorama que marca algunos aspectos negativos de la realidad social del país, la secretaria del Gabinete Social, Zuleika de Herbert y la doctora Astevia Vega, del Equipo Técnico, apuntaron que los indicadores reflejan mejoría en aspectos como disminución del analfabetismo y deserción escolar.
De acuerdo con Vega, la tasa de analfabetismo en la población indígena mejoró sustancialmente en comparación con el censo del 90 cuando era de 44.27% y en el del 2000 se estima en 34%.
Precisó que hay grandes logros porque Panamá es uno de los países con mayores esperanzas de vida de América Latina, ya que en el año 90 la esperanza estaba en 72.20 y para el año 2000, estaba en 74.50.
Agregó que la tasa de mortalidad infantil ha disminuido notablemente en comparación con el 90, cuando por cada mil nacidos, morían 18.9, y en el 2000, por cada mil nacidos mueren 16.7.
Según la experta, la desnutrición también ha disminuido, porque la prevalencia estaba en 5.6% en el 98 y bajó a 3% en el 2000.
Indicó que en materia de vacunación se ha logrado una cobertura del 97% y en algunos casos el 100%, en todo el país.
Vega detalló que los indicadores demuestran que se ha dado un aumento de los hogares jefaturados por mujeres y una disminución de la tasa de nupcialidad. Las parejas tienden a convivir en "uniones libres".
También reconoció que se registró un aumento del desempleo, lo que es un reflejo de la situación internacional.
El sociólogo y presidente del Centro de Estudio y Acción Social Panameño (CEASPA), Raúl Leis, consideró que la pobreza es un problema que requiere establecer cambios estructurales que trascienda los gobiernos.
Advirtió que Panamá es uno de los países que más recursos invierte en gasto social, pero no hay eficiencia ni trasparencia.
"Existe un divorcio entre los ingresos que se destinan a materia social y la pobreza, porque no debería existir ese alto porcentaje", sustentó.
Apuntó que este flagelo ha aumentado en los últimos 10 años del 37% al 41%, y no es culpa de los gobiernos, sino de cómo se ataca el problema.
Puntualizó que lo fundamental es redefinir la distribución de los ingresos y realizar cambios estructurales en el modelo de desarrollo del país.
"El problema de la pobreza es estructural, porque si no, lo hubiésemos solucionado con TELETON y otras actividades", acotó.
Bajo ninguna circunstancia se justifica que Panamá, con indicadores promedio mejores a los de la mayoría de los países en vías de desarrollo, presente índices de pobreza y condiciones de vida peores que otros con ingreso similar.
Al final el patrón sigue siendo el mismo: El 20% más rico de la población concentra más de la mitad de todo el consumo nacional y el 20% más pobre apenas logra adquirir el 3% del consumo total, lo que coloca a Panamá entre los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso del mundo.