Así se hace patria
El pasado 6de marzo se llevó a cabo la inauguración oficial del Museo Archivo Ricardo J. Alfaro, situado en la esquina de la Calle 44 con Avenida Colombia de Bella Vista, en el mismo sitio donde, desde 1945 hasta el año de su fallecimiento en 1971, se ubicó la oficina del ilustre estadista panameño. Este singular evento, que honra a una de las personalidades cumbres de nuestro siglo, marca un hito en la historiografía y la museografía de nuestro país, ya que cumple una misión didáctica que rompe con los esquemas conocidos hasta hoy entre nosotros en materia de la recopilación y de la divulgación del dato histórico. Rompe también con la penosa tradición de dispersión y pérdida de algunos de nuestros más valiosos legados históricos, como ha sido el caso de la documentación personal de Justo Arosemena, así como otros de los más insignes protagonistas de nuestra historia.
El Museo Archivo Ricardo J. Alfaro presenta dentro del compacto y espartano ambiente donde estudió y trabajó el Dr. Alfaro, una interesante muestra de memorabilidad personal, y aloja su archivo documental, así como una buena parte de su biblioteca y hemeroteca, con la exclusión de la biblioteca de temas legales, la cual, por voluntad expresa del Dr. Alfaro fue donada a la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá.
Sin duda, el aporte más valioso para los estudiosos de nuestra historia lo constituye el archivo personal del Dr. Alfaro, que consta de más de 200,000 documentos, individualmente clasificados, catalogados y agrupados en 16 series organizadas por orden cronológico y temático. Todo esto, a su vez, ha sido realizado siguiendo las normas internacionales de archivistas ISAD (G) y cada documento ha sido captado en imagen computarizada, de manera que el Archivo podrá ser consultado así en el museo mismo; o desde cualquier lugar del mundo, por comunicación electrónica. Podemos asegurar que existen muy pocos archivos en la Tierra con este grado de actualización tecnológica en materia de archivo y de informática.
Semejante logro, obviamente, no se da al azar. Para ello se necesita de un talento creador, altamente motivado y acompañado de un tesón a toda prueba. Esta persona ha sido el Ing. Iván Alfaro Lyons: alma y vida del proyecto, desde su concepción hasta la ejecución final del mismo, quien nos ha dado un ejemplo cabal de lo que puede alcanzar una persona debidamente motivada cuando aúna la inteligencia con la creatividad, la disciplina y el sacrificio personal. Inspirado por una gran dosis de amor filial y un profundo sentido de patria, el Ing. Alfaro se dedicó de lleno a la tarea de cumplir con su progenitor y su país, concibiendo un proyecto que muchos tildaron de utópico e irrealizable, por los múltiples obstáculos que se presentaban. En efecto, los retos parecían insuperables: la apatía general, la incomprensión, la falta de recursos humanos y materiales y, como una amenaza perniciosa, la solución fácil que consistía en archivo, argumentando que en Panamá se carecía del profesionalismo necesario para acometer este proyecto.
Nada de esto detuvo a Iván Alfaro. Se lanzó al proyecto, y, como sucede siempre con las causas nobles, tuvo la fortuna de hallar en el camino la valiosa colaboración de personas quienes, como él, reconocieron la importancia del proyecto. Los primeros pasos que dio fueron encaminados a lograr que se declarara el Archivo Ricardo J. Alfaro como patrimonio histórico, para asegurar, de esa manera, su permanencia en Panamá. Gracias a la generosa y oportuna actuación del entonces Director del INAC, Dr. Alberto Osorio y del canciller, Dr. Julio Linares, en agosto de 1993 se firma el Decreto Ejecutivo, mediante el cual se declara el Archivo Ricardo J. Alfaro como "documento histórico de interés nacional". En diciembre de 1994, gracias a una iniciativa parlamentaria del legislador Mario Quiel, este proceso culmina con la Ley que consagra formalmente el Archivo como Patrimonio Nacional. La última etapa, lograda con la desprendida y paciente labor del Licdo. Mario Lewis fue la creación de la Fundación Ricardo J. Alfaro, la cual, en virtud de convenio celebrado con el INAC, es la entidad que tiene la responsabilidad de custodiar y administrar el Archivo.
Al tiempo que se obtenían los logros más señalados, el Ing. Alfaro se volcó a la tarea de aprender lo concerniente a la ciencia de la archivología y se dedicó, en sus momentos libres, a la investigación y el estudio, antes de iniciar la labor de organizar y clasificar la documentación del archivo. La etapa siguiente fueron varios años de paciente dedicación al trabajo "de hormiga", como decía el mismo. Fueron años de frustración y sacrificio, durante los cuales el apoyo incondicional que recibió de su cuñada, Lupe Dávila de Alfaro y de su nieta, Silvia Alfaro de López, constituyeron un insustituible aliciente para continuar, en solitario, con la misión que se había impuesto. Luego, con la incorporación de un equipo de archivistas que le ayudaron en la tarea, se pudo acelerar y llevar a feliz término el trabajo de clasificación e informatización del archivo. Entre éstos, se debe destacar la labor de Nelva González, Rita Garcés, Iris Navarro y Maricel González, quienes forman el núcleo del equipo que con amor y dedicación ejemplar acompaña a Iván Alfaro en esta empresa. En la última etapa del proyecto, Leonor Motta, Presidenta de la Fundación Pro-Biblioteca Nacional, junto con Nitzia Barrantes y María Magela Brenes hicieron posible la cataloguización de la biblioteca y Angeles de Castillero, Directora del Museo del Canal y su equipo, ofreció su valioso aporte en la curaduría del museo.
Entre los múltiples méritos que cabría resaltar de esta obra de Iván Alfaro, hay dos aspectos que llaman singularmente la atención. El primero es que semejante lección de amor a su patria la diera una persona que, debido a las vicisitudes de la trayectoria de su padre se alejó de su país natal a la edad de nueve años y, por los avatares de su propia vida, no regresó a vivir en él hasta que se jubiló, 55 años más tarde, luego de una exitosa carrera profesional que lo llevó a vivir en varios países del continente.
El segundo es que Iván Alfaro acometió esta empresa, octogenario ya, en una etapa de su vida cuando lo que normalmente se hubiera esperado de él habría sido que se dedicara a disfrutar tranquilamente de la compañía de hijos, nietos y biznietos, en lugar de iniciar proyectos quijotescos que prometían una buena cuota de sacrificio y sinsabores. Sin embargo, quienes así lo juzgaron no conocían la madera de la cual está hecho este caballero. Iván Alfaro libró la batallamás noble de su vida al buen estilo de otros notables octogenarios de nuestro siglo como Adenauer, Churchil, y De Gaulle, quienes dieron lo mejor de sí mismos en las postrimerías de sus ya fructíferas vidas.
A todos los humanos se les presenta en algún momento de sus vidas el reto de una misión difícil; unos lo evaden y otros deciden enfrentarlo; Iván Alfaro Lyons supo asumir este reto y, al hacerlo, se enalteció y dio una lección ejemplar de cómo se hace patria. Sea éste nuestro testimonio de admiración y gratitud a este hombre excepcional.
El Museo Archivo Ricardo J. Alfaro presenta dentro del compacto y espartano ambiente donde estudió y trabajó el Dr. Alfaro, una interesante muestra de memorabilidad personal, y aloja su archivo documental, así como una buena parte de su biblioteca y hemeroteca, con la exclusión de la biblioteca de temas legales, la cual, por voluntad expresa del Dr. Alfaro fue donada a la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá.
Sin duda, el aporte más valioso para los estudiosos de nuestra historia lo constituye el archivo personal del Dr. Alfaro, que consta de más de 200,000 documentos, individualmente clasificados, catalogados y agrupados en 16 series organizadas por orden cronológico y temático. Todo esto, a su vez, ha sido realizado siguiendo las normas internacionales de archivistas ISAD (G) y cada documento ha sido captado en imagen computarizada, de manera que el Archivo podrá ser consultado así en el museo mismo; o desde cualquier lugar del mundo, por comunicación electrónica. Podemos asegurar que existen muy pocos archivos en la Tierra con este grado de actualización tecnológica en materia de archivo y de informática.
Semejante logro, obviamente, no se da al azar. Para ello se necesita de un talento creador, altamente motivado y acompañado de un tesón a toda prueba. Esta persona ha sido el Ing. Iván Alfaro Lyons: alma y vida del proyecto, desde su concepción hasta la ejecución final del mismo, quien nos ha dado un ejemplo cabal de lo que puede alcanzar una persona debidamente motivada cuando aúna la inteligencia con la creatividad, la disciplina y el sacrificio personal. Inspirado por una gran dosis de amor filial y un profundo sentido de patria, el Ing. Alfaro se dedicó de lleno a la tarea de cumplir con su progenitor y su país, concibiendo un proyecto que muchos tildaron de utópico e irrealizable, por los múltiples obstáculos que se presentaban. En efecto, los retos parecían insuperables: la apatía general, la incomprensión, la falta de recursos humanos y materiales y, como una amenaza perniciosa, la solución fácil que consistía en archivo, argumentando que en Panamá se carecía del profesionalismo necesario para acometer este proyecto.
Nada de esto detuvo a Iván Alfaro. Se lanzó al proyecto, y, como sucede siempre con las causas nobles, tuvo la fortuna de hallar en el camino la valiosa colaboración de personas quienes, como él, reconocieron la importancia del proyecto. Los primeros pasos que dio fueron encaminados a lograr que se declarara el Archivo Ricardo J. Alfaro como patrimonio histórico, para asegurar, de esa manera, su permanencia en Panamá. Gracias a la generosa y oportuna actuación del entonces Director del INAC, Dr. Alberto Osorio y del canciller, Dr. Julio Linares, en agosto de 1993 se firma el Decreto Ejecutivo, mediante el cual se declara el Archivo Ricardo J. Alfaro como "documento histórico de interés nacional". En diciembre de 1994, gracias a una iniciativa parlamentaria del legislador Mario Quiel, este proceso culmina con la Ley que consagra formalmente el Archivo como Patrimonio Nacional. La última etapa, lograda con la desprendida y paciente labor del Licdo. Mario Lewis fue la creación de la Fundación Ricardo J. Alfaro, la cual, en virtud de convenio celebrado con el INAC, es la entidad que tiene la responsabilidad de custodiar y administrar el Archivo.
Al tiempo que se obtenían los logros más señalados, el Ing. Alfaro se volcó a la tarea de aprender lo concerniente a la ciencia de la archivología y se dedicó, en sus momentos libres, a la investigación y el estudio, antes de iniciar la labor de organizar y clasificar la documentación del archivo. La etapa siguiente fueron varios años de paciente dedicación al trabajo "de hormiga", como decía el mismo. Fueron años de frustración y sacrificio, durante los cuales el apoyo incondicional que recibió de su cuñada, Lupe Dávila de Alfaro y de su nieta, Silvia Alfaro de López, constituyeron un insustituible aliciente para continuar, en solitario, con la misión que se había impuesto. Luego, con la incorporación de un equipo de archivistas que le ayudaron en la tarea, se pudo acelerar y llevar a feliz término el trabajo de clasificación e informatización del archivo. Entre éstos, se debe destacar la labor de Nelva González, Rita Garcés, Iris Navarro y Maricel González, quienes forman el núcleo del equipo que con amor y dedicación ejemplar acompaña a Iván Alfaro en esta empresa. En la última etapa del proyecto, Leonor Motta, Presidenta de la Fundación Pro-Biblioteca Nacional, junto con Nitzia Barrantes y María Magela Brenes hicieron posible la cataloguización de la biblioteca y Angeles de Castillero, Directora del Museo del Canal y su equipo, ofreció su valioso aporte en la curaduría del museo.
Entre los múltiples méritos que cabría resaltar de esta obra de Iván Alfaro, hay dos aspectos que llaman singularmente la atención. El primero es que semejante lección de amor a su patria la diera una persona que, debido a las vicisitudes de la trayectoria de su padre se alejó de su país natal a la edad de nueve años y, por los avatares de su propia vida, no regresó a vivir en él hasta que se jubiló, 55 años más tarde, luego de una exitosa carrera profesional que lo llevó a vivir en varios países del continente.
El segundo es que Iván Alfaro acometió esta empresa, octogenario ya, en una etapa de su vida cuando lo que normalmente se hubiera esperado de él habría sido que se dedicara a disfrutar tranquilamente de la compañía de hijos, nietos y biznietos, en lugar de iniciar proyectos quijotescos que prometían una buena cuota de sacrificio y sinsabores. Sin embargo, quienes así lo juzgaron no conocían la madera de la cual está hecho este caballero. Iván Alfaro libró la batallamás noble de su vida al buen estilo de otros notables octogenarios de nuestro siglo como Adenauer, Churchil, y De Gaulle, quienes dieron lo mejor de sí mismos en las postrimerías de sus ya fructíferas vidas.
A todos los humanos se les presenta en algún momento de sus vidas el reto de una misión difícil; unos lo evaden y otros deciden enfrentarlo; Iván Alfaro Lyons supo asumir este reto y, al hacerlo, se enalteció y dio una lección ejemplar de cómo se hace patria. Sea éste nuestro testimonio de admiración y gratitud a este hombre excepcional.