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Asombroso giro


Para quienes escucharon, entre octubre pasado y febrero de este año, los discursos incendiarios del presidente Hugo Chávez, resulta inexplicable su llamado reciente a las FARC para que depongan las armas. No es que disguste tal llamado. La región estaría encantada con una situación así. Su convocatoria, sin embargo, lo que produce es un innumerable y curioso cúmulo de preguntas. Cómo es que de la noche a la mañana, después de estacionar 40 batallones de tanques en la frontera de Venezuela con Colombia, y pedir el reconocimiento internacional para las FARC como "fuerza beligerante", ahora le dice obsoleta a la guerrilla.

Entre el incendiarismo de ayer y la moderación de hoy, se ha sucedido un avance considerable de las Fuerzas Armadas de Colombia contra la guerrilla, significativas victorias políticas del estado colombiano contra la insurgencia, y correspondientemente la derrotada a estrategias político-militares de las FARC, que fueron aplaudidas en su momento por el propio Chávez. Así que su convocatoria parece más parte de un plan de repliegue estratégico de la guerrilla que un sincero ofrecimiento de paz. Chávez sólo está cantando loas a la derrota de los irregulares.

101 años de Panamá América

 
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