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Aspaviento de democracia


Ahora, con el resurgir de las protestas públicas protagonizadas por un pueblo que está ya llegando al borde de su resistencia, ha vuelto ha restituirse el tradicional medio de protesta de los panameños que parece contrariar a las autoridades de turno y me estoy refiriendo específicamente al cierre de calles.
La Presidenta de la República, Doña Mireya Moscoso, aparentemente agobiada por los cierres de calle ha declarado, según edición del diario La Estrella de Panamá del 7 de junio, "Que no está de acuerdo con los tranques y que ha dado instrucciones al Ministro de Gobierno y Justicia para que envíe las unidades de Policía Nacional, ya que quienes están cerrando calles lo están haciendo al margen de la ley y que la democracia hay que respetarla". Creo que no hay mayor verdad que la expresada por la Sra. Presidenta, sólo que es el Gobierno Nacional el que no respeta la democracia
No es respetar la democracia cada vez que el Ejecutivo se inmiscuye en los demás "rganos del Estado; no es respetar la democracia cuando las leyes del país se hacen en atención de los intereses de unos pocos; no es respetar la democracia cuando no existe justicia en el país y cuando las leyes no son cumplidas; no es respetar la democracia cuando el Estado, en vez de velar por los intereses de las mayorías, gobierna para unos pocos; no es respetar la democracia cuando el Estado ve el trabajo de los ciudadanos como un privilegio y se abstiene de elaborar políticas económicas encaminadas a promover el pleno empleo y garantizar a todo los trabajadores las condiciones necesarias a una existencia decorosa; no es respetar la democracia cuando el salario mínimo de los trabajadores no es ajustado periódicamente con el fin de cubrir las necesidades normales de su familia y mejorar su nivel de vida; no es respetar la democracia cuando el Estado no desarrolla una política nacional de alimentación y nutrición que asegure un óptimo estado nutricional para toda la población; no es respetar la democracia cuando el Estado no suministra servicios de salud y medicamentos a toda la población y gratuitamente a los que carezcan de recursos económicos; no es respetar la democracia cuando el Estado no desarrolla una política nacional de medicamentos que promueva la producción, disponibilidad, accesibilidad, calidad y control de los medicamentos para toda la población del país; no es respetar la democracia cuando el Estado deja en un total estado de indefensión a los consumidores y apoya políticas que sólo logran una desmesurada escala de los precios de los productos alimenticios; no es respetar la democracia cuando se le dirigen a los funcionarios públicos peticiones y quejas respetuosas de interés social o particular y éstos se abstienen a dar pronta resolución; no es respetar la democracia cuando los impuestos no gravan a los contribuyentes de acuerdo con su nivel de ingreso; no se respeta la democracia cuando el Estado no interviene en las empresas para hacer efectiva la justicia social regulando, sobre todo, las tarifas, los servicios y los precios de los artículos de cualquiera naturaleza, especialmente los de primera necesidad; no se respeta la democracia cuando el Estado no se preocupa establecer un sistema educativo en el que se impartan los valores que permiten el desarrollo de la persona humana y de la familia y se fundamente en principios de solidaridad humana y justicia social.
En fin, aquí pudiéramos pasarnos llenando cuartillas señalando las irregularidades que comete el Gobierno Nacional, lo que constituye flagrantes violaciones a la democracia. Quien realmente actúa al margen de la ley es el Gobierno Nacional y no los ciudadanos que no tienen otro medio de protesta que recurrir a las calles. Y mejor es que atendamos a estos ciudadanos, porque el próximo paso podría ser el levantamiento en armas. Y si no, veamos no más a nuestra querida vecina Colombia. El propio Ministro de Gobierno y Justicia debe saberlo mejor que cualquiera, pues su hermano Hugo, que en paz descanse, participó en varias guerrillas, situación que se da cuando la voz de los pueblos no es escuchada y surge el rugir de la pólvora de las armas.
Las incomodidades que se dan con los cierres de calles, definitivamente son molestosas para los otros ciudadanos, pero a quien hay que culpar por ello no son a los ciudadanos que protestan, sino al Gobierno de turno que no resuelve los problemas de las mayorías. Los que cierran calles no desean perjudicar al panameño común que transita libremente por las calles. Desean llamar la atención de su desesperante situación y ejercer presión al Gobierno Nacional para que cumpla con sus sagrados deberes constitucionales. Más vale que las autoridades nacionales presten atención al pueblo que protesta cerrando calles y no lo empujen a medidas más drásticas como es la guerrilla de lo que todos luego nos lamentaremos profundamente.

101 años de Panamá América

 
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