Aspectos relevantes de la Cumbre
A un año después de cumplirse la primera década de las cumbres iberoamericanas surgen varias preguntas: ¿Qué responsabilidad histórica corresponde a España, que inició el proyecto y cuáles son sus logros?. Los juicios vertidos en las últimas dos reuniones, tanto en la X realizada en Panamá el año pasado, y en la que finalizó el sábado en la capital de Perú, son mixtos, pero inclinándose a lo positivo. La presidenta Moscoso resumió el veredicto oficial en su discurso de apertura de la XI Cumbre cuando felicitó al Rey Juan Carlos por la iniciativa: "No podemos menos que admitir que no sólo ha logrado justificar plenamente el esfuerzo, sino que han transcendido todas las expectativas de sus iniciadores. En estos diez años hemos logrado crear una relación de hermandad y solidaridad como no existe en la comunidad internacional, que ha podido enfrentar con significativos logros problemas acuciantes, atenientes a temas como la educación, salud, la seguridad pública, la producción, en fin, todos aquellos temas que sumados se evidencian en elevados índices de pobreza y marginidad social. Repasar sus objetivos y declaraciones demuestran cómo la temática y los acuerdos han ido incrementándose cuantitativa y cualitativamente hasta crear en toda la comunidad una dinámica institucional de tal magnitud que no sólo ha dado frutos palpables en sus aspectos objetivos, sino que ha permitido una valiosa unidad de criterios que ha dado especial eficiencia y efectividad a las acciones adoptadas".
No todos los veteranos de las cumbres las calificarían en términos tan diplomáticos. De cancilleres he oído comentarios de hastío y "una soberana pérdida de tiempo". "Basta con leer la Declaración de Panamá, y ya sabes exactamente lo que va a decir la "Declaración de Panamá" ironizó uno de ellos. Quizás la apreciación más realista la ofreció Enrique Iglesias, que fielmente asistió todas las cumbres en su calidad de presidente del BID. "No hay duda de que las declaraciones y los comunicados de estas cumbres son de rutina, pero lo realmente importante son los contactos bilaterales y el estrechamiento de las relaciones personales entre los jefes de Estado"
Precisamente para darle un carácter de más eficacia, Toledo, un connotado economista, rediseñó la agenda para realizar la reunión de trabajo de los jefes de Estado a solas y a puertas cerradas, dejando afuera los cancilleres y otros asesores. Dijo que los países de la región enfrentan peligros en el deterioro de las balanzas de pagos, que parecía que ya se habían superado, mientras las exportaciones se contraen, los precios de materias primas se reducen en el mercado internacional y cada vez es más difícil reestructurar las deudas externas e internas. Para ello señaló "hemos rediseñado la agenda para una encerrona de los jefes de Estado, que espero ustedes entiendan la motivación".
En lo político, las cumbres también sirvieron de foro informal para un diálogo entre algunos países con diferendos limítrofes y también de diálogo con el líder cubano Fidel Castro para los gobiernos que aún no tenían relaciones diplomáticas con su gobierno, a veces logrando algunas concesiones, aunque los países amigos de Cuba como México, Colombia, Perú y el propio Panamá no lograron influenciarlo a adoptar las reformas democráticas que algunos esperaban que fueran inspiradas mediante las reuniones informales de las cumbres.
Castro fue, en Panamá, el único líder que se opuso a la aprobación de una declaración de condena a ETA, quedando así aislado en una cónclave que hasta ese momento se destacó por haber logrado adoptar todas las declaraciones resolutivas en las nueve cumbres anteriores por consenso. El corresponsal de El País de Madrid, Fracesc Relea, sostuvo que "Probablemente, nunca el presidente cubano se vio tan aislado en una reunión internacional, ni sus intervenciones fueron tan contestadas, en presencia de la prensa, por dirigentes más jóvenes, como el presidente de El Salvador. Calos Flores...". Por eso fue muy comentado cómo en esta cumbre, en la que Cuba estuvo representada por su vicepresidente Carlos Lages y el canciller Felipe Roque, no planteó ninguna objeción a la declaración contra el terrorismo. Toledo reflejo el sentido de muchos delegados que comentaron la "postura constructiva" de la delegación cubana cuando en su discurso inaugural expresó la solidaridad de Perú para las víctimas del huracán Mitchell que retuvo a Castro en la isla.-Aunque muchos periodistas peruanos y sectores anticastristas aquí atribuyeron la cancelación a la dudosa versión de que el presidente cubano le temía a un enfrentamiento con los escritores Mario Vargas Llosa y Carlos Alberto Montaner. Respondiendo a la prensa, el canciller español, Josep Pique, se vio forzado a declarar que la ausencia de Castro no restaba importancia a la reunión, aunque evidentemente impediría que la cumbre sirviera de ocasión para enderezar las maltrechas relaciones hispano-cubanas.
Cuando en 1989 el Rey Juan Carlos y el entonces presidente de España, Felipe González, propusieron la idea al presidente de México con la idea de realizar la primera cumbre en 1992 en Sevilla para la conmemoración del V Centenario de los viajes del descubrimiento, Carlos Salinas de Gortari, cuyo gobierno tradicionalmente había sido el más renuente de aceptar el protagonismo de España, asintió "siempre y cuando se realizaría una primera cumbre en México", por lo que la primera cumbre se celebró en Guadalajara en 1991. Lo que no ha quedado nada claro es cómo los teóricos de la política internacional logran hacer compatibles los lazos geopolíticos de casi 110 años del sistema interamericano, cuya expresión institucional es la OEA con el sentimiento cada vez más fuerte para conformar lo que llaman la Comunidad Iberoamericana, cuyo secretariado Panamá está ansioso de instalar en la Ciudad del Saber.
"Al comienzo la creación de una comunidad iberoamericana parecía una concepción algo romántica basada en la unidad de la lengua española," comentaba el ex presidente colombiano Cesar Gaviria, secretario general de la OEA, "pero hoy España es el segundo inversor en Latinoamérica después de los EE.UU., así que ha dejado de ser meramente una idea romántica".
No todos los veteranos de las cumbres las calificarían en términos tan diplomáticos. De cancilleres he oído comentarios de hastío y "una soberana pérdida de tiempo". "Basta con leer la Declaración de Panamá, y ya sabes exactamente lo que va a decir la "Declaración de Panamá" ironizó uno de ellos. Quizás la apreciación más realista la ofreció Enrique Iglesias, que fielmente asistió todas las cumbres en su calidad de presidente del BID. "No hay duda de que las declaraciones y los comunicados de estas cumbres son de rutina, pero lo realmente importante son los contactos bilaterales y el estrechamiento de las relaciones personales entre los jefes de Estado"
Precisamente para darle un carácter de más eficacia, Toledo, un connotado economista, rediseñó la agenda para realizar la reunión de trabajo de los jefes de Estado a solas y a puertas cerradas, dejando afuera los cancilleres y otros asesores. Dijo que los países de la región enfrentan peligros en el deterioro de las balanzas de pagos, que parecía que ya se habían superado, mientras las exportaciones se contraen, los precios de materias primas se reducen en el mercado internacional y cada vez es más difícil reestructurar las deudas externas e internas. Para ello señaló "hemos rediseñado la agenda para una encerrona de los jefes de Estado, que espero ustedes entiendan la motivación".
En lo político, las cumbres también sirvieron de foro informal para un diálogo entre algunos países con diferendos limítrofes y también de diálogo con el líder cubano Fidel Castro para los gobiernos que aún no tenían relaciones diplomáticas con su gobierno, a veces logrando algunas concesiones, aunque los países amigos de Cuba como México, Colombia, Perú y el propio Panamá no lograron influenciarlo a adoptar las reformas democráticas que algunos esperaban que fueran inspiradas mediante las reuniones informales de las cumbres.
Castro fue, en Panamá, el único líder que se opuso a la aprobación de una declaración de condena a ETA, quedando así aislado en una cónclave que hasta ese momento se destacó por haber logrado adoptar todas las declaraciones resolutivas en las nueve cumbres anteriores por consenso. El corresponsal de El País de Madrid, Fracesc Relea, sostuvo que "Probablemente, nunca el presidente cubano se vio tan aislado en una reunión internacional, ni sus intervenciones fueron tan contestadas, en presencia de la prensa, por dirigentes más jóvenes, como el presidente de El Salvador. Calos Flores...". Por eso fue muy comentado cómo en esta cumbre, en la que Cuba estuvo representada por su vicepresidente Carlos Lages y el canciller Felipe Roque, no planteó ninguna objeción a la declaración contra el terrorismo. Toledo reflejo el sentido de muchos delegados que comentaron la "postura constructiva" de la delegación cubana cuando en su discurso inaugural expresó la solidaridad de Perú para las víctimas del huracán Mitchell que retuvo a Castro en la isla.-Aunque muchos periodistas peruanos y sectores anticastristas aquí atribuyeron la cancelación a la dudosa versión de que el presidente cubano le temía a un enfrentamiento con los escritores Mario Vargas Llosa y Carlos Alberto Montaner. Respondiendo a la prensa, el canciller español, Josep Pique, se vio forzado a declarar que la ausencia de Castro no restaba importancia a la reunión, aunque evidentemente impediría que la cumbre sirviera de ocasión para enderezar las maltrechas relaciones hispano-cubanas.
Cuando en 1989 el Rey Juan Carlos y el entonces presidente de España, Felipe González, propusieron la idea al presidente de México con la idea de realizar la primera cumbre en 1992 en Sevilla para la conmemoración del V Centenario de los viajes del descubrimiento, Carlos Salinas de Gortari, cuyo gobierno tradicionalmente había sido el más renuente de aceptar el protagonismo de España, asintió "siempre y cuando se realizaría una primera cumbre en México", por lo que la primera cumbre se celebró en Guadalajara en 1991. Lo que no ha quedado nada claro es cómo los teóricos de la política internacional logran hacer compatibles los lazos geopolíticos de casi 110 años del sistema interamericano, cuya expresión institucional es la OEA con el sentimiento cada vez más fuerte para conformar lo que llaman la Comunidad Iberoamericana, cuyo secretariado Panamá está ansioso de instalar en la Ciudad del Saber.
"Al comienzo la creación de una comunidad iberoamericana parecía una concepción algo romántica basada en la unidad de la lengua española," comentaba el ex presidente colombiano Cesar Gaviria, secretario general de la OEA, "pero hoy España es el segundo inversor en Latinoamérica después de los EE.UU., así que ha dejado de ser meramente una idea romántica".