default

Astucia o estupidez


Como vivimos en Panamá, la tierra de nadie, este artículo debería titularlo "Viveza o estupidez", para adecuarlo al lenguaje nacional, tan sencillo y simplón como lleno de extraños términos de incógnito origen, especialmente después de la famosa "gesta octubrina" como se la ha llegado a denominar, hecho relevante de la vida republicana que llenó nuestro idioma de espantosos aderezos de irrisoria sapiencia y muchos bolsillos de auténtico dinero.

Y como a dinero nos referimos, vamos a comentar el último de los brillantes, que no de los diamantes, del sainete nacional. Si yo quisiera comprar seis baterías para linterna, por poner un ejemplo, me voy a alguno de los consabidos minisúper que nos han prodigado los chinos por todo el país. Ahora bien, si lo que deseo es comprar 20 cajas de baterías, lo que dicta la lógica es que me dirija al distribuidor de las diferentes marcas para ver cuál ofrece mejor relación de calidad y precio, así podría comprarlas de la mejor manera. Consecuentemente, si lo que deseo es comprar seis millones de baterías para regalarlas a mis conciudadanos a fin de que las utilicen con las linternas en los muchos momentos en los que la luz brilla por su ausencia (mejor no me ha podido quedar), entonces me voy directamente a los diferentes fabricantes, a sabiendas de que es aconsejable hacer un pedido tan importante en lugares como Alemania, Estados Unidos, Francia u Holanda; adonde estén las mejores y más reconocidas marcas, que me van a dar un precio excelente en relación con una calidad muy superior. Y voy a ahorrar muchísimo dinero, comprando un producto de gran calidad. Claro está, que si quiero fastidiar a mis paisanos, entonces las compro en China, Corea, Vietnam o Mozambique; adonde el precio será aún más económico, pero la calidad incierta, con lo que los expongo a un mal funcionamiento de sus escuálidas linternas, pero ahorraré más dinero que en el hipotético caso anterior y, de paso, quizás obtenga de valor añadido algún producto tóxico que a la larga elimine a algunos cuantos molestos compatriotas, de esos que se quejan por cualquier tontería.

Lo que jamás haría, sería ir a buscar a un avispado jamaicano en Jamaica (que allá es de donde vienen) para que mediante su compañía de importación/exportación sea él astuto mulato el que me compre las baterías. A menos, claro está, que lo que yo pretenda orquestar es alguna presunta artimaña que me permita obtener pingües ganancias y de paso favorecer a mi cómplice. Con tal sencillez y candidez ve cualquier ser racional un asunto tan simple. Lo mismo podría pasar si lo que deseo comprar son televisores, dulces con melamina, caramelos con permicol, jarabe con dietilenglicol o inclusive bombillos, ya que el cerebro se me acaba de iluminar. Tanto así que ahora recuerdo un pregón de los "sabios e ilustres" consejos octubrinos: "El que se aflige se afloja", exactamente como los bombillos que se pueden aflojar.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América