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Asunto de Estado, alerta y colores


No hay aparato que nos permita mensuar el ingenio, el humor y la inventiva popular de los grupos humanos nacionales, regionales o locales. Pero existen conglomerados sociales, grandes o pequeños, que en diversos grados dan muestras colectivas de su originalidad, de sus ocurrencias y de su ingenio, como prendas societarias. No somos expertos en la materia, pero viajes por el extranjero nos han permitido apreciar detalles sobre los particulares mencionados. A este orden de características creemos que también pertenecen fenómenos del lenguaje o del vocabulario, como son los nacionalismos, los regionalismos y los localismos del habla. Valdría la pena que fuéramos un poco más inclinados a la investigación de estas particularidades, en nuestro país, huérfano en estas cosas, como en tantas otras. Pero lo poco que tenemos, espera que lo estudiemos, lo fijemos y contribuyamos a engrandecerlo.
No obstante, sí hacemos ostentación de la copia, como si fuera un lábaro. Es lo que ocurrió, por ejemplo, durante el reinado trágico de Noriega (1983-1989), cuando vimos a nuestros grupos de clase media y popular, agitando pañuelos blancos y sonando cacerolas, todo ello de marca chilena, lo mismo que con el dístico "un pueblo unido, jamás será vencido". Igualmente acostumbramos a quemar banderas nortemericanas, lo que se está convirtiendo en una práctica universal, y muñecos con el nombre presidencial de Reagan, de Johnson, de los Bush, etc. La única originalidad que recordemos, de esa época, fue la de sugerir a Noriega, presentando la célebre cara de piña.
Preferimos la marca nacional sobre estos productos, a la extranjera, porque con ésta desvirtuamos lo propio. El saldo negativo que observamos nosotros, no depende de nuestra pequeñez de territorio o de población. Una de sus causas puede ser, entre otras, que nos falta el chispazo consciente de los humoristas y de los ingeniosos, que pronto se populariza y adquiere dimensión nacional, regional o local.
Busquemos en todo un siglo a esos panameños originales, y el resultado será que no llegan a diez personas. Entre los humoristas encontramos a Julio J. Fábrega, con su frase de que "el panameño sólo toma en serio los carnavales"; o a José D. Crespo, para quien "somos un pueblo de fiesta y siesta"; o a Diógenes de la Rosa, que lo distinguía como "pachanguero y olvidadizo" (palabra primera que fue un cubanismo y que ahora está siendo un regionalismo).
222 Idéntica experiencia advertimos con declarar un "alerta", al suceder algo que calificamos de catastrófico, porque la indiferencia ciudadana bien pronto manda al olvido lo que hemos "alertado"...
Nos va bastante mejor con la poesía y la música populares, esferas en las que contamos con regular cantidad de ejemplos de inventiva y humor. Es el caso del juglar, más o menos olvidado, Pacífico Mejía (Pacheco, por pseudónimo), quien en su magnífica poseía popular, al estilo interiorano, "El Manito en la Ciudad" , escribió:
"Poco a poco me acerqué,
y le dije: ¿Cómo ta?
Me miró medio extrañá
y contestó ¿Guan yu sé?
En cambio, nuestra ausencia de originalidad, como pueblo, que algún amargado motejaría de servilismo, se advierte en la apelación que hacemos de frases o palabras con que caemos en ridículo, al usarlas con crasa impropiedad. Algunas de ellas las hemos utilizado hoy de título, porque se ha hecho costumbre, que será efímera, hablar de que tal cosa debe ser "asunto de Estado", para significar su magnitud y su importancia, que espera atención de todos, sin excepciones. Nadie hace caso de tan tremenda "amenaza" y quien la formula desciende al esnobismo, pues habría podido ahorrarse el consejo general, en el que nadie repara o a quien nadie le importa, ni siquiera cuando lo oye o lo lee.
Idéntica experiencia advertimos con declarar un "alerta", al suceder algo que calificamos de catastrófico, porque la indiferencia ciudadana bien pronto manda al olvido lo que hemos "alertado", simplemente para llamar la atención o llenar una fórmula, porque nada se quiere o se puede hacer. De ello, por su naturaleza, es más difícil percatarse de que hemos hecho el ridículo.
Finalmente, por hoy, rememoramos que en los últimos tiempos difíciles, de inseguridad personal o grupal, con el terrorismo, con el narcotráfico, con los asaltos a mano armada, no dejamos de recordar que en alguna parte debe encenderse una luz verde, roja o no sé de qué otro color, cuando la medida se ha llenado, y pensamos que el simple uso de color, ya es varita mágica, y que la inseguridad o el peligro desaparecerán. Gracias, amable lector, por acompañarnos. No sabemos si hasta la mitad o hasta el fin.

101 años de Panamá América

 
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