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¡Atajemos el holocausto ambiental!


La capa de ozono que protege al planeta de los nocivos rayos ultravioleta no es un trasmallo que pueda repararse a la carrera. El cambio climático, producido por el calentamiento global es, a su vez, consecuencia de los gases tóxicos que van destruyendo paulatinamente dicha capa. Pero lejos de adoptar medidas de mitigación, las grandes potencias, responsables primarias de este desastre, se niegan a firmar acuerdos internacionales (como el Protocolo de Kyoto) que permitan disminuir estas emanaciones tóxicas que a corto plazo alteran el clima global y, largo plazo, amenazan con poner fin a la estabilidad ambiental que ha hecho posible la vida sobre el planeta.
Aquí, en Panamá, el tiempo está revuelto, como dice la gente. Este revoltijo climático ha motivado que diciembre sea una continuación de octubre. La lluvia, además de inundaciones, ha propiciado cuantiosas pérdidas a los agricultores a nivel nacional. Pero en Europa y en otras regiones fue a la inversa. La ONU considera que sólo en Europa estas catástrofes naturales acaecidas en 2003, provocadas en su mayoría por fenómenos climáticos extremos, han costado más de 50,000 millones de euros.
La más dramática y costosa de estas catástrofes fue una ola de calor que azotó el Viejo Continente el verano pasado y que implicó pérdidas materiales (agricultura) evaluadas en más de 8,170 millones de euros y un costo estimado de 20,000 vidas humanas.
"En segunda posición se sitúan las inundaciones provocadas por los ríos Huai y Yangtse en China entre junio y septiembre, que provocaron daños cifrados en más de 6,500 millones de euros y destruyeron además alrededor de 650,000 hogares", según información aparecida en el diario digital El Mundo (11/12/03).
En Estados Unidos, país donde más se envenena el ambiente, los tornados que golpearon el centro-oeste en abril y mayo pasado representan la mayor pérdida para las aseguradoras, con un coste aproximado de 2,450 millones de euros. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud suministra un dato espeluznante: en el 2000 este calentamiento planetario causó la muerte de 150,000 personas en todo el mundo.
Esta alarmante situación debería ser motivo suficiente para que los gobernantes de aquellos países, como el nuestro, que aún poseen una privilegiada biodiversidad luchen para preservarla porque la muerte y la desolación, como buitres, revolotean el cielo tormentoso.
Pero desdichados nosotros, los panameños, que en medio de esta catástrofe ambiental tuvimos la mala idea de escoger como presidenta a una persona irracional, de origen humilde, que sólo piensa en cómo salir adelante con sus caprichos y en cómo, complaciendo a sus lugartenientes, le niega a nuestros hijos y a sus inciertas estirpes el derecho de vivir y multiplicarse en el mismo país y en las mismas condiciones en que nosotros lo hicimos sin el temor de morir bebiendo agua contaminada o calcinados en estos desiertos que otrora fueran vergeles.
La señora presidenta dice con harta frecuencia que el camino de concreto que ella absurdamente llama "ecológico", es para beneficio de la población. Sin embargo, es comentado a "vox populi" que esa población es de tres personas y que ese mismo trío, en Tonosí, en su mismo terruño, ha deforestado mil hectáreas de selva (de una finca adquirida del BNP) para sembrar arroz. Mil hectáreas de selva que se quitan a una provincia que es un peladero, es un crimen ambiental de lesa humanidad.
Es evidente que la señora presidenta no puede o no quiere hacer nada para proteger el ambiente de su región porque, al parecer, cuentan más los intereses o ambiciones personales que los intereses de la colectividad azuerense que, irónicamente, ha estado más desprotegida en esta coyuntura histórica cuando una santeña ocupa el solio presidencial.
Hay muchas reflexiones o conjeturas que podemos hacer en torno a este comportamiento peregrino. Pero como chiricano raizal, como un ser pensante, me pregunto ¿cómo alguien que no ha sido capaz de proteger ni los escuálidos recursos ambientales de su provincia puede convencerme de que este camino de concreto que esta misma persona precipitada llama ecológico, va ser para beneficio de la población de esta provincia, que no es la suya, cuando aquí todos vemos que los primeros que sacan la cabeza a favor de este camino de la muerte son los mismos que, con su complicidad tácita de la señora presidenta, acaban con la escasa biodiversidad que ésta le niega a las presentes y futuras generaciones de su misma provincia?
Por estas y otras razones, pienso que ha llegado la hora de atajar el holocausto ambiental que amenaza a la humanidad. Ha llegado la hora de denunciar cómo a nivel nacional nuestros gobernantes y los políticos corruptos (perdonen la redundancia) coadyuvan a destruir el ambiente, a destruir el país, a destruir el planeta, anteponiendo sus intereses personales al derecho que tenemos todos los panameños de nacer, crecer y multiplicarnos en un ambiente sano, en plena armonía con todos los seres que forman estos portentosos enlaces que hacen posible la vida en este planeta.

101 años de Panamá América

 
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