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Ateísmo, razón y fe


El hombre nació matrimoniado con Dios, dependiente de Dios, unido a Dios. Se trataba de la plena vigencia del antropomorfismo. Luego ese Dios se llama Jehová, Yahvé, y luego Dios hecho hombre, se llama Jesús, el Salvador del Mundo, nuestro Redentor. Con el advenimiento del racionalismo, el hombre empezó a dar muestras de la aparente innecesaridad de Dios y elaboró teorías -antropocentristas- que perseguían cuestionar a Dios en cuanto su existencia.  

En lo jurídico, el racionalismo sentó tesis como: a. El divorcio del Derecho Natural de Dios: distinto a lo que acontecía con la doctrina escolástica en la que la idea de Dios está ligada o conectada con la de Derecho o Ley Natural -existencia de la ley eterna-, para el racionalismo Dios ya no es el centro o la clave del derecho ni de la moral, sino que la razón humana es la fuente creadora y fundamento de toda norma y esa razón es autónoma e independiente, incluso de Dios.

b. La Separación entre el orden moral y el orden jurídico. Esa escisión surge tras la ruptura de lo moral y lo teológico.

c. Importancia de la naturaleza humana empírica como punto de arranque: cada autor o pensador vislumbra en la naturaleza empírica -sensorial si se quiere o carnal o material del hombre- una determinada inclinación a ciertos fines o propósito sobre su existir terreno.

d. Presencia del pactismo o el carácter pactual del hombre: observamos que en el racionalismo jurídico filosófico tanto el Estado como el Derecho y demás instituciones civiles: la familia, las sociedades políticas menores, la iglesia, las asociaciones corporativas, los sindicatos, etc., tienen una aparición merced a la aparición del pacto, contrato o convención social.

e. La construcción del derecho natural por medio de la razón: los racionalistas tienen una profunda admiración en el poder de la razón. De ella emana todo. Ella permite producir ideas, conceptos, tesis, conjeturas científicas y filosóficas.

Lo anterior permite entender cómo la idea de la racionalidad de todas la cosas y del poder fecundo y todopoderoso del nuevo Dios, la Razón, es empleada para explicar cuánto fenómeno surgiera al mismo tiempo que fue permeando la educación, la moral, la ética, la estética, las ciencias naturales, etc.; de modo que el Dios del Sinaí o el Jesús del Calvario nada tiene que hacer en ellas y, en consecuencia, nada tiene que ver ni hacer con el hombre.

Tenemos sociedades y gente divorciadas de Dios, que se jactan y hasta ufanan de decir que "Dios no existe". El solo combatirlo prueba su incuestionable existencia. Dios sigue existiendo a pesar del hombre escaparate.

silguemo@hotmail.com

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