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Atención al llamado del Pastor


La necesidad que la clase política -gobierno y oposición- hagan un esfuerzo por dialogar sobre los problemas nacionales y lograr acuerdos que nos permitan salir de la crisis socioeconómica que experimentamos, ha sido promovida por la jerarquía de la Iglesia Católica. El propio Monseñor José Dimas Cedeño, Arzobispo de Panamá, se ofrece como garante de este diálogo y que los acuerdos que del mismo se deriven, se hagan realidad.
Considero que este esfuerzo de la Iglesia Católica debe observarse como un llamado dramático y urgente ante la situación difícil, crítica, que confronta el país. El bajo crecimiento de la economía panameña, el incremento de la pobreza, el desempleo, el cierre de empresas, la frustración, los altos niveles de corrupción, la violencia en las calles, etc., son temas que deben ser resueltos como propuestas concretas. La Iglesia jerárquica sabe perfectamente que deben abrirse canales de comunicación y diálogo fructífero para que logremos en común, estos acuerdos concretos para hacerle frente a la dura situación del país. Es por ello que el llamado hay que atenderlo antes que sea demasiado tarde y peligre la pacífica convivencia y la vida democrática. La democracia, más que una serie de procedimientos de gobierno, es una bonita forma de vida.
El llamado del Pastor es oportuno, prudente y creo que dramático, porque los niveles de pobreza y el hambre son malos consejeros. Debemos atender el llamado del Pastor. No obstante, el gobierno es la pieza clave en este diálogo. Debe existir la voluntad política de parte de los que ejercen el poder. Lo contrario sería una farsa, un elemento adicional de frustración del pueblo panameño y no creo haya cabida para más promesas incumplidas. Si no existe la voluntad del gobierno de atender el urgente llamado del Pastor y las propuestas de la clase política, de los empresarios y de la sociedad civil, para encontrar el norte que nos lleve a puerto seguro, entonces, mejor no seguir adelante y dejar al país como un "cometa sin rabo" y que la historia los juzgue.

101 años de Panamá América

 
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