Atentado contra la salud
Siempre he sabido que nací para entregar mi vida a la medicina; desde pequeño mostraba dotes de bondad y servicio al prójimo al disfrutar siempre ayudando a los demás: exigencia mínima y preponderante para una futura carrera médica. Desde joven escuchaba la gran fama de la Facultad de Medicina con sus múltiples sacrificios, entre éstos: las innumerables horas de desvelo, la abstinencia a las fiestas y el fuerte régimen disciplinario de estudio; todo esto con un solo objetivo: el ser médico.
Sabía que todos estos requisitos tenían como fin el convertirme en colega de grandes como Galeno, Lister, Koch, Virchow, entre otros: un título con el cual muchos sueñan y que pocos alcanzan, pero sobre todo la satisfacción de poder brindar lo mejor de mí al más necesitado, esa inefable sensación de gozo interior que se percibe al aliviar a un hermano enfermo, al arrancar de él una sonrisa porque supimos consolarlo.
Cuando ingresé con mucho sacrificio a esa increíble Facultad, orgullo nacional, por la cual han pasado grandes pensadores, comprendí que me encontraba ante una especie de sometimiento a un exhaustivo pulimento intelectual, moral y humanitario; una dedicación a una férrea disciplina que me seguiría como sombra por el resto de mi vida. Y es a través de los años que esta enseñanza de servicio a los demás ha sido inculcada por medio de los libros y de las sabias enseñanzas de mis maestros en la Facultad.
El sueño de grandes como Méndez Pereira o González Revilla estaba cumpliéndose año tras año, al brindarle la oportunidad a cualquier panameño sin importar su procedencia social de poder estudiar tan noble carrera, principalmente de obsequiarle a la sociedad un profesional de excepcional talla académica. Y así se ha cumplido a lo largo de cinco décadas, egresando médicos que dejan imborrables huellas en cualquier rincón del mundo en donde se encuentren. Lastimosamente las garras de la avaricia y las ansias de riqueza han tocado desde ya hace un par de años a la noble carrera médica: instituciones privadas que no hacen cumplir con las mínimas exigencias disciplinarias y académicas a sus estudiantes, a las cuales debe ser expuesto el futuro médico, graduando "profesionales de la salud", en una carrera en donde los errores no son perdonados, sin tomar en cuenta las graves consecuencias a las que se expone nuestra ya frágil sociedad.
Tristemente empresarios inescrupulosos, que no poseen el mínimo conocimiento de medicina y el tan necesario sentimiento humanista, se han percatado del "big deal" que representa el, por lo menos, intentar formar profesionales de la salud contando con la aprobación de las autoridades de turno, quienes sin darse cuenta o quizás sin importarle, permiten jugar a la ruleta rusa con la salud de los panameños.
Con todo esto, aún se pretende intentar disminuir la calidad de enseñanza de los estudiantes de medicina de la Universidad de Panamá al querer saturar las salas hospitalarias con estudiantes de estas instituciones privadas, inicialmente del Hospital Santo Tomas y últimamente de la Caja de Seguro Social (CSS), las cuales han servido de santuario de enseñanza clínica a lo largo de 50 años para los estudiantes de la casa de Méndez Pereira. En resumen se produce un deterioro de la enseñanza al sobrepoblar dichos hospitales y se lucra con los bienes del Estado al cobrar grandes sumas de dinero a sus estudiantes, pero utilizando las facilidades que ofrecen estos centros hospitalarios estatales.
En días pasados se interpuso una demanda judicial ante la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia para intentar defender el derecho irrevocable de prioridad que poseen los estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá de rotar por las salas del Complejo Hospitalario Metropolitano Dr. Arnulfo Arias Madrid, no con un fin egoísta y caprichoso, por el contrario, con el principal objetivo de asegurar directamente la salud de los más necesitados al no permitir que con el exceso de estudiantes se interfiera con el adecuado y necesario aprendizaje clínico.
Sólo nos queda confiar en que nuestras autoridades judiciales hagan su trabajo y velen por los intereses del pueblo plasmado en nuestras peticiones. Por el momento seguiremos defendiéndonos de las innumerables injusticias y agresiones a las cuales hemos sido y somos sometidos diariamente por interferir con los intereses económicos de unos pocos; lo más importante en estos instantes será seguir a la vanguardia de la excelencia académica como siempre lo hemos hecho, siendo orgullo de nuestros maestros y de la tierra que nos vio nacer. ¡De seguro Dios estará con nosotros!
Sabía que todos estos requisitos tenían como fin el convertirme en colega de grandes como Galeno, Lister, Koch, Virchow, entre otros: un título con el cual muchos sueñan y que pocos alcanzan, pero sobre todo la satisfacción de poder brindar lo mejor de mí al más necesitado, esa inefable sensación de gozo interior que se percibe al aliviar a un hermano enfermo, al arrancar de él una sonrisa porque supimos consolarlo.
Cuando ingresé con mucho sacrificio a esa increíble Facultad, orgullo nacional, por la cual han pasado grandes pensadores, comprendí que me encontraba ante una especie de sometimiento a un exhaustivo pulimento intelectual, moral y humanitario; una dedicación a una férrea disciplina que me seguiría como sombra por el resto de mi vida. Y es a través de los años que esta enseñanza de servicio a los demás ha sido inculcada por medio de los libros y de las sabias enseñanzas de mis maestros en la Facultad.
El sueño de grandes como Méndez Pereira o González Revilla estaba cumpliéndose año tras año, al brindarle la oportunidad a cualquier panameño sin importar su procedencia social de poder estudiar tan noble carrera, principalmente de obsequiarle a la sociedad un profesional de excepcional talla académica. Y así se ha cumplido a lo largo de cinco décadas, egresando médicos que dejan imborrables huellas en cualquier rincón del mundo en donde se encuentren. Lastimosamente las garras de la avaricia y las ansias de riqueza han tocado desde ya hace un par de años a la noble carrera médica: instituciones privadas que no hacen cumplir con las mínimas exigencias disciplinarias y académicas a sus estudiantes, a las cuales debe ser expuesto el futuro médico, graduando "profesionales de la salud", en una carrera en donde los errores no son perdonados, sin tomar en cuenta las graves consecuencias a las que se expone nuestra ya frágil sociedad.
Tristemente empresarios inescrupulosos, que no poseen el mínimo conocimiento de medicina y el tan necesario sentimiento humanista, se han percatado del "big deal" que representa el, por lo menos, intentar formar profesionales de la salud contando con la aprobación de las autoridades de turno, quienes sin darse cuenta o quizás sin importarle, permiten jugar a la ruleta rusa con la salud de los panameños.
Con todo esto, aún se pretende intentar disminuir la calidad de enseñanza de los estudiantes de medicina de la Universidad de Panamá al querer saturar las salas hospitalarias con estudiantes de estas instituciones privadas, inicialmente del Hospital Santo Tomas y últimamente de la Caja de Seguro Social (CSS), las cuales han servido de santuario de enseñanza clínica a lo largo de 50 años para los estudiantes de la casa de Méndez Pereira. En resumen se produce un deterioro de la enseñanza al sobrepoblar dichos hospitales y se lucra con los bienes del Estado al cobrar grandes sumas de dinero a sus estudiantes, pero utilizando las facilidades que ofrecen estos centros hospitalarios estatales.
En días pasados se interpuso una demanda judicial ante la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia para intentar defender el derecho irrevocable de prioridad que poseen los estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá de rotar por las salas del Complejo Hospitalario Metropolitano Dr. Arnulfo Arias Madrid, no con un fin egoísta y caprichoso, por el contrario, con el principal objetivo de asegurar directamente la salud de los más necesitados al no permitir que con el exceso de estudiantes se interfiera con el adecuado y necesario aprendizaje clínico.
Sólo nos queda confiar en que nuestras autoridades judiciales hagan su trabajo y velen por los intereses del pueblo plasmado en nuestras peticiones. Por el momento seguiremos defendiéndonos de las innumerables injusticias y agresiones a las cuales hemos sido y somos sometidos diariamente por interferir con los intereses económicos de unos pocos; lo más importante en estos instantes será seguir a la vanguardia de la excelencia académica como siempre lo hemos hecho, siendo orgullo de nuestros maestros y de la tierra que nos vio nacer. ¡De seguro Dios estará con nosotros!