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Audi alteram partem


ALTOS personeros del gobierno panameño declararon hace unos días que el Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos "sería el primer acuerdo comercial con regulaciones sobre comercio y seguridad". No han ocultado su emoción visceral al señalar que se trata de "un hito" que marca un precedente para otras negociaciones con Estados Unidos. La prensa internacional registra el hecho destacando que "Estados Unidos logra incluir el componente de seguridad en el TLC". Regina Vargo, jefe del equipo negociador norteamericano, destacó que "es la primera vez que su país intenta incluir el tema en un TLC". Fuentes procedentes de Washington comentan que los Estados Unidos tomaron la iniciativa y presionaron para que se incluyera el componente de seguridad en el TLC. Se ha señalado sin embargo que los Estados Unidos consiguieron que Panamá asumiera los derechos de autor y que fuera Panamá quien se encargara de presentar como iniciativa propia la inclusión del componente de seguridad en el TLC. Se hacen comentarios sobre estos desarrollos después de que el Ministro Ferrer se reunió el 8 de diciembre con altos funcionarios del Departamento de Estado y del Consejo de Seguridad Nacional en la Casa Blanca.
Se ha dado a la publicidad que los funcionarios y negociadores panameños aducen que la inclusión del tema de seguridad en el TLC hará que el TLC "sea más fácil de vender" en el Congreso estadounidense. Ninguna referencia se hace, con igual entusiasmo, a la obligación del Ejecutivo panameño de presentar estos temas tan sensibles a la Asamblea Nacional de Panamá, a la que corresponde su aprobación o inprobación por mandato constitucional. Es evidente que la ciudadanía responsable está consciente de los peligros que entraña para la estabilidad del país asumir compromisos de seguridad en la contratación del TLC, cuyos riesgos es necesario prever para que no nos sitúen como objetivos del terrorismo internacional.
Cuando se navega en una barca con carga pesada lo que más interesa a los marinos es que lo que va y los que van en ella, no provoquen bamboleos y que no hayan olas muy fuertes. Esto es lo que hacen normalmente los que tienen la responsabilidad de conducir "la nave del Estado" cuando las señales no permiten pronosticar tiempo tranquilo.
El Gobierno panameño tiene asuntos en su Programa que constituyen un temario pesado, difícil, duro de realizar. Luchar contra el desempleo, combatir la pobreza, las enfermedades y la corrupción, son temas de obligada consideración en dicho Programa pues forman parte de las urgencias que tiene el país y de los compromisos de campaña del presidente Martín Torrijos, que fueron determinantes para su indiscutible victoria electoral. El presidente Torrijos le dio al país la impresión de que apunta a la ejecución de proyectos (políticos, económicos, sociales, culturales), que una vez realizados serán el zócalo de un Panamá renovado en su empeño de ser un país desarrollado, progresista, en el cual encuentren el debido espacio la justicia y la paz sociales.
En el escenario actual que la gente trata de entender hay quienes dicen que la parte panameña tomó la iniciativa de hacerle el mandado a los Estados Unidos en cuanto a "comprometerse a cooperar en el control de armas de destrucción masiva". Se agrega que el mecanismo de inclusión del tema será "una carta de entendimiento" que se adjuntará al texto del Tratado.
Hasta donde llega mi conocimiento, los periodistas panameños no han tenido acceso al texto de la cláusula que se insertará en el TLC sobre el componente de seguridad ni al texto de la cláusula sobre la cooperación ofrecida por Panamá en el control de armas de destrucción masiva.
En todo este asunto ha prevalecido el secretismo, ya que hasta ahora se ignora el alcance de las cláusulas antes referidas. Paralelamente los trabajadores del Canal se quejan tanto de las malas relaciones laborales con la administración del Canal como de la falta de voluntad del Ejecutivo para escuchar sus reclamos. Una situación similar se ha producido con la marcha obrera contra las posibles reformas a la ley del Seguro Social, que fue reprimida por la Fuerza Pública, sin que los manifestantes alcanzaran a ser escuchados ni lograran entrevistas con el Ejecutivo.
En este último mes del año 2004 estos acontecimientos le han permitido a comentaristas y caricaturistas transmitir un sentimiento de que las reglas del juego siguen siendo las mismas que han contribuido en el pasado al retroceso del país en muchos aspectos. Nos referimos a un sentimiento de que no hay respuestas a las grandes cuestiones ni verdadero debate alrededor de ellas. En otras palabras, empieza a producirse en la ciudadanía el sentimiento de que los marinos navegan con rumbo desconocido para la mayoría y de que la capacidad de los navegantes para afrontar las olas es menos visible que su tendencia al secretismo, a la autoafirmación, a la autosuficiencia, a la autocomplacencia.
No tengo la capacidad para cumplir la difícil tarea de comentar la cotidianeidad que algunos periodistas gráficos suelen resumir con apabullante talento en solo algunos trazos. Soy solamente un ciudadano de convicción republicana que desconfía de las simplificaciones que los personeros oficiales de los gobiernos hacen a veces de cuestiones complejas que repercuten en la vida en democracia.
En las últimas semanas hemos visto actuaciones, que me han parecido tributarias de esa costumbre de simplificar lo complejo. Esto me parece grave por más de una razón. Por otra parte pienso que la acción gubernamental debe cuidarse de no provocar en la mayoría simultáneamente la risa y el descreimiento que causa innecesariamente un decaimiento del poder.
* "Escucha a la parte contraria" (Para juzgar bien se ha de oír a todas las partes).

101 años de Panamá América

 
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