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Auditoría ciudadana


Durante las últimas décadas hemos visto un cambio importante en la actitud de las personas en cuanto al manejo de la cosa pública. Mientras que antes la gran mayoría permanecía apática e indiferente sobre la gestión de los gobiernos, recientemente hemos visto cómo la ciudadanía se está convirtiendo en el guardián de la cosa pública. Ese fenómeno ha asistido grandemente a la labor informativa de los medios de comunicación, los cuales revelan escándalo tras escándalo. Esta experiencia es sana toda vez que redunda en ahorros para el país y que promueve la transparencia.
En general, los gobiernos gravan a la gente en sus salarios, propiedades y transacciones; en fin, la creación de riqueza. Luego, usan esos ingresos para sufragar los gastos e inversiones del gobierno en, entre otros, educación, salud y seguridad. Siempre que perciba que sus impuestos se utilizan para prestarles servicios, la ciudadanía continuará dispuesta a pagar sus impuestos. De hecho, en los países escandinavos, donde los impuestos alcanzan el 60% de los ingresos, los contribuyentes hacen sus aportes sin mayor resistencia, ya que reciben del Estado excelentes servicios, particularmente en los rubros de educación, salud y seguridad.
La diferencia es que en nuestros países, los servicios de este tipo que ofrece el Estado son altamente deficientes. La proliferación en la creación por el sector privado de escuelas y universidades, hospitales y clínicas, así como agencias de seguridad es un claro indicio de que los servicios estatales son considerados insatisfactorios por la población en general.
Por ello, el público está recurriendo a los medios de comunicación para dar a conocer lo que considera son deficiencias o despilfarros del Estado. Por ejemplo, se queja cuando conoce que se gastaron millones en la compra de medicamentos cuando encuentra que es imposible obtenerlos. Y se exalta cuando sabe que su vecino tiene un jugoso contrato de asesoría o consultoría con el gobierno. Los medios de comunicación resultan un canal legítimo para plantear sus disconformidades; amén de que muchos se resisten en pagar impuestos, ya que consideran que los gobiernos despilfarran los escasos recursos.
A los gobiernos y funcionarios no les queda más remedio que resistir el secretismo de antaño y ser transparentes. Aunque esa auditoría ciudadana a corto plazo producirá más escándalos, los cuales los medios estarán obligados a divulgar, a mediano y largo plazo propiciará la responsabilidad en la gestión pública, asegurando que los dineros que recaude el Estado redunden en beneficio de la población.
Seguro estoy que la mayoría estaríamos de acuerdo en llevar a cabo todos estos proyectos de provecho común. Sin embargo, y a pesar del bienestar colectivo que ellos generarían, esta aprobación - de llegarse a dar - se sustentará en múltiples y muy disímiles razones.
(rbermudez@cableonda.net)

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