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Auge y ocaso del populismo nacional


Definiciones las hay por montones. Sus tendencias son varias y su rumbo final hacia la izquierda, o hacia la derecha, es errático. En el populismo las masas se identifican con un caudillo en quien encarnan sus aspiraciones, pero al apoyarlo le delegan la selección de métodos para construir sus sueños, las masas aceptan lo que perciben como conveniente, pero no asumen un protagonismo directo, sino son escenario en el que otros actores deciden su destino. El caso de Omar Torrijos se montó sobre la ola de un creciente protagonismo popular, que tuvo su auge el 9 de enero de 1964. Esas masas identificaron que para alcanzar bienestar y dignidad era necesario recuperar el patrimonio nacional y liquidar el enclave colonial.

El torrijismo original recogió las expresiones del clamor social y las encuadró en un Programa Mínimo de Liberación Nacional. Aunque nunca fue reconocido tal nombre, eso era el ideario torrijista. Aquí comienza el sesgo de un programa acertado. Las masas sienten que es adecuado, pero lo identifican con el nombre del líder y terminan perdiendo la referencia de los elementos del Programa Mínimo y en consecuencia pierden la capacidad de efectuar una contraloría de su ejecución y permanencia.

Los elementos constitutivos del PMLN eran: perfeccionamiento de la independencia; intervención del Estado en la economía, como regulador y productor de servicios infraestructurales; y promoción social. Esta se pretendía mediante la organización comunitaria, la salud y la educación. La educación se reconocía como facilitadora de la movilización social ascendente, que era reclamada en un país con compartimientos sociales estancos, venidos de una división original ente "los de afuera y los de adentro". La movilización social requerida era la del conjunto poblacional, no la individual. Este espejismo del ascenso social mediante la educación es el único reclamo social sobreviviente del torrijismo original, pero recortado como promoción individual.

Con la firma de los Tratados Torrijos-Carter empieza la introducción de conceptos neoliberales ajenos al Programa Mínimo inicial. Este engendro creció amparado por la sombra del árbol populista. La invasión posibilita la formalización de la retractación del torrjismo en lo que le quedaba de programa mínimo liberador. La independencia, mediatizada por el Tratado de Neutralidad, fue remachada por los convenios complementarios. El papel estatal en la economía sepultado por las privatizaciones y las desregulaciones. La promoción social estancada: La educación con 30 años de retraso; la salud igual; las comunidades prostituidas en el clientelismo circuital. Queda la ilusión del ascenso mediante la educación. Este fenómeno ideológico Wallerstein lo identifica como el liberalismo de los que pretenden ocupar el poder porque están calificados para hacer lo mismo, pero mejor. Con esta ideología la serruchadera rebaja la política cotidiana y los enfoques de clase y nación, que son estratégicos y objetivos, son sustituidos por los de casta y cuna, que no promueven la comprensión de los retos sociales.

101 años de Panamá América

 
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