Aumento de matrícula universitaria
Los grupos universitarios otra vez se oponen al aumento de la matrícula, cuyo importe es de apenas B/27.50 por semestre, la cual no ha variado en años. La idea es iniciativa del nuevo rector, Gustavo García de Paredes, quien busca desesperadamente alternativas para aliviar a la Universidad de Panamá de su actual asfixia económica.
Igual que ocurre con el Seguro Social, la visión de los grupos estudiantiles no es capaz de advertir la gravedad del problema financiero que atraviesa la entidad, lo cual - en ambos casos - puede provocar su quiebra y cierre. Paralelamente, en los dos hechos, tienen la equivocada idea de que, en la peor de las situaciones, la mano salvadora del Estado vendrá al rescate de uno u otro modo. Eso es equivocado.
El Estado está demasiado ahogado en su incapacidad para manejar sus propias deudas como para ocuparse de las ajenas, esto es de sus entidades autónomas llamadas a afrontar sus obligaciones con sus ingresos y patrimonios que les han sido asignados. Sólo para que tengamos idea, el 65% de todos los ingresos corrientes (rentas, impuestos) está comprometido con el pago de la deuda (casi todo a intereses) y el exiguo 35% restante al pago de planillas y funcionamiento, quedando casi nada para inversiones y menos para salvar a la Universidad y al Seguro Social.
Parte también de la misma visión miope del problema es circunscribir su solución al control de gastos (reduciendo horas de servicio, despidiendo personal, apagando luces, cortando contratos, etc.), por la sencilla razón que tales medidas de ahorro son insuficientes para salvar a la Universidad. Para ello es menester, además - y a eso apunta la iniciativa del rector- aumentar los ingresos de la institución en los rubros de autogestión, servicios varios, incluyendo matrícula.
De esa forma, atinadamente, García de Paredes propone como primer paso aumentar el costo de matrícula de las maestrías, de los estudiantes extranjeros, los que cursan segunda carrera y los reprobados. El incremento, pues, no afectaría a los alumnos regulares. A esta propuesta, la oposición estudiantil apunta - con razón- a que el aumento que así se registre tampoco alcanzará para nivelar la precaria situación de la Universidad. Siendo así, volvemos a sugerir un aumento general del costo de matrícula a nivel razonable, combinado con la aplicación de un sistema de becas, subsidios y préstamos para estudiantes que comprueben incapacidad para hacer frente a los nuevos costos.
No tenemos duda que con un aporte adicional de sus estudiantes, la Universidad de Panamá puede solventar su situación financiera al igual que hace el sinfín de otros centros de enseñanza superior que conviven con ella en nuestro medio, en los que cursan estudios miles de otros panameños de modestos ingresos que hacen su esfuerzo para dotarse de una educación que estiman mejor y cuyo sacrificio debiera servir de ejemplo a sus colegas estudiantes de las universidades públicas.
Igual que ocurre con el Seguro Social, la visión de los grupos estudiantiles no es capaz de advertir la gravedad del problema financiero que atraviesa la entidad, lo cual - en ambos casos - puede provocar su quiebra y cierre. Paralelamente, en los dos hechos, tienen la equivocada idea de que, en la peor de las situaciones, la mano salvadora del Estado vendrá al rescate de uno u otro modo. Eso es equivocado.
El Estado está demasiado ahogado en su incapacidad para manejar sus propias deudas como para ocuparse de las ajenas, esto es de sus entidades autónomas llamadas a afrontar sus obligaciones con sus ingresos y patrimonios que les han sido asignados. Sólo para que tengamos idea, el 65% de todos los ingresos corrientes (rentas, impuestos) está comprometido con el pago de la deuda (casi todo a intereses) y el exiguo 35% restante al pago de planillas y funcionamiento, quedando casi nada para inversiones y menos para salvar a la Universidad y al Seguro Social.
Parte también de la misma visión miope del problema es circunscribir su solución al control de gastos (reduciendo horas de servicio, despidiendo personal, apagando luces, cortando contratos, etc.), por la sencilla razón que tales medidas de ahorro son insuficientes para salvar a la Universidad. Para ello es menester, además - y a eso apunta la iniciativa del rector- aumentar los ingresos de la institución en los rubros de autogestión, servicios varios, incluyendo matrícula.
De esa forma, atinadamente, García de Paredes propone como primer paso aumentar el costo de matrícula de las maestrías, de los estudiantes extranjeros, los que cursan segunda carrera y los reprobados. El incremento, pues, no afectaría a los alumnos regulares. A esta propuesta, la oposición estudiantil apunta - con razón- a que el aumento que así se registre tampoco alcanzará para nivelar la precaria situación de la Universidad. Siendo así, volvemos a sugerir un aumento general del costo de matrícula a nivel razonable, combinado con la aplicación de un sistema de becas, subsidios y préstamos para estudiantes que comprueben incapacidad para hacer frente a los nuevos costos.
No tenemos duda que con un aporte adicional de sus estudiantes, la Universidad de Panamá puede solventar su situación financiera al igual que hace el sinfín de otros centros de enseñanza superior que conviven con ella en nuestro medio, en los que cursan estudios miles de otros panameños de modestos ingresos que hacen su esfuerzo para dotarse de una educación que estiman mejor y cuyo sacrificio debiera servir de ejemplo a sus colegas estudiantes de las universidades públicas.