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Aumento del salario mínimo


Los sindicatos obreros procuran que el gobierno apruebe un aumento de B/.0.92 en el actual salario mínimo que ahora está en B/. 1.08 la hora. De darse el incremento, el salario mínimo alcanzaría los B/. 2.00 la hora, lo que equivaldría a un aumento de 85% en un año, tomando en cuenta que la ultima revisión tuvo lugar el año pasado.
¿Tendría el pretendido aumento de 85% algún sustento en el costo de la vida o en el incremento de los ingresos totales del país, en la forma de Producto Nacional Bruto? La respuesta es negativa. Un reciente informe de la Contraloría General registró en 1998 un aumento del índice de precios al consumidor de solo 0.6%, mientras que una prestigiosa empresa bursátil anticipó a inicios de año para 1999 un 2% de inflación.
Evidentemente, una de las ventajas de la dolarización es mantener la inflación, o sea, el aumento del costo de la vida, bajo control, lo que no ocurre en la mayoría de las economías del resto de la región. Aquí, muy raras veces la inflación excede el 2% anual, lo que incluye el costo de la canasta básica aun colocándola unas décimas sobre los cálculos oficiales.
Admitimos, no obstante, que se han incrementado sustancialmente los costos de ciertos bienes y servicios específicos, no incluidos en la canasta básica. Ese es el caso de los servicios de salud, educación, vivienda y teléfono, entre otros. Pero en promedio, no alcanzan la tasa de 85% del pretendido aumento. El costo de la vida, pues, no sirve de sustento al incremento del salario mínimo en la magnitud que se persigue.
Por otra parte, el crecimiento del Producto Interno Bruto tampoco apoya la pretensión. Los cálculos más optimistas iniciales estimaban que la economía nacional podía crecer este año en 5%, que no guarda relación alguna con el 85% de aumento en el salario mínimo en cuestión. De allí que asista plena razón a los negociadores del sector privado cuando señalan que cualquier aumento de salario tiene que basarse en un correlativo incremento de la productividad, porque tal no puede darse en el vacío.
Otro problema es el peligro inflacionario que conllevaría un aumento salarial de gran magnitud. Porque al ser forzadas las empresas a elevar sus costos, lo primero que harán es transferirlos al consumidor, con lo que a la postre resultará en una victoria pírrica, cuando el ajuste de los precios termine por consumir el aumento de sueldo, sin que haya vuelta atrás.


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